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El nombre de Jesús

“Jesús” es un nombre castellano de género masculino y de origen hebreo. En el siglo I, en Judea, el idioma que se hablaba, en cambio, era el arameo con lo que el nombre “Jesús” no existía, a no ser Yeshúa (ישׁוע), de origen hebreo y que significa «Yahvéh es Salvación» y por lo tanto con el Tetragramaton[1] en su composición.

Si aceptamos Yeshua como el nombre de Jesús ya que es el que más se le parece, se pronunciaba Iēsoûá (Ιησουα) en griego y posteriormente Iesú(a) en Latín de donde deriva el castellano Jesús. Sin embargo, tal vez no fue “Yeshua” como se llamó Jesús sino Ieshua que se convirtió en Ioshua y este en Josué, nombre ya prácticamente en desuso pero muy popular en inglés (Joshua).

Existe la duda de que sean el mismo nombre ya que los israelíes que tradujeron la Biblia al griego, la conocida Septuaginta, el Libro de Josué lo tradujeron como Libro de Iesous, por lo que Jesús pudiera derivar de este nombre griego lo que significa que tal vez Jesús de Nazaret se llamó en realidad Josué, un nombre común entre los semitas quienes, en cambio, no conocían el nombre “Jesús”.

En cualquier caso “Jesús” significa “Dios salva” o “Dios con nosotros” y es posible que los evangelistas o los cronistas cristianos que recopilaban las historias en torno al fundador de su Iglesia, le pusieran ese nombre al pretendido mesías judío para diferenciarle del emperador Vespasiano que quiso adueñarse de ese “título” cuando entró triunfante en Judea como haría cuatrocientos años antes Alejandro Magno en Egipto proclamándose faraón. En este sentido, los evangelistas quisieron dejarles las cosas claras a los judíos para que no se confundieran o probablemente a los gentiles, esto es, los no judíos porque a fin de cuentas Judea estaba siendo literalmente arrasada por los romanos en el año 70 con lo que resulta perfectamente lógico dudar que consideraran al césar romano un salvador, más bien un castigo de Dios.

Pero si hemos dejado claro que “Jesús” es una castellanización de Iesous o de Josué, tal vez de Yeshua, entonces los evangelistas no pudieron ponerle ese nombre a su mesías en el siglo I.  De hecho, Mateo no le llama Jesús, sino «Emmanuel». Incluso, ya en época bizantina, cuando el emperador Justiniano, considerado el verdadero último césar romano[2], menciona a Jesús, sin duda es la derivación griega la que utiliza en su obra legislativa recogida en el Digesto y posteriores recopilaciones: “En el Nombre de Nuestro Señor Jesús empezamos todas nuestras deliberaciones”.

En la Carta a los Filisteos de San Pablo, en su capítulo dos, se dice: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos”, claro que de nuevo me remito a la posible traducción del griego con lo que no creo que se tratara de “Jesús” sino de “Iesous” puesto que los idiomas hablados en época de Pablo eran el arameo y el griego Koiné o helenístico, este último utilizado sobre todo en transacciones comerciales como el inglés en la actualidad siendo también la lengua en la que se entendían los romanos con los sirios o los hebreos, como ocurre hoy en día cuando te desplazas a un País donde no hablan tu idioma, utilizando en ese caso como primera opción el inglés ya que es el idioma internacional por excelencia en los tiempos actuales

El monograma IHS que portaban los soldados romanos de Constantino y posteriores pudiera significar “Iesu Hominum Salvator” (Jesús Salvador de los Hombres) pero también “In Hoc Signo” (Con este Signo) que es lo que probablemente indicaba ya que el emblema en realidad era IHSV (In Hoc Signo Vinces – Con este signo vencerás), que cuenta la leyenda apareció en los cielos justo antes de una batalla del emperador Constantino, pero en cualquier caso hablamos de un hecho acaecido en el siglo IV, muy posterior a la época de Jesús de Nazaret.

Por otro lado, “Jesús” con “j” no se pronuncia hasta hace tan solo 500 años o poco más, cuando las lenguas romances se extienden desplazando al latín puesto que en la lengua de los romanos no existía la “j”, pero tampoco en griego o hebreo.

De todos es conocido el siguiente párrafo: “Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios (Dios). Y he aquí que tú concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (Lucas 1:30-31). Pero ya hemos visto que esto no pudo ocurrir así porque María, lógicamente, hablaría en hebreo, el idioma de sus antepasados y el suyo propio, el que se hablaba en su tierra, el lugar en que vivía, así que el ángel Gabriel debió decir, en todo caso “Yahshua”, no Jesús.

“Y cuando habían caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, por qué me persigues? Te lastimas al dar coces contra el aguijón (Hechos 26:14). “ En este versículo se  nos cuenta la fabulosa conversión de Pablo al cristianismo pero a nosotros nos interesa más el siguiente versículo: “¿Quién eres, Señor?” El Mesías respondió: “Yo soy Jesús,  a quien tú persigues” (Hechos 26:15)

Necesitamos saber quién fue Pablo para comprender que tampoco a él, quién se le apareciera (un ente divino, un ángel, una visión producto de su imaginación o lo que cada cual quiera creer), pudo decirle que se llamaba “Jesús” sino probablemente “Yahshua”.

El propio nombre del que ha trascendido a la Historia como “Pablo” no es tal sino Saulo, nacido en Tarso o Tarsos (se puede decir de ambas maneras), según algunos autores en el año 3 y otros entre el 5 y el 10, muerto en el año 67 en la capital del Imperio Romano, la mismísima Roma. Pablo fue su nombre latino.

Actualmente Tarso es una ciudad denominada Taorus o también Tarsus, en el sur de Turquía, con 70.000 habitantes que vive del turismo, vendiendo que fue la ciudad natal de San Pablo y donde vivió antes de su apostolado. También exporta maíz, algodón, lana, pelo de cabra, pieles, cera y cobre pero para nada refleja la grandeza de la importante ciudad que fue en la Antigüedad, con 300.000 habitantes y capital de la Cilicia, quedando solo una gran estructura de lo que fue una vez un templo primero griego y después romano y poco más cuando en la Antigüedad y a través del río Cidno llegaban los barcos con mercancías y las caravanas paraban en la ciudad pues era cruce de rutas comerciales.

Salmanasar III, rey de Asiria, cuando se encontraba en el auge de todo su poder, conquistó Tarso en el siglo IX a.C. con lo que ya entonces figuraba como un enclave de cierta importancia comercial pues interesaba a los asirios dominarlo para de este modo controlar el comercio de la zona. Cuatro siglos después sería saqueada por Ciro de Persia y posteriormente caería en manos de Alejandro Magno, momento en que comenzaría su helenización que llegaría a ser intensa. Ya en el siglo I a.C. pasaría a formar parte del Imperio romano y con Augusto se convertiría en una ciudad que gozaba de un estatus especial de libertad que desarrolló las artes y las ciencias pero en especial la filosofía rivalizando con Atenas y Alejandría.

Aquí vivió Saulo o mejor decir San Pablo, como más se le conoce. Su familia tenía un taller que fabricaba uno de los productos estrella de Tarso, el cilicio, una tela que por su robustez resultaba idónea para las tiendas de los comerciantes que tanto viajaban acampando en las ciudades de las rutas comerciales.

La religión era politeísta pero Pablo es un judío romanizado y por lo tanto solo cree en un Dios. Sin duda estuvo imbuido de las corrientes filosóficas que se estudiaban en los centros de pensamiento y Academias que hicieron famosa a la ciudad en todo el Mundo antiguo, es más, destacadas e insignes personalidades romanas la habían visitado quedando prendadas de ella, como el gran Julio César; de hecho, la ciudad también se llamaba “Juliópolis” en honor a Julio César.

El nombre “Shaul” o Saulo significa “implorado”. Al ser ciudadano romano, adquiere también el nombre de Paulo (su cognomen latino[3]) y resulta curioso que él quisiera que se le llamara así y se le conociera con ese nombre, no con el de Saulo, puesto que de esta forma le resultaba más sencillo llevar su evangelio a los gentiles (griegos y romanos).

Por supuesto, Paulo visitaría Jerusalén, corazón de la cultura judía pero llegó allí con su formación griega adquirida en los centros de estudio y pensamiento de Tarso.

Volviendo al argumento con el que inicio este artículo, que el nombre “Jesús” no existía en la época de los fundadores del cristianismo, Pablo hablaba tanto en griego, como arameo y hebreo, esta última lengua la perfeccionaría en Jerusalén, durante la adolescencia, época de su vida en la que fue enviado a esa ciudad por sus padres. Ya hemos explicado que en  ninguna de esas lenguas existía la “j” o el nombre “Jesús”, con lo que el versículo anterior en el que el mesías le dice que se llama Jesús no puede ser verdadero sino probablemente un añadido posterior.

Cuando Pablo conoce a los apóstoles de Cristo debió quedarse bastante perplejo: cómo podían aquellos incultos y medio analfabetos pescadores ser los discípulos más destacados del Salvador de la Humanidad, el Hijo de Dios, como predicaban ellos a todos los judíos de la época y esta apreciación que sin duda tuvo, teniendo en cuenta la educación de Pablo, es importante para cuando analizemos más a fondo su figura.

No sabemos por qué Pablo perseguía a los primeros cristianos, tal vez porque como ciudadano romano procedente de una importante ciudad y conocedor de varios idiomas además de poseer una importante base académica, accedió a un puesto de relevancia en la Administración romana de Judea, persiguiendo a las sectas que atentaban contra el poder romano. Para que nos hagamos una idea, algo similar a lo que EEUU hace en la actualidad: los norteamericanos son el Imperio Romano de hoy en día y persiguen a grupos terroristas por todo el Mundo que pudieran atentar contra intereses de su País los cuales abarcan todo el globo terráqueo. En el siglo I, Roma era la gran superpotencia y no permitía que secta alguna atentara contra sus intereses por lo que contaba con “agentes” que perseguían esas creencias pero principalmente su actividad insurgente.

¿Qué pudo ocurrir para que Pablo cambiase de bando? Si es que lo hizo. El caso es que acabó convirtiéndose en miembro de una de esas sectas judías a las que perseguía: los cristianos. Tal vez el martirio de San esteban, el primer mártir cristiano, en cuya ejecución Pablo participó, le impactó de tal modo que acosado por su cargo de conciencia ante lo que había hecho decidió dejar de perseguirles y convertirse en cristiano, un modo, digamos, de limpiar su conciencia. O sencillamente su mentalidad filosófica y el entrar en contacto con esas líneas de pensamiento le hicieron reflexionar e idear una nueva corriente inspirada en el protocristianismo. Es algo que ignoramos pero, de repente, Pablo se convierte según parece después de que se le aparezca el mismísimo Jesucristo en persona camino de Damasco.

Ahora bien, me inclino por pensar que también se trata de una interpolación o añadido posterior ya que insisto en que jamás pudo oír ninguna voz que le dijera que se trataba de Jesús puesto que ese nombre no existía. Si dicho nombre no comienza a utilizarse, realmente, hasta el siglo XIV, como muy pronto, es de esa época cuando algún autor eclesiástico introdujo la referencia para explicar por qué Pablo se convierte al cristianismo y el por qué la Iglesia decide hacer algo así solo me inclina a pensar que tenían en su poder documentos y las famosas epístolas de Pablo en las que la historia que cuenta sea muy diferente a lo que nos ha llegado, tal vez ni siquiera mencione a Jesús sino que Pablo decidiera crear una religión nueva por su cuenta, pero esto es otra historia que abordaremos en otro capítulo de este dossier.

Sigamos ahora con lo que nos ocupa: el nombre de Jesús.

INRI, ese popular título de los crucifijos que figura sobre Cristo son las siglas de “Iesus Nazarenus, Rex Iudaeorum” pero esto es una derivación del latín, como decíamos al principio aunque ya se puede ver aquí como no se utiliza la “j”[4], porque no existía así que volvemos al nombre Ieshoua, que era el original hebreo, como probable nombre que figuró en la cruz o tal vez los romanos lo transcribieron, de manera errónea, como “Iesus”. No es difícil imaginar la escena: los soldados romanos, un poco hartos de su trabajo y del lugar en el que estaban destinados, donde no se les acogía precisamente de manera familiar ni hospitalaria, lo que menos ganas tenían era de ser exactos en los títulos que a modo de burla ponían en algunas cruces para los reos de muerte, por lo que si preguntaron cómo se llamaba el desgraciado al que se proponían crucificar en aquella ocasión y le respondieron Ieshoua, ellos que no dominaban el hebreo lo tradujeron como lo más perecido a su lengua que encontraron, todo de modo muy rápido: Iesus.

¿Pero qué significa realmente el nombre hebreo Yahshua[5]?  

Comentaba antes que el nombre hebreo es Yehshua, sin embargo el original es Yahshua, lo que ocurrió es que se cambió la “a” por “e” como artilugio dialéctico para evitar pronunciar el nombre de Dios. Un recurso judío para impedir que se asocie a Jesús, mesías cristiano que no judío, con el Hijo de Dios ya que para la religión judía aún no ha venido el Mesías ni Dios tiene ningún Hijo sino que es UNO e indivisible. De este modo, Yahshua, que significa “Yaveh es Salvación” cambia a Yehshua, prescindiendo de pronunciar el nombre de Dios o su abreviatura “Yah”. Claro que esta es una explicación no aceptada de modo general por lo que se coge con pinzas. La versión más extendida de esta interesante investigación etimológica es que en la traducción del hebreo al griego se cambió la “a” por “e” y a su vez en la transcripción posterior al latín y evolución romance del Medievo, el nombre sufrió nuevas transformaciones hasta llegar al actual “Jesús”.

Un detalle curioso: Yahshua o Yehshua es un nombre femenino plural (algo así como “nuestra salvación” refiriéndose a Yaveh que ya hemos aclarado lo que los sabios judíos ingeniaron para evitar pronunciar su nombre pero se refiere a Yaveh). Al traducir al griego y posteriormente al latín, se añade al final del nombre “ous” convirtiéndolo en masculino singular ya que pasa a significar algo así como “salvador”. Con respecto a las letras intermedias “sh”, no existen en griego por lo que se tradujeron como “s” tan solo, prescindiendo de la “h”, quedando finalmente “Iesous” o (en latín) Iesou.

A Jesús se le conoce también como Emmanuel (Mateo 1:23) que significa Dios con nosotros  por lo que probablemente sea una denominación que indica que siempre estará presente en nosotros o con nosotros pero no es un nombre en sí mismo. Es por lo tanto un nombre simbólico que Mateo recoge de la tradición ya que el profeta Isaías anunció siglos atrás: Por consiguiente el Señor le dará una señal: Una virgen dará nacimiento a un hijo, y lo llamará Emmanuel (Isaías, 7:14)[6]. Sin embargo, con casi toda seguridad, en aquella época, nadie llamaba a Jesús de ese modo, Emmanuel.

No hablaremos en este artículo de “Cristo” porque evidentemente no era su nombre sino un título posterior que significa “ungido”.


[1] El nombre de Yavé, Yahwé o Jehová, Dios de Israel, representado en una grafía de cuatro letras hebreas. Para los hebreos como para otros pueblos del Próximo Oriente antiguo todo lo que no tenía nombre, sencillamente, no existía por lo que era necesario darle un nombre a Dios que en realidad es “elóh·ah” y su plural “elohím”, dando a entender que todos los dioses son Uno y ese Uno es el Dios de los judíos. Para el siglo IV de nuestra era, Jerónimo, en su prólogo a los libros bíblicos de “Samuel” y “Reyes”, dice que:  “… hallamos el nombre de Dios, el Tetragrámaton, en ciertos volúmenes griegos aun en la actualidad expresado con las letras antiguas…” pero lo cierto es que se trata de una continua derivación etimológica que aparece como Jehwah por primera vez en el siglo XI, en el Códice de Leningrado mas la verdad documentada es que el nombre de Dios era conocido en Siria, Mesopotamia y Canaán ya en el segundo milenio a.C. y sobre todo en el primero, por lo tanto antes y después del establecimiento de los israelíes en Palestina, de hecho existía un dios Yah en la antigua Ebla. Yahvéh, con los siglos, derivó en Jehová aunque las dos formas han coexistido manteniéndose hasta la actualidad. 

[2] Los emperadores de Constantinopla se hacían coronar como emperadores de los romanos.

[3] Se trata del equivalente romano del segundo apellido actual que llevamos los latinos y que entonces solía hacer mención a características físicas. “Paulo” significaba “el pequeño” y por lo tanto San Pablo pudiera haber sido el menor de sus hermanos o sencillamente bajo de estatura; teniendo en cuenta que él prefería que se le llamara Paulo, no Saul, es probable que fuese lo primero (el menor de los hijos de sus padres).

[4] Hay versiones en contra de la inexistencia de la “j” en los idiomas de la Antigüedad alegando que el egipcio si contemplaba la “j” en sus ideogramas pero no debemos olvidar que la escritura jeroglífica está basada en un sistema mixto ideográfico-fonético con lo que desde luego existía el fonema /x/: pero no la letra “j”.

[5] Yahshua sería el verdadero nombre hebreo de Jesús según algunas tradiciones

[6] Se está extendiendo la versión de que Isaías nunca dijo que un niño nacería de una virgen sino de una mujer joven ya que probablemente hubo un error de traducción, de nuevo al trasladar el hebreo al griego.

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Josef Mengele

Josef Mengele formaba parte de una familia de religión cristiana católica en la que casi todos sus miembros eran apasionados del arte. Él mismo gustaba de contemplar obras de artistas destacados o asistir a conciertos de música clásica y aún así se convirtió en uno de los peores criminales de la Historia.

Nació en una fecha de recuerdo nefasto para cientos de personas: un once de marzo, como su propia existencia lo fue para miles de hombres y mujeres que cayeron en sus manos. Es curioso como las fechas acaban asociándose antes a sucesos que a hechos agradables, por ejemplo, el once de marzo al peor atentado terrorista de la Historia de Europa olvidando que también fue un once de marzo cuando se estrenó la grandiosa obre de Verdi “Rigoletto” o, 126 años después, Adolfo Suárez, presidente del Gobierno español, concedía una amnistía general a los presos de la dictadura franquista, en un alarde de valentía pocas veces igualado.

De profesión médico, el conocido como “ángel de la muerte” sigue siendo estudiado por parte de historiadores, antropólogos, sociólogos, criminólogos, psiquiatras y psicólogos; ¿como una persona de alto nivel académico y una cultura amplia se convierte en un monstruo de las características de Mengele?, un verdadero psicópata que en cambio siempre estuvo convencido que realizaba una gran labor para el progreso de la Humanidad.

Tal vez antes de adentrarnos en la odiosa figura de Mengele debiéramos explicar lo que realmente es un psicópata.

En ocasiones llamamos sociópatas a los psicópatas. Lo cierto es que son dos denominaciones para el mismo significado, estribando la diferencia en quienes hablen de ello: a los sociólogos les gusta utilizar el término “sociópata” ya que opinan que los factores sociales influyen de algún modo en la conversión de esa persona en un asesino o ser antisocial aunque también pudiera referirse a que, sencillamente, tienen fobia hacia la sociedad. Los psiquiatras en cambio creen que es más acertado decir “psicópata”, ya que no es algo adquirido sino muchas veces heredado por vía genética, esto es, forma parte de su personalidad, lo que desde luego no justifica sus crímenes, pero conociendo el origen del mal es como mejor podemos combatirlo.

Existe un debate sobre ello puesto que no todos opinan que los sociópatas y los psicópatas sean lo mismo. La diferencia podría ser el límite entre pura maldad o enfermedad mental.

Mengele se convirtió en un experto de la tortura. Para él, los judíos (en su mayor parte experimentó con personas de religión judía, en el campo de concentración de Auschwitz) eran simples cobayas con las que llevar a cabo experimentos. Su objetivo: descubrir la vía natural para conseguir seres humanos perfectos que conformaran la raza aria.

La familia Mengele ha tenido que arrastrar el deshonor de que Josef fuera uno de ellos pero lo cierto es que se trata de un clan respetado desde hace décadas en la región alemana de Bavaria gracias a la empresa de maquinaria agrícola fundada por el padre de Josef, Karl Mengele y que daba trabajo a cientos de vecinos del lugar. Su hijo, después de visitarle en su refugio brasileño, donde permanecía escondido, diría años después que odiaba lo que su padre hizo (las pruebas eran contundentes), pero no dejaba de ser su padre y quería creerle cuando decía que nunca utilizó a seres humanos como cobayas sino en beneficio de la ciencia.

En el período de entreguerras, Alemania se había convertido, a pesar de su derrota en la Primera Guerra Mundial, en un País avanzado, siendo Berlín una ciudad refinada donde confluían los más brillantes científicos del momento y la cultura florecía como ocurre también hoy en día (siglo XXI).

Una ciencia cautivó al joven Mengele: la eugenesia, cuyo objeto es el estudio teórico y práctico de los medios capaces de proteger y perfeccionar a los individuos más robustos y mejor dotados de las razas humanas y su nombre proviene de “eu” (bien) y “génesis” (nacimiento). Pudiéramos decir que el padre de la eugenesia fue un primo de Darwin llamado Francis Galton, quién publicó en 1887 “Leyes típicas de la Herencia”.

Algunos defensores de la eugenesia se agarraban a que sus principios son tan antiguos como la Humanidad misma ya que se basan en seleccionar a los más dotados físicamente para acabar conformando una super raza, como ocurría en Grecia donde incluso se practicaba el infanticidio para desechar a los niños que no nacían perfectos, aún con voces contrarias como la de Aristóteles que prefería que las madres abortaran, si habían sufrido algún tipo de trauma físico por lo que pensaran que su hijo/a no pudiera nacer bien a dejar que el niño naciera y después se le matara por no desarrollarse normalmente. Los espartanos iban más lejos, arrojando a los niños débiles desde un monte cercano puesto que su sociedad estaba militarizada y no hubieran servido como soldados, destino de casi todos los varones en aquella Ciudad-Estado griega.

En el primer tercio del siglo XX, destacados políticos tanto norteamericanos como británicos defendían la selección artificial de la especie humana dejando solamente a los individuos completamente sanos hasta el punto de que en algunos Estados se practicó una política de esterilización en personas que tuvieran algún tipo de problema físico o psíquico siendo pionero de estas medidas no Alemania sino los Estados Unidos donde se esterilizaron a decenas de miles de personas. Incluso en México se elaboró todo un compendio legal del que reproducimos uno de sus artículos más llamativos:

Artículo 6º. Podrá aplicarse en el Estado la esterilización de los seres humanos siempre que concurran las siguientes circunstancias:

I.- Que se trate de enajenados, idiotas, degenerados o dementes en grado tal que a juicio de la Sección de Eugenesia e Higiene Mental la lacra del individuo se considere incurable y transmisible por herencia.

II.- Que un Consejo de tres peritos médicos por mayoría de votos, cuando menos, dictamine por medio de procedimientos científicos la incapacidad mental o deficiencia psicológica incurable del sujeto.

III.- Que la Sección de Eugenesia e Higiene Mental en vista del dictamen anterior y del suyo propio, ordene la esterilización.

IV.- Que la operación quirúrgica o el procedimiento técnico en virtud del cual se realice la esterilización, no cause al sujeto más que la incapacidad genésica, pero le conserve en cambio todas las demás funciones sexuales.

V.- Que el procedimiento técnico por medio del que se obtenga la esterilización, no implique mutilación ni deformación anatómica visible, ni traiga consigo la pérdida de las aptitudes psíquicas o fisiológicas que sean necesarias para la educación del sujeto para que pueda bastarse a sí mismo social y económicamente.

La eugenesia no entraría en Alemania hasta la década de los años 30, cuando los nazis la hicieron suya aplicándola mediante normativas legales, pero recordemos que ya se estaba practicando en otros lugares, especialmente de América; sin embargo, en la Alemania nazi, dicha práctica científica llegó a niveles de verdadero terror.

La eugenesia no es sinónimo de racismo sino que aporta importantes logros a la medicina como proporcionar hijos a las parejas que no pueden ser padres por la técnica “in vitro”, por ejemplo, o descubrir los genes portadores de enfermedades para corregirlos y erradicar esos males. Pero todo esto ha traído también la gran polémica ética sobre si está bien o mal que juguemos a ser Dios, decidiendo como han de nacer los niños y qué genes son realmente dañinos y cuales no.; resulta llamativo que ha sido precisamente Alemania una de las naciones más avanzadas en la protección del embrión humano prohibiendo la eugenesia preimplantatoria, probablemente para limpiar esa imagen de refugio de científicos nazis totalmente desquiciados. Nadie duda, hoy en día, de la ética de los científicos alemanes actuales, ejemplo mundial en la protección de la vida.


Pero en los años 30, Alemania respiraba un ambiente prebélico motivado por el ascenso al poder del partido nazi que utilizó la eugenesia como base doctrinal, contaminando los principios de esta ciencia, ya de por sí ambigüos y llevándolos a su terreno: los nazis querían justificar lo que se proponían por todos los medios y en cuanto a la ciencia encontraron un filón con la eugenesia, siendo Mengele uno de los máximos partidarios e impulsores de esa variante pseudo-doctrinal nazi de la eugenesia. Ingresó en un Instituto creado expresamente con estas intenciones: el Instituto de Herencia Biológica e Higiene Racial, después de estudiar medicina en la Universidad de Frankfurt; su maestro, en su abominable carrera, fue el doctor Ottmar von Verschuer, un nazi convencido que introdujo definitivamente a Mengele en el partido Nacional Socialista, a través de las SS (Schutz-Staffel), para lo que tuvo que demostrar previamente que no tenía antecedentes judíos en su familia.

Luchó en el frente oriental donde incluso fue herido en combate, concediéndole la máxima condecoración militar, la cruz de hierro, tanto en primer grado como en segundo. Sus heridas le alejaron del frente y fue cuando solicitó ir destinado a los campos de prisioneros, lo que llamaba la atención ya que con su preparación hubiera podido acceder a instituciones prestigiosas de Berlín, pero su intención era desarrollar sus experimentos con los presos, dando rienda suelta a sus locas ideas sin limitaciones éticas de ningún tipo, lo que en la capital hubiera sido imposible, aunque allí conocieran sus dementes investigaciones.

Sería trasladado a los campos de concentración de Silesia y Polonia, siendo en Auschwitz-Birkenau donde acabaría dirigiendo un equipo de “científicos” que experimentaban con gemelos, sordos, enanos, gigantes, etc, todos ellos prisioneros de los campos. En la dirección de su programa genético le ayudaron otros médicos y científicos afines a las ideas nazis o simplemente desquiciados que disfrutaban con el dolor ajeno que justificaban sus atrocidades en beneficio de la ciencia. Entre sus abominaciones se cuentan el estudio de la resistencia humana al frío o al calor (sometían a congelación o altas temperaturas a prisioneros para comprobar lo que aguantaban, teóricamente para aplicar los resultados a la creación genética de futuros soldados más resistentes), experimentos con gemelos (la “especialidad” de Mengele), extirpándoles órganos o extremidades, castrándoles, cambiándoles el sexo, realizándoles transfusiones de sangre aunque no fueran de su grupo sanguíneo. También les sometían a los efectos de pesticidas para ver en el laboratorio como reaccionaban y si era posible crear antídotos para los soldados. Se calcula que a diario pasaban decenas de prisioneros por el laboratorio de Mengele para experimentar con ellos/as.

Eva Mozes Kor, superviviente del horror de Auschwitz relató lo siguiente:”Cuando el tren se detuvo, escuchamos a muchos nazis dando órdenes afuera. Envolviendo al campo había enormes muros con alambres de púas. Todo allí era de un color tétrico. Uno debía obedecer inmediatamente las órdenes o moría. Debía ser instantáneo, como un flash. Ello decidiría entre la vida en el campo o la muerte en las cámaras de gas. Mi madre nos sostenía a mí y a Miriam, mi hermana gemela de las manos. Nosotras nos quedamos congeladas en ese lugar. Mi madre no nos soltó. Mi padre y mis otros hermanos desaparecieron en la multitud, y jamás los volvimos a ver… De pronto, apareció Mengele gritando en alemán “¡zwillingen, zwillingen!”, es decir “¡gemelos, gemelos!”. Se detuvo frente a nosotras y mirándonos a mi hermana y a mí, preguntó si éramos gemelas. Mi madre no sabía qué decir; sólo atinó a preguntar: “¿es eso bueno?” Allí, un oficial SS ordenó: “¡responda por sí o no!”. Y mi pobre madre dijo “sí, son gemelas”. Mi madre fue enviada en una dirección, y nosotras en la dirección opuesta. Cuando me di vuelta, la vi por última vez, extendiendo sus brazos hacia nosotras…

Mengele inspiraba miedo no solo en los prisioneros, también en los guardias e incluso en los médicos de los campos de concentración ya que todos conocían sus experimentos y quedaban sobrecogidos con la frialdad de ese hombre. A pesar del infierno de los campos y de que muchos de los que trabajaban en ellos se habían deshumanizado por completo, aún así, Mengele era un verdadero diablo para todos.

Los experimentos de Mengele finalizaron en invierno de 1944, cuando el jefe de las SS ordenó a todos los responsables de los campos de concentración que cesaran las muertes y aún con el avance del ejército rojo. Mengele consiguió huir a Italia, viéndosele por última vez en un campo de exterminio en el mes de enero de 1945.

Se libró de la ejecución de los aliados, a la que sin duda le hubieran condenado, porque en los registros de las SS no figuraba Mengele, algo verdaderamente extraño pero dato confirmado por médicos que le conocieron. Cuando se produjo la liberación masiva de prisioneros de los campos de exterminio, Mengele se hizo pasar por uno de ellos y pudo así refugiarse en una granja, ayudado por su familia, quiénes sí sabían de su pasado pero que callaron, lógicamente, por lo que pudiera perjudicarles a ellos mismos. Pero se investigaba el rastro de los criminales nazis en la segunda mitad de la década de los 40 por lo que temeroso de ser detenido en cualquier momento le pidió a su esposa, con la que tenía un hijo de siete años de edad, que huyeran pero Irenna, como se llamaba ella, se negó por lo que Mengele se marchó a Italia, sólo, en 1949 y desde el Puerto de Génova embarcaría hacia Buenos Aires, donde la organización ODESSA le protegía a él y a otros criminales nazis y donde vivió durante diez años. El nombre que utilizaba era Helmut Gregor pero no dudaba en decir públicamente como se llamaba en realidad a partir de la década de los 50 cuando consideró pasado el peligro, fundando una empresa de implementos agrícolas, el negocio familiar (de hecho su padre le visitó en alguna ocasión).

Las recompensas ofrecidas por Alemania, el Simon Wiesenthal Center y el Estado de Israel , que ascendían a 3,4 millones de dólares norteamericanos para quién facilitara la captura de Mengele, le instaron a huir de nuevo, en esta ocasión a Paraguay. De allí huiría a Brasil y finalmente fueron encontrados sus restos en junio de 1985.

En Brasil viviría durante 17 años haciéndose pasar por ciudadano suizo y cambiando en 1976 de familia de acogida al entrar en conflicto con los Stammer, la anterior, que le protegía y daba cobijo. Su tapadera seguía siendo la misma, empresario de complementos y útiles para las labores agrícolas.

En 1979 moriría ahogado mientras se bañaba en la playa, supuestamente de un infarto, siendo enterrado en el cementerio de Ambu bajo una lápida con el nombre de Wölfgang Gërhard. La muerte quiso ser benévola con uno de sus ángeles exterminadores, tal vez por el servicio que le prestó durante años, entregándole a miles de inocentes hombres, mujeres y niños antes de que les llegara su hora.

 

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Las profecías mayas

Siete son las profecías mayas que supuestamente vaticinan el fin del Mundo, sin embargo, hay quienes aseguran que su significado se ha interpretado según ciertos intereses y que para nada los mayas consideraban que el Mundo se acabaría en 2012. Pero antes de entrar en materia, hagamos un breve repaso de la civilización maya.
 
De momento certificar que en efecto fueron grandes astrónomos o habría que decir buenos observadores de las estrellas pero también buenos agricultores y ganaderos, como correspondía a su época. Su territorio, en su máxima expansión, alcanzó desde el actual Estado mexicano de Chiapas hasta el centroamericano de Honduras. 

Al parecer, el origen de los mayas es la cultura olmeca, como lo fue de otras contemporáneas. Los olmecas aparecieron en Centroamérica en torno al 1.200 a.C. El famoso calendario maya pudiera ser originario, en realidad, de los olmecas, quienes transmitirían todo su saber a otras civilizaciones posteriores establecidas precisamente en los núcleos mayas.

Los dirigentes olmecas se creían de procedencia divina o celeste, como ocurrió con algunos reyes mayas y algunos de los dioses olmecas lo fueron también mayas.

 Cuando los europeos entraron en contacto con los pueblos mayas del siglo XVI, quedaron impresionados por sus construcciones y más aún por sus ruinas señal de un pasado glorioso con edificaciones tan impresionantes como las de la Antigüedad grecolatina.

En realidad no hubo un verdadero imperio maya sino un conjunto de Ciudades-Estado parecidas a las griegas clásicas, cada una con sus propios gobernantes; un dato curioso, entre los mayas existía la esclavitud pero los hijos de los esclavos no heredaban su condición sino que eran libres. Para los mayas no existía la poligamia. 

Como prácticamente todas las culturas del Mundo también los mayas tuvieron sus libros sagrados: el Popol Vuh y el Chilam Balam (son los que nos quedan después de las destrucción de sus manuales a manos de los misioneros cristianos si bien fueron estos misioneros, principalmente españoles, los que dieron a conocer los libros anteriormente mencionados a Europa). 

Para los mayas, los dioses crearon La Tierra a partir del caos y la oscuridad, originándose la luz y la vida animal, justo como nos indica La Biblia, lo que llama la atención puesto que pareciera que estas obras sí se permitiese su traducción y difusión por su parecido al Libro sagrado cristiano aunque es idea generalizada que el Popol Vuh recopila leyendas mayas antiguas, en cualquier caso, para los mayas, como para los cristianos, había un Cielo, una Tierra y un Inframundo.

Los sacerdotes-reyes eran educados paraconocer los misterios divinos y celestiales de manera que eran los únicos que sabían interpretar los mensajes de los dioses, lo que les daba un aura de superioridad sagrada frente al resto de la población.

Algunos historiadores e investigadores piensan que los mayas son anteriores a los olmecas y que verdaderamente no se conocen sus orígenes, si bien los más atrevidos establecen una datación de 1.500 a.C. En cambio, lo que sí se sabe es la fecha aproximada de la desaparición de este pueblo o al menos de la gran civilización original maya: en torno al 900 de nuestra Era, siendo uno de los grandes enigmas de la Historia ya que se desconoce la razón por la que esta espectacular cultura desapareció de modo tan repentino aunque hay estudios que se aventuran a dar una explicación bélica, de enfrentamiento entre Ciudades-Estado. 

Las profecías mayas, supuestamente basadas en su avanzado sistema de observación de los astros, nos indican una serie de fenómenos pero antes descubramos cual fue ese prodigioso sistema astronómico maya en el que basaban toda su cosmogonía y las predicciones proféticas. Cuando construían una ciudad lo hacían realizando un complejo estudio astronómico previo para averiguar la orientación más adecuada de las edificaciones. El año maya estaba dividido en 365 días, como el actual comúnmente aceptado en todo el Mundo, pero comenzaba el día en que el Sol alcanza su cenit, esto es, el 16 de julio, un día que dejaban suelto, sin encuadrarlo en ninguna de las 28 semanas de su calendario, las cuales duraban 13 días cada una pero dicho calendario no estaba dividido en semanas puesto que esta agrupación temporal, que en el caso maya duraba 13 días, era independiente de los meses, siendo el calendario más perfecto de los conocidos hasta la aparición del gregoriano en el siglo XVI . Conocían los ciclos de la Luna, el Sol y el planeta conocido como “lucero del alba”, Venus. Además, sabían perfectamente cuando se producirían los eclipses puesto que transmitían de generación en generación los estudios sobre la periodicidad de estos fenómenos. Por otro lado, su verdadera vocación astronómica era el Sol y su comportamiento. Las ciudades mayas estaban todas ubicadas al sur del Trópico de Cáncer para de este modo poder estudiar el Sol cuando pasaba por esa latitud en los dos días de Solsticio puesto que era cuando podía contemplarse en toda su plenitud para lo que debían contar con algún medio óptico adecuado ya que de lo contrario los astrónomos mayas estarían todos aquejados de mala vista al ser dañada por la visión prolongada del astro rey. Por lo tanto, cabe preguntarse si los mayas llegaron a ese lugar porque lo buscaban, para poder estudiar el Sol puesto que en ninguna otra latitud terrestre puede ser observado su cenit salvo en las zonas tórridas, comprendiendo más que ninguna otra civilización que, sin duda, la vida en La Tierra dependía del Sol porlo que debía ser adorado a la par que estudiado. La pregunta podría extenderse al hecho de que solo haya Pirámides en las culturas que contaron con la astronomía y la astrología como ciencias importantes de su saber ancestral tales como las culturas mesoamericanas, la egipcia, las mesopotámicas o las orientales, especialmente China por lo que pudiera ser lo que explique la construcción de esta particular edificación en lugares tan distantes y teóricamente sin contacto entre ellos: opino que se trataba de observatorios astronómicos antes que tumbas de reyes. Sin embargo, para los mayas, no era el Sol el astro más interesante, sino un pequeño Planeta aunque similar a La Tierra llamado Venus. Cuando digo similar debiera decir casi idéntico porque Venus tiene un radio tan solo 356 kms más pequeño que el de La Tierra y su gravedad ecuatorial es 8,87 m/s2 mientras que la de La Tierra es de 9,78 m/s2 Son similares también en tamaño y composición superficial y ambos Planetas están dotados de atmósfera con una compleja meteorología. Lo que ocurre es que Venus está más cerca del Sol que La Tierra, nada menos que 41.400.000 kms, suficiente para que la temperatura en la superficie de Venus sea muy elevada, 482º, un verdadero horno. El gran misterio de Venus es que gira al revés que el resto de planetas del Sistema Solar por lo que el Sol sale por el Oeste y sus días son lentísimos ya que duran 243 días terrestres, lo que significa que la rotación sobre su eje es casi imperceptible, de hecho, la noche tarda 117 días en aparecer y el año de Venus tarda menos que el propio día puesto que el Planeta necesita solo 225 díaspara girar en torno al Sol.

A pesar de que la presión atmosférica en Venus es 90 veces más densa que en La Tierra, la cantidad de nitrógeno y dióxido de carbono es exactamente la misma, solo que en La Tierra ese dióxido está almacenado en depósitos calcáreos pero si fuese liberado tendríamos una atmósfera con tanta presión como la de Venus, de ahí el efecto invernadero producido por el deterioro medioambiental en La Tierra al emitirse dióxido de carbono a la atmósfera procedente de la contaminación. Digamos que La Tierra pudiera en un futuro estar tan desolada como Venus de seguir calentándose; a continuación una ilustración comparando Mercurio, Venus, La Tierra y Marte (el tamaño es el real)

Las nubes de Venus, en vez de estar formadas sobre todo por agua, lo están por ácido sulfúrico pero la temperatura de las mismas es parecida a las terrestres aunque son tan reflectantes que es lo que permite que se le vea tan luminoso, de ahí también que se le conozca como el lucero del alba. 

Ya hemos explicado que los mayas adaptaron su cultura a lo que veían en los cielos con su gran capacidad astronómica, elaborando mitos que explicaban los fenómenos celestes. En este sentido, resulta curiosa la leyenda de los hermanos gemelos a quienes el juego de la pelota, antecedente del fútbol, se les daba muy bien pero eran muy ruidosos por lo que los dioses del inframundo les retaron a un torneo del que los gemelos salieron perdedores, siendo sacrificados y enterrados sus cuerpos bajo el campo de juego. La cabeza de uno de ellos, Hun Hunahpú, fue colgada de un árbol que producía calabazas con forma humana hasta que una diosa se acercó a él pero éste le escupió fecundándola, naciendo otros dos gemelos quienes habían heredado su habilidad para jugar a la pelota. Sin embargo también fueron sacrificados por los dioses del inframundo, en esta ocasión esparciendo sus huesos por un río donde renacieron como peces y más tarde como actores, vengándose finalmente de los dioses infernales haciéndoles creer que podían decapitarse mutuamente y ellos mismos devolverse la vida. Los dioses, divertidos por el espectáculo, cayeron en la trampa y les pidieron que les hicieran a ellos lo mismo, pero cuando fueron decapitados, los gemelos se negaron a devolverles la vida a las deidades infernales consiguiendo por fin su anhelada venganza sobre el mal. Desde entonces, esos gemelos, convertidos en el Sol y la Luna, nos recuerdan a diario el triunfo de la luz sobre la oscuridad que representa el inframundo. 

Pero esos gemelos bien pudieran ser La Tierra y Venus. Observaron los movimientos de este Planeta como nadie lo había hecho en ninguna otra civilización y descubrieron que Venus y La Tierra tardan 584 días en coincidir en la misma posición con respecto al Sol y otros 2922 para que la coincidencia incluyera a las estrellas. Venus era el objeto astronómico de mayor interés. 

Quizá conocían Venus mejor que cualquier otra civilización que no perteneciera a Mesoamérica pensando que era más importante que el Sol, aunque este último astro lo estudiaran más a fondo (creo que porque le tenían temor, pero Venus aparentemente resultaba inofensivo). Lo miraron cuidadosamente mientras se movía a través de sus estaciones y se dieron cuenta que tardaba 584 días en coincidir la Tierra y Venus en la misma posición con respecto al Sol. Además, se fijaron que transcurrían cerca de 2922 días para que la Tierra, Venus, el Sol y las estrellas coincidieran. Midieron también los días que Venus tardaba en dar su giro en torno al Sol al comprobar cuanto tardaba en aparecer, el período que no es visible porque se encuentra en el otro extremo de su elíptica… Todo esto les hacía tener muy claro que los Planetas giraban en torno al Sol y que La Tierra no era el centro del Universo, como se creía en Europa hasta bien avanzada la Edad Moderna. También observaban Júpiter, el Planeta más grande del Sistema Solar que puede verse a simple vista desde la Tierra cada trece meses al acercarse sus respectivas elípticas a “tan solo” 602 millones de kilómetros. Como no comprendían la naturaleza de estos astros, los consideraban dioses y pensaban que era más prudente llevarse bien con ellos que ofenderles por lo que les ofrecían el máximo sacrificio, el humano, pero para saber cuando eran más idóneos dichos sacrificios debían antes estudiar el movimiento de estos planetas y así conocer, con exactitud, cuando aparecerían o su comportamiento. Debido a lo anterior, contabilizaron ciclos en los que los protagonistas eran Venus, La Tierra y el Sol, cuya alineación se producía en pares de eventos separados por poco más de cien años, siendo la última, situados desde la perspectiva actual, en 1882 y la siguiente, precisamente, en 2012, lo que no debiera preocuparnos en principio. Si los mayas eran observadores astronómicos y dejaban constancia de sus investigaciones, registrando los movimientos de los astros que estudiaban, sabían con qué periodicidad se produce el tránsito de Venus, lo que hubiera sabido cualquier otro Pueblo o cultura de haber sido igual de observadores; lo curioso es que el avistamiento de este fenómeno no se ve en todo el Mundo, de hecho ya comenzó en 2004, pudiendo verse entonces desde Europa donde no podrá ser visto de nuevo hasta 2117. En un códice con dibujos mayas que aún no han sido del todo interpretados y que se encuentra en Dresde podemos ver un calendario que exhibía el ciclo completo de Venus. 

Contaron cinco sistemas de 584 días, 2.920 días en total u ocho años aproximadamente y cada cinco repeticiones de Venus completaban un ciclo. A los mayas les atraía enormemente este Planeta, probablemente porque lo consideraban osado al pasar por delante del Sol como quién no quiere la cosa o porque pensaban que su tránsito anunciaba o indicaba el momento adecuado para realizar ciertos trabajos. 

Para la civilización maya, también La Luna jugaba un papel importante en el escenario cósmico, desde luego, se entiende, desde la perspectiva terrestre. Su estudio les permitió conocer cuando se producirían los eclipses lo que les daba a los sacerdotes-reyes mayas un aura de divinidad puesto que podían anunciar grandes cambios amparados por los dioses y una señal de ello sería el eclipse de turno, cuyo significado real no sería conocido por los súbditos. 

Objeto de veneración lo era también la Vía Láctea de cuyo “Camino de Santiago” (como se denomina a esa nube de estrellas que da nombre a la Galaxia), los mayas creían procedía la vida en La Tierra pero cerca se encontraba el monstruo conocido como “Kawak”, el cual forma parte de la misma región galáctica (realmente, la Vía Láctea es uno de los brazos en espiral de la Galaxia solo que se le ha dado el mismo nombre al resto de la misma); el “Kawak” es una zona oscura y por lo tanto perversa y maligna. Se trata del modo en que los mayas explicaban a sus súbditos el mito del bien y del mal así como su procedencia. La parte luminosa de la Vía Láctea es el bien, representado por la luz y la zona oscura es el mal, el caos. 

Volviendo a las profecías mayas, resulta curioso que nos quieran meter miedo basándose en su calendario cuando precisamente los mayas creían en la palingenesia, esto es, el eterno retorno que, por cierto, era una teoría defendida y estudiada también por varios sabios grecolatinos clásicos. Séneca escribió: “Entonces, bajo idéntica posición de las estrellas en el firmamento, se darán de nuevo un Sócrates y un Platón, y cada uno de los hombres aparecerá de nuevo rodeado del mismo círculo de amigos y conciudadanos… Y tal restauración universal no se dará una sola vez, sino muchas veces, infinitas veces, e inacabablemente se repetirá lo mismo” 

Lo anterior vendría a decirnos que los mismos hechos y acontecimientos que se suceden en la actualidad o se han sucedido se repetirán lo que no se si es algo bueno ya que si debemos volver a vivir guerras y catástrofes, desde luego la palingenesia no es positiva. Claro que pudiéramos interpretarlo como que se nos da una nueva oportunidad para corregir nuestros errores. En fin, cada cual se convenza a su modo pero me viene a la memoria esa hipótesis que circula por ciertos ambientes científicos si bien no muy aceptada de que el tiempo está acortándose y que llegará un momento en que desaparezca como tal, lo que ya podemos observar en los días que vivimos los cuales parecieran más cortos que décadas atrás, ocurriendo lo mismo con el espacio: las distancias se acortan. La explicación sería que la Tierra se mueve en todos los sentidos, eje de rotación y elíptica alrededor del Sol así como la propia corteza terrestre lo que da lugar a días más cortos y distancias menores, pero de momento, es imperceptible. 

Claro que el problema de la palingenesia estriba en que los ciclos temporales están separados por cataclismos y caos del que resurge un nuevo ciclo renovado y así eternamente. Por supuesto, podemos pensar que para los antiguos sabios el tiempo pareciera eterno, incluso lo parece para nosotros, pero también se dice que todo comienzo está abocado y se dirige a un final, llegue antes o después. 

La verdad es que con las profecías mayas pasa lo mismo que con el resto de premoniciones: se han realizado interpretaciones, algunas bastante liberales cuando nadie sabe a ciencia cierta lo que nos quieren decir. Comentan que hay siete profecías mayas. La primera habla de un período de trece años, entre 1999 y 2012 en el que se nos dará la oportunidad de cambiar nuestra mentalidad y actitud para así librarnos de la destrucción. Debemos entender, por lo tanto, que habrá personas que se librarán, suponiendo que serán las que lleven a cabo actos en beneficio de la Humanidad y por lo tanto solidarios. Pero hay quienes aseguran que, por errores de cálculo, las fechas no son las que los mayas quisieron transmitirnos sino que o bien debiera haber sucedido ya lo que profetizaban, si es que profetizaron algo o bien no ocurrirá hasta dentro de los años 40 de nuestro siglo XXI. Paremos un poco para realizar el análisis pertinente basado en los siguientes puntos: 

  • Anteriores predicciones mayas y aciertos/fallos
  •  Qué acontecimientos sucedidos hace pocos años pudieran indicarnos que el cambio se ha producido ya o se está produciendo
  • ¿Por qué los años 40 de este siglo? 

Los científicos están desconcertados con la actividad solar llegando a la conclusión, a pesar de los avanzados medios de los que disponen los observatorios, que no tienen ni idea de cómo funciona nuestro astro rey y prueba de ello fue lo sucedido en el mes de enero de 2005 cuando una tormenta solar alcanzó la Tierra con su máximo de radiación sólo un cuarto de hora después de iniciarse la serie de explosiones propia de este fenómeno, cuando lo habitual son dos horas. Según Richard Mewaldt, del California Institute of Technology, no se había visto nunca nada así, al menos que esté registrado y hay registros de la actividad solar desde hace cuatro siglos -vease “¿Estamos preparados ante una catástrofe global?” 

Los científicos creían que dichas tormentas se producían en la corona solar, la capa más externa del Sol, pero en este caso pareciera que se hubiera originado desde dentro hacia fuera, algo así como un volcán que explota lo que resulta casi imposible en una estrella de fuego como es el Sol o … acaso la constitución de este astro no es como creíamos. 

Se supone que el Sol está compuesto en casi tres terceras partes de Hidrógeno y casi una cuarta parte de Helio, siendo el resto, en cantidades muy pequeñas: Oxígeno, Carbono, Hierro, Neón, Nitrógeno, Silicio, Magnesio y Azufre. La razón por la que desprende tanta energía es por la conversión del Hidrógeno en Helio pero llegará un momento en que ya no habrá más Hidrógeno que pueda ser quemado y el Sol se apagará. 

Pero hasta que llegue ese particular Apocalipsis solar, teóricamente dentro de miles de millones de años, nuestro astro rey tiene una actividad intensa, medida en ciclos con máximos y mínimos caracterizados por las manchas solares y esas tormentas como la de 2005. Lo extraño es que hace cinco años el Sol debiera haber estado en uno de sus mínimos según los estudios de su actividad en los últimos siglos; por qué entonces se produjo esa tormenta solar. El próximo máximo de su actividad está previsto para 2010 o 2011, esto es, nuestra época actual y aquí estoy dando un dato puramente científico, no una predicción, entre otras cosas porque no soy amigo de las premoniciones sino de la ciencia pero en ocasiones la misma ciencia nos explica lo que sabios de tiempos ancestrales vieron pero que debido a la ignorancia popular explicaron recurriendo a mitos y cuentos. Los ciclos de actividad solar duran once años (según los últimos estudios astronómicos se han acortado a 10,5 años). 

Kinich-Ahau, el Sol para los mayas, es un ser vivo que pasa por ciclos como los seres humanos y que recibe el aliento del interior de la Galaxia cada cierto tiempo, en principio cada 5.125 años ya que los sacerdotes-reyes mayas calcularon su origen en el año 3113 a.C. por lo que ese período culminaría en 2012. O al menos es la explicación que nos dan quienes dicen haber podido interpretar sus dibujos y jeroglíficos los cuales pueden verse en los códices que sobrevivieron a la quema de sus libros por parte de los misioneros europeos y en sus ruinas de Centroamérica. 

Según esas interpretaciones, la última destrucción de la Humanidad tuvo lugar en el cuarto milenio a.C. en forma de Diluvio Universal. 

Hay teorías que defienden que el Mundo en el quinto milenio a.C. no era como el actual sino mucho más frondoso puesto que la atmósfera estaba cargada de vapor de agua lo que provocaba una especie de efecto invernadero pero no excesivamente maligno si bien llegó un momento que todo ese vapor condensado en las nubes descargó en forma de agua. Tal era la cantidad que necesitó varias semanas de lluvias intensas ininterrumpidas lo que hubiera provocado ese Diluvio Universal del que hablan muchas culturas, algunas sin contacto entre ellas. Otras hablan de la irrupción del Mar Mediterráneo en lo que hoy es el Mar Negro, acontecimiento que pudo haber tenido lugar en el sexto milenio a.C. y que desde luego tuvo que ser visto por las comunidades de esa región como el final de su Mundo ya que, al parecer, todo quedó inundado en cuestión de días. 

Luego tenemos los mitos mesopotámicos de un Diluvio como la Leyenda de Gilgamesh de donde, tal vez, los israelíes copiaron su propio mito. Pero el Diluvio es conocido por otras culturas y se ha explicado por la posible erupción de algún supervolcán como el Etna o el Toba dando lugar a tsunamis impresionantes que lo anegaron todo (la erupción del Toba se cree que fue la peor de toda la Historia reciente de La Tierra).  

Con respecto a que diversos cataclismos globales acabaron con anteriores humanidades, como decían supuestamente los mayas, deberíamos antes aceptar que hubo civilizaciones anteriores a las nuestras de las que prácticamente no ha quedado vestigio ninguno. Un dato: en Mayo de 2001, los arqueólogos submarinos del Instituto Nacional de Tecnología Oceánica de La India detectaron por primera vez señales de un antiguo establecimiento submarino situado en el Golfo de Cambray, cerca de Gujarat. Desde entonces, se han realizado más avances en la investigación acústica y las muestras tomadas se han fechado gracias al test del carbono datándose el hallazgo en 7.500 a.C., ¡hace nada menos que 9.500 años! 

Los mayas predijeron no solo un Diluvio sino la llegada de los españoles, por ejemplo, pero eso es lo que se cree porque la realidad es que se trataba de una profecía que rondaba toda la región en la que los mayas se movían y hablaba de la llegada de unos demonios que arruinarían el lugar y matarían a sus pobladores, los pueblos indios que los habitaban. Dicen que Moctezuma, cuando vio a Hernán Cortés por primera vez, quedó estupefacto porque era idéntico al mito de hombre de raza blanca que le anunciaron desde niño que conquistaría su reino pero no hay nada certero en estas informaciones. 

Hasta ahora, se han basado para dar a conocer las profecías mayas en los códices que sobrevivieron a la quema de miles de documentos por parte de los misioneros europeos. Esos códices son:

  • El Códice de Dresde 

El Códice de Dresde está guardado en la Sächsische Landesbibliothek (SLUB), la biblioteca estatal en Dresde, Alemania y es un calendario mostrando qué dioses influyen en cada día., explicando detalles del sistema numérico maya. El códice está escrito en una larga hoja de papel que está doblado de forma que se crean 39 páginas, escritas en ambos lados. Probablemente fue escrito por escribas mayas justo antes de la conquista española, esto es, en el siglo XVI. 

  • El Códice de Madrid 

El Códice de Madrid habla sobre tablas astrológicas y es el producto de ocho diferentes escribas, encontrándose actualmente en el Museo de América en Madrid, tiene 112 páginas, que se separan en dos secciones, conocidas como el Códice Troano y el Códice Cortesano. 

  • El Códice de Grolier 

Se dio a conocer en 1971 y se dice que fue encontrado en una cueva en la sierra de Chiapas en 1965 y mostrado por primera vez en el club Grolier de Nueva Cork. Es un fragmento de 11 páginas pobremente conservado y se ha determinado que debió pertenecer a un libro con 20 páginas. Cada página mide 18 cm de alto por 12.5 cm de ancho. 

  • El Códice de Paris 

Dicen que descubierto en una esquina de una polvorienta chimenea de la Biblioteca Nacional de Francia, se dio a conocer a partir de 1859 y su tematica se refiere a cuestiones rituales, correspondiente a los dioses y sus ceremonias, profecías, calendario de ceremonias y un zodiaco dividido en 364 días. 

La predicción maya también describe los 20 años anteriores al primer día del «Sexto Sol» con cierto detalle. Este ciclo menor, que ellos denominaban Katum, ya ha consumido casi dos tercios de su duración total. El último Katum (denominado por ellos «el tiempo del no tiempo») habría empezado en el año 1992 de nuestro calendario, después de un eclipse de Sol que esta cultura pronosticó para el 11 de julio de 1991 y que se cumplió puntualmente. 

Es curioso observar que en septiembre de 1994 se produjeron fuertes perturbaciones en el magnetismo terrestre y dos años después, la sonda espacial Soho descubrió que el Sol no presentaba ya polos magnéticos sino un único campo homogeneizado. En 1997 se produjeron violentas tormentas magnéticas en el Sol y en 1998 la NASA detectó la emisión de un potente flujo de energía proveniente del centro de la galaxia que nadie supo explicar. 

Parece que el eclipse de sol del 11 de agosto de 1999 también fue “visto” por los mayas como el inicio de una era muy complicada para la Humanidad y el 15 de septiembre de ese mismo año se produjo una misteriosa explosión proveniente del espacio, provocando que las radiaciones de ondas radio, rayos gamma y rayos X multiplicaran su intensidad por 120. Astrónomos como Richard Berendzen y Bob Hjellming, del Observatorio Radioastronómico de Nuevo México (EE UU), calificaron este fenómeno como un enigma «digno de una investigación detectivesca». 

El día siete de agosto de 1999 se produjo un terremoto de 5,9º en Grecia, con 218 muertos; al día siguiente, inundaciones catastróficas en China, con miles de muertos; el 17, un terremoto de 7,4º en Turquía, con 15.000 muertos; el 20, un terremoto de 7,6º en Taiwan, con 2.000 muertos; el 22, una cadena de terremotos menos destructivos (entre 2º y 5,2º) en todo el planeta; el 30, un terremoto en Oaxaca (México), seguido de grandes incendios debidos a explosiones de gas, con más de 100 muertos; y el 10 de octubre las lluvias produjeron 300 muertos y 500.000 damnificados, también en México. En 2002 el terremoto de Alaska de 7,2º o los posteriores de Haití, Chile, China, estos últimos en 2010 y el peor de todos, el de Japón, de 9º. 

Las actuales observaciones geológicas de la Caldera de Yellowstone nos permiten predecir que una próxima erupción está por producirse en cualquier momento, ello por cuanto la Caldera tiene un ciclo de 600.000 años y que estamos al final del tercer ciclo eruptivo. Porque un aumento de la presión de la cámara magmática se ha manifestado desde hace 25 años y porque la actividad termal superficial es cada vez más intensa. Además, están los volcanes islandeses cuya nube de cenizas envuelven el norte de Europa; en las tres erupciones anteriores, siempre entró en erupción el más peligroso de los dos, el Hekla. 

Los mayas también profetizaron o eso dicen que un cometa aparecería y sería visible desde La Tierra, incluso con una probabilidad nada desdeñable de impacto. Antes hablaba de la década de los cuarenta del siglo XXI para ciertos intérpretes de las profecías mayas pero nada está claro sobre las mismas, como no lo está con respecto al comportamiento de los meteoritos y cometas., sin embargo el 2004 MN4 es un asteroide que se calcula pasará en 2029 y posteriormente cada cinco o seis años a tan solo 30.000 Kilómetros de La Tierra, lo cual es excesivamente cerca pero lo más inquietante es que, en 2012, la NASA estudia la posibilidad de enviar un misil hacia este meteorito con el que intentar cambiar su trayectoria, algo que de no hacerse previamente los cálculos más exactos posibles sobre su masa pudiera dar lugar a un mal mayor que su proximidad y es que se fragmente en dos y que o bien uno de los fragmentos impacte o lo hagan los dos, como ocurría en la Película “Deep Impact”, (de hecho ya han dado un nombre al misil que se utilizará, precisamente el nombre de esa película de Steven Spielberg. Por si alguien no cree semejante historia, decirle que el cuatro de julio de 2005, se experimentó con un cometa, el Temple 1, al que una nave lanzó un misil pero ese cometa se encontraba a 400 millones de kilómetros de La Tierra. La idea era comprobar si este sistema funciona y con ello poder utilizarlo ante la aproximación del 2004 MN4 en 2012 el cual tiene un diámetro de 300 metros lo que provocaría un daño equivalente a 60.000 bombas atómicas como la utilizada en Hiroshima. Sin embargo, esta es una amenaza que pudiera aparecer sin que nos diéramos cuenta ya que a pesar de nuestra tecnología, un asteroide podría colisionar con La Tierra y solo darnos cuenta en el momento del impacto ya que no podemos, con los medios actuales, escudriñar todo el espacio). 

Siguiendo con los mayas, hay otro dato que quienes han interpretado sus profecías aseguran es muy llamativo y que este asombroso pueblo pudo anunciar gracias a sus dotes astronómicas y astrológicas impresionantes: la formación de la Gran Cruz Cósmica, un fenómeno en el que los signos de Tauro, Leo, Escorpio y Acuario pasan por el Sol, la Luna y tres planetas diferentes, algo que nos remite a otras profecías en las que se habla de que podrá verse una cruz en el cielo, lo que pudiera significar no a simple vista sino con medios técnicos especiales. 

Por supuesto están quienes nos cuentan la otra versión, la de que todo esto de las profecías mayas no es más que un invento de cierta secta colombiana y otras que van por el Mundo dando charlas y asustando a la gente con un supuesto fin de la Humanidad para que se les unan como adeptos. 

La verdad es que en el calendario maya, la repetición de una misma fecha de la cuenta larga con una fecha del tzolkin-haab sólo ocurre una vez cada 136.656.000 días (aproximadamente 374.152 años o 73 eras mayas). Al parecer hay un error de cálculo ya que no será la fecha del 21 de diciembre de 2012 cuando suceda ese supuesto fin de la Humanidad.

La mayoría de los estudiosos de la civilización maya o mejor habría que decir, de su calendario, dan por válido el año 0 maya como 3.113 a.C., pero esto es debido a una equivocación del sistema astronómico. Si el sistema básico en el que lo fundamentaban todo era el 20, con números comprendidos entre el 0 y el 19, ya que los mayas eran de los pocos que conocían la existencia del 0 (siglos antes que los árabes), todo ello indica que el calendario maya debería terminar el 19.19.19.17.19 (ese 17 en medio es porque esta posición únicamente es múltiplo de 18) y no el 13 (aquí hablamos de los ciclos mayas, cada uno con su número propio de años y no son 13 tan solo sino 20), es decir, que estaríamos hablando del 13 de agosto de 4.771. el del final que vaticinaron, si es que lo hicieron, repito. Además, imaginemos que es la fecha que nos indican estos “estudiosos” de las catástrofes, si fuera así, el 21 de diciembre de 2012 ya habría sucedido, sería el 21 de diciembre de 2005 puesto que el calendario occidental actual, que data del siglo XVI y que corrige el desfase de siete años del calendario del emperador romano Diocleciano, nos indicaría que esos sucesos que supuestamente debieran suceder en 2012 ya debieran haber acontecido, lo que por otro lado me resulta igualmente curioso porque ya he mencionado los fenómenos astronómicos registrados por los observatorios y las agencias espaciales de todo el Mundo en lo que llevamos de siglo, lo que indicaría que ciertamente los mayas sabían que todo esto sucedería aunque al parecer, si lo peor ya ha pasado entonces estamos precisamente en el comienzo de esa nueva era que también profetizaron los mayas: la sexta era o sexto sol. 

Al parecer, para 2012 se prevén, según los astrónomos, otro tipo de acontecimientos, para nada catastróficos como, por ejemplo, un hermoso fenómeno astronómico causado por la conjunción de Marte, Júpiter y Saturno, afirmó el experto Alfonso Arellano, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que ha estudiado las profecías, asegurando que lo que prevén es que el dios Bolon Yokte bajará del cielo, quizás por ser el dios que midió la Tierra con su paso al inicio del tiempo o al menos es como lo interpretaban los propios mayas pero este pueblo, si bien fue, como hemos visto, increíbles, parece que sencillamente eran grandes observadores de los ciclos naturales y cósmicos, sin embargo, nunca anunciaron catástrofes globales y con respecto a la tan temida alineación de La Tierra con el Sol y el centro de la galaxia es algo que ocurre todos los años, precisamente el 21 de diciembre. Los terremotos de gran magnitud tienen una incidencia actual normal según todos los institutos sismográficos mundiales. 

Por lo tanto, sin duda existen amenazas procedentes del espacio exterior como meteoritos o cometas y el clima terrestre puede seguir cambiando a peor aunque para algunos de estos riesgos se sigue estudiando métodos que nos libren de esos impactos o prevean el desastre como una erupción volcánica para proceder con tiempo suficiente a la evacuación pero no se contempla de momento un megadesastre global. Claro que ya he indicado como los científicos están descubriendo lo poco que saben sobre la actividad solar, el comportamiento de La Tierra o de los movimientos de los astros por lo que esa máxima de Sócrates tan conocida de “Solo sé que no sé nada” cobra hoy en día una realidad aplastante, que por cierto es otro de los grandes errores de la Historia. Sócrates no dijo nunca “Solo sé que no sé nada”, sino que lo narró de este modo: “Me dirigí a una persona que me parecía que era sabio, con la intención secreta de decirle al oráculo: Tú decías que el más sabio era yo, y he aquí una persona que es más sabia que yo (…) Sometí a esta persona, cuyo nombre no citaré, aunque habéis de saber que se dedica a la política, a un examen severo por medio de la conversación y del diálogo. Y llegué a la siguiente conclusión: muchas personas creían que éste era sabio y, sobre todo, lo creía él mismo, pero, según mi opinión, no lo era. Y así se lo dije y traté de demostrárselo, lo que me llevó a enemistarme con él y con otros muchos que no estaban de acuerdo con mi afirmación. Al retirarme iba pensando que yo era más sabio que él. Me hacía el siguiente razonamiento: es posible que ninguno de los dos sepa cosa alguna que merezca la pena saber, pero este hombre cree que sabe algo y, en realidad, no lo sabe. En cambio, yo, como, efectivamente, no sé nada, tampoco creo que sé”.

 

Adolfo Estévez

 

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Las profecías del fin del Mundo (1ª parte)

¿Existe el futuro? Porque de ser así y por pura lógica, significa que se trata de un espacio temporal ya sucedido pero no vivido, digamos una dimensión a la que ciertos elegidos pueden acceder por diferentes técnicas. Pero ello nos obliga a preguntarnos igualmente, ¿nuestro camino está ya trazado?

De todas las profecías, las que más preocupación e impacto causan en la opinión pública son, naturalmente, las que hablan del fin del Mundo y lo curioso es que prácticamente todas hablan del final de la Humanidad, casi sin esperanza de redención aunque también aquí han fallado en numerosas ocasiones demostrando ser, en la mayoría de los casos, simples supercherías y si no, recordamos el año 2000 y los anuncios por doquier sobre el Apocalipsis que traería la llegada del tercer milenio; como hemos podido comprobar, no ha sucedido absolutamente nada.

Si le preguntamos a un científico, nos dirá que la religión es tan solo la explicación vanal de todo aquello que el hombre ignora, incluido su propio final, el cual no vendrá dado por la llegada del Anticristo ni ente parecido, sino por el cambio climático, el terrorismo internacional o el impacto de algún cuerpo celeste, un meteorito o un cometa.

La antropóloga Carmen Bonilla cree que el origen de las profecías “está en la creencia en dioses primigenios y en las revelaciones que nuestros remotos antepasados creían recibir de ellos a través del sueño o de visiones psicotrópicas”.

Creo que la razón a las numerosas profecías apocalípticas de todas las tradiciones es infundir temor en la tribu, Ciudad-Estado, Reino, Imperio o República para que no olviden nunca sus gobernantes y gobernados que son solo seres humanos a los que llegará un día el fin en el que serán juzgados por lo que deben obrar con bondad y sabiduría. Esto, en el mejor de los casos porque también está la parte negativa de las profecías y ciertas sectas apocalípticas que solo vaticinan desastres para aquellos que no comulguen con sus ideales y doctrina; estos grupos suelen ser yijadistas o sectas destructivas (los grupos yijadistas son, por naturaleza, apocalípticos: luchan por destruir el Mundo actual para crear una Umma universal bajo el imperio de la Sharía o Ley islámica pero reinterpretada por sus líderes).

En cualquier caso, esas profecías sobre el final de los tiempos coinciden en varios puntos: el fuego que inundará toda la faz de La Tierra, grandes terremotos, una oscuridad que durará años, en fin, el Armagedón.

Apocalipsis y Armagedón

En principio se refiere a la última batalla entre las fuerzas del Bien y del Mal, la cual acontecerá en una localidad de Israel llamada Meggido:

Y los reunió a todos ellos juntos en un lugar que en el idioma Hebreo se llama Armagedón

Apocalipsis, 16, 16

“har” y “megiddo”, estas son las palabras hebreas utilizadas por Juan en su Libro de Revelaciones al que los cristianos católicos y ortodoxos llamaron “Apocalipsis”. La palabra “har” quiere decir montaña o cadena de muchas lomas, esto es, montes pequeños, de escasa altura. Megiddo, o Megiddon, fue una de las grandes ciudades cananeas conquistadas por Josué, el caudillo de las doce tribus de Israel a la muerte de Moisés. Meggido quedaría bajo tutela de la tribu de Manasés. Al ser un lugar de paso entre Egipto y el corredor siriopalestino, adquirió una gran importancia en su día.

Juan habla del Armagedón en su Libro que fue escrito en su destierro-cárcel de Patmos, comenzando su relato con la razón por la que escribe el Apocalipsis, término que procede del griego y significa “retirar el velo” o “revelar”.

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan. Que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto
 Apocalipsis, 1, 1-2
 
 

En la Biblia, no es la primera vez que se habla del fin del Mundo. Lo hacen también los profetas Isaías, Jeremías, Sofonías, Malaquías o el apóstol Lucas.

Meggido es uno de los lugares más sangrientos de la Historia de la Humanidad por las numerosas batallas que se han sucedido en sus inmediaciones y las decenas de miles de muertos caídos en combate, desde la conquista de Josué hasta la Primera Guerra Mundial.

Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios. Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen

Apocalipsis, 16, 1-2

 

Hay quién ha querido interpretar el Apocalipsis como el relato del resurgir de Babilonia que amenazará a toda La Tierra, entendiendo por la Babilonia del siglo XXI a Irak o Irán. Desde luego, dudo mucho que sea el desestabilizado Irak actual pero resulta curioso el poder amasado por Irán en los últimos años y su influencia en el vecino Irak.

Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA

Apocalipsis, 17, 4-5

 

Tanto musulmanes como cristianos creen en la próxima llegada de un líder que enamorará a todos haciéndoles creer que es el mesías redentor, acompañado de otro individuo que en realidad serán demonios, los cuales una vez hayan conseguido su propósito de conseguir la confianza de la población, cuando ya les tengan mansos y dóciles, entonces mostrarán su verdadera faz para sojuzgar a la especie humana. En lo que no se ponen de acuerdo es en el País que llevará el dudoso honor de ser el lugar de residencia del Anticristo: tal vez los Estados Unidos o pudiera ser Rusia, el “Reino del Norte” que profetiza Daniel o Juan cuando habla del ejército de 200 millones de soldados (pudiera tratarse de una alianza entre rusos y chinos, según algunos estudiosos de las profecías bíblicas). Lo que sí parece que ocurrirá, siempre según estas profecías, o mejor habría que decir, según sus interpretaciones, es que una gran batalla o sucesión de batallas tendrán lugar de nuevo en Meggido entre dos grandes alianzas, representando una al Mal y otra a las fuerzas del Bien. Llama la atención el siguiente versículo del Libro de Zacarías, uno de los profetas menores bíblicos, pero no menos misterioso y hermético:

Y el Señor castigará a todos los pueblos que hayan hecho la guerra contra Jerusalén con esta plaga: hará que se pudra su carne cuando todavía estén en pie, sus ojos se pudrirán en sus órbitas y su lengua dentro de su boca

Zacarías, 14, 12

Pudiera estar relatando los efectos que causa una radiación nuclear o un arma biológica como pudieran utilizar los contendientes de una futura sexta guerra entre el moderno Israel y sus enemigos, claro que es lo que quieren ver los más agoreros ya que no pocos historiadores lo que interpretan es algo que sucedió en época del profeta y que él “profetizó” cuando realmente ya había sucedido.

Zacarías vivió entre los siglos VI y V a.C. Una época difícil para los israelitas, exiliados en Babilonia y que regresarían a su tierra bajo el mandato persa, por lo que algunos autores opinan que el Reino de Israel de David y Salomón nunca existió salvo en la imaginación de los que regresaron del exilio, los cuales necesitaban un referente glorioso en el pasado en el que inspirarse para construir el Gran Israel al que aspiraban. Por lo tanto, las profecías de Zacarías pudieran referirse a las calamidades pasadas del pueblo de Israel, no a su futuro.

La utilización del miedo por los grupos apocalípticos

Pero como indicaba al principio, los grupos apocalípticos, ya sean sectas destructivas u organizaciones terroristas, cuentan con una poderosa arma: el miedo, con el que despiertan otros sentidos, como el de culpabilidad y el de frustración al intentar hacer lo que puedas pero no conseguirlo o no esmerarte lo suficiente en ello. El Armagedón juega un papel esencial en aquellas mentes pobres y fácilmente moldeables que esperan un juicio final o creen en ello ciegamente gracias a un eficaz lavado de cerebro en el que se atemoriza a los fieles seguidores con un fin del Mundo en el que todos seremos juzgados y solo podrán entrar en el Reino de los Cielos aquellos que luchen por Dios, Allah, Yaveh o como queramos llamarle.

Los grupos yijadistas, por ejemplo, utilizan sus campos de entrenamiento en Asia Central (Afganistán y Pakistán) o el Sahel para “educar” a sus adeptos en el miedo a Dios y su Juicio Final, lo que los musulmanes llaman la “Hora” o “Waquia”, el final de la Historia, previa al regreso a los orígenes o Génesis. Para captar a sus soldados de Allah solo tienen que convencerles con vídeos llamativos en los que pueden verse proclamas islamistas sobre la superioridad islámica y la Hora del Fin: todo el que no esté del lado de Allah, será exterminado. Si se acompañan estos vídeos de estadísticas, imágenes de musulmanes muertos en bombardeos israelíes o a manos de soldados norteamericanos en Irak o Afganistán, además del miedo a su Dios, nace en ellos verdadero odio infundado por sus instructores, todo ello en una atmósfera asfixiante y hermética que acaba devorando sus personalidades, anulándolas por completo. Lo mismo ocurre con las sectas destructivas, algunas de las cuales han protagonizado las noticias con suicidios masivos o atentados de algunos de sus “iluminados” pensando que obraban por inspiración divina.

El Apocalipsis pareciera más un libro en clave que Juán escribió como carta que llegara a todas las Iglesias cristianas en un siglo en el que estaban perseguidas con lo que para no sufrir castigo, si eran interceptadas por los romanos, decidió escribir unas supuestas profecías del futuro que en cambio indicaban realmente como actuar por parte de las comunidades cristianas, cuyos líderes tenían en su haber el sistema para desencriptar el Apocalipsis de Juan y así poder entender sus consejos. Por ejemplo, cuando habla de la Bestia de siete cabezas, se piensa que se refería a Roma o Ciudad de las siete colinas. Pero con el tiempo, su original función fue olvidada de modo involuntario al carecer de las fuentes originales o de manera totalmente intencional; el caso es que sería declarado uno de los libros canónicos del Nuevo Testamento definitivamente en el siglo VII de nuestra Era.

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Las profecías de San Malaquías

Entonces vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego y había en su cabeza muchas diademas y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones y él las regirá con vara de hierro y pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y  contra su ejército.

Apocalipsis, 19, 11-21

 

El santo cristiano conocido como San Malaquías nació en Amago (Irlanda) a finales del siglo XI, viviendo como lo que era, un monje, pasando a ser sacerdote y finalmente obispo. Su canonización fue temprana, poco después de pasado medio siglo de su muerte. Sería el papa Clemente III quién lo elevaría a los altares y lo que sabemos de él es la recopilación de sus andanzas y hechos efectuada por otro santo y último de los padres de la Iglesia cristiana católica, San Bernardo de Claraval. Malaquías murió en los brazos de Bernardo camino de Roma en 1148 pero las visiones de Malaquías son de mucho antes, ocho o nueve años antes de su muerte.

Por alguna razón, Malaquías comenzó a soñar o a tener visiones sobre los papas desde su contemporáneo, Celestino II hasta el que él vio como último de los pontífices: Pedro el romano o Pedro Romano. El apellido “Romano” procede del latín “Romanus”, que significa natural de Roma. Dos mártires cristianos se llamaron así. En España su origen es cántabro y posteriormente puede oírse en Valladolid y Madrid; también en Asturias. Se dice que fueron precisamente los españoles quienes lo introdujeron en Italia a través de Francisco Cayetano Romano que fue Gobernador de Sicilia durante cuatro años en la segunda mitad del siglo XVII.

¿Quiere decir lo anterior que el próximo papa será español? No tiene por qué ya que los españoles lo extendieron por Sudamérica igualmente, así que pudiera ser español, italiano o sudamericano si queremos creer que Malaquías se refería a Pedro cuyo apellido será “Romano” o tal vez quiso decir que procederá de la mismísima Roma. En cualquier caso, al parecer y siempre según Malaquías, el Mundo se acaba después de ese último pontífice: Pedro Romano o el Romano.

Sin embargo, las Profecías de San Malaquías se mencionan por primera vez en el siglo XVI, por Arnold Wyon, en su libro “Lignum Vitae ornamentaln et decus Ecclesiae”. Resulta curioso que este autor fuese benedictino como Malaquías siglos atrás pero además es aún más curioso que coincidiera este “descubrimiento” de las Profecías de San Malaquías con el cónclave para la elección de nuevo papa, tras la muerte de Urbano VII, como un sutil modo de apoyar a la elección de un cardenal, Simoncelli, dando a entender que había sido profetizado con lo que no elegirle pudiera ser contraproducente, algo así como hacer lo contrario al deseo divino. Pero la argucia no coló y Simonelli no fue elegido papa, por lo que esas supuestas profecías de Malaquías fallaron, al menos en lo concerniente a este papa.

Otro detalle: Bernardo de Claraval, amigo personal de Malaquías y su biógrafo no mencionó las profecías de los papas y en cambio un benedictino siglos después, que no les conoció, lógicamente, lo hace. ¿No quiso San Bernardo hablar de las profecías al no creer en ello? ¿O acaso se alarmó y decidió esconder el secreto? O es una farsa urdida en el siglo XVI para elegir a Simonelli como papa que es lo que yo creo. Y otro fallo fue el del Gregorio Gregorio XIV al no coincidir el nombre y divisa con el dado por Malaquías según Alfred de Wion. Pero por otro lado, pensar que con el último papa el Mundo se acabará es considerar al Vaticano centro del Mundo y esta perspectiva la veo lógica efectuada por un benedictino del siglo XVI, en pleno enfrentamiento entre la católica España (el libro es dedicado a Felipe II de España) y el Imperio Turco, cabeza de la fe islámica por aquel entonces. Sin embargo, seguir pensando que en el siglo XXI Roma es aún el centro del Mundo, hasta el punto de que si desapareciera el papado se acabaría la Humanidad, no tiene mucho sentido hoy en día. Además, los lemas de los papas han sido interpretados como se ha querido por tal de encontrarle alguna lógica a las profecías, como “de labore solis” atribuido a Juan Pablo II, cuando el sol no aparece en el escudo de este papa. Con respecto a “labore” (trabajo), desde luego este papa trabajó incansablemente pero por devolver la Iglesia a tiempos anteriores al Concilio Vaticano II, no para que evolucionase. Es raro que no se haga mención en las profecías a su origen polaco, lo más llamativo de Juan Pablo II, después de siglos de papas italianos.

Se dice que Juan Pablo I cuyo lema fue “de mediatate lunae” sí se corresponde asombrosamente, como casi todos los pontífices, con los lemas atribuidos por Malaquías, pero lo cierto es que hay que hacer un ejercicio complicado para aceptar esa teoría ya que de Juan Pablo I solo podemos considerar el haber sido seminarista en la provincia de Belluno (Italia) para encontrar algo que tenga que ver con la luna en su vida.

“Pastor et nauta” para Juan XXIII, lo que achacaron a que este papa fue obispo de Venecia y Venecia tiene una gran tradición unida al mar.

“Pastor angelicus” para Pío XII. Como resistirse a un lema así que convierte al papa que lo lleve en su escudo en casi un santo, alguien angelical. De hecho, se cree que ayudó a los judíos a refugiarse en el Vaticano de la persecución nazi y en agradecimiento por su inmensa bondad y generosidad el propio rabino de Roma se convirtió al catolicismo.

“Ignis ardens” (El fuego ardiente), divisa aplicada al Pío X en 1903. Muere en agosto de 1914, a las puertas de la Primera Guerra Mundial sin haber un solo indicio de que el fuego ardiente estuviera en su escudo o en su legado.

A fines del siglo XVII, Claudio Francisco Menes­trier publicó en París el libro “Refutación de las Profecías, falsa­mente atribuidas a San Malaquías, sobre la elección de los Papas”. El autor, que era historiador, se basó en lo siguiente, lo que comparto y comento a continuación:

<<El primer indicio de falsificación es el hecho de que, durante cerca de 450 años, a saber, desde S. Malaquías (1148) hasta la obra del monje benedictino que dio a conocer esas supuestas profecías, jamás autor alguno hizo la mínima alusión a la Profecía. El propio S. Bernardo no la menciona, aunque conoció de cerca a Malaquías y eso que escribió no solo su biografía sino que reflejó una profecía del santo irlandés en la que pronosticaba la fecha de su muerte y el lugar además de otra que aseguraba que Irlanda, su patria, sería oprimida y perseguida por Inglaterra, trayéndole calamidades por 7 siglos, pero que preservaría la fidelidad a Dios y a Su Iglesia en medio de todas sus pruebas. Al final de ese período sería liberada y sus opresores serían entonces castigados. Irlanda católica será instrumental en el regreso de Inglaterra a la fe>>.

Si escribió esto, ¿por qué no lo hizo con respecto a las profecías de los papas? Tal vez porque vio que en efecto acertaba en sus pronósticos, como ocurrió con su muerte y pensó por lo tanto que sus visiones sobre los papas se cumplirían igualmente con lo que no quiso alarmar a nadie o porque todo es falso y Malaquías nunca habló de los papas, al menos no en esos términos. Tampoco mencionan los historiadores irlandeses contemporáneos o posteriores a Malaquías este detalle de su vida. Parece ser que Wyon menciona a un tal Ciacconio como su fuente en la que se basa para dar a conocer las profecías pero Ciacconio, presentado por Wyon como autor de un comentario de la Profecía, no alude a este docu­mento en su libro “Biografías de los Papas y Cardenales”, editado en repetidas ocasiones a lo largo del siglo XVII.

No parece posible que un autor inspirado teóricamente por Dios, como piensan los teólogos cristianos de sus santos autores, haya introducido en la lista de los Papas a los antipapas Víctor IV (1159-64), Pascual III (1164-68), Calixto III (1168-78), Nicolás V (1328-30), Clemente VII (1378-94), claro que tal vez éstos debieron ser los papas legítimos y no quienes se sentaron en el sillón de Pedro, en el Vaticano.

Seguro que Malaquías, un monje benedictino observante, nunca haría nada contrario a las Escrituras o los Evangelios y en el Nuevo Testamento, concretamente en “Hechos de los Apóstoles”, Jesucristo dijo, supuestamente, que no competía a los hombres conocer los tiempos y momentos dispuestos por la Providencia del Padre.

Además, la aplicación de los lemas es arbitrario con lo que los papas han podidos ser elegidos atendiendo a lo que las profecías anunciaban, buscándose en los cónclaves lo que pudiera ser indicador o cercano a esas profecías para escoger a quién pudiera relacionarse con ellas en cada momento.

Antes del descubrimiento de las profecías, los papas tienen lemas relacionados con sus biografías: lugares de origen o hechos acaecidos en sus vidas. Después solo se les atribuyen cualidades, como si ya no tuviera el profeta datos biográficos sobre ellos. He puesto el ejemplo de Juan Pablo II. ¿Por qué antes de 1590 se habla de los lugares de los que son los papas y de Juan Pablo II no se hace mención de que es polaco?

A lo anterior respondo lo siguiente: el monje benedictino que dio a conocer las profecías tenía suficiente información y amplia sobre los papas anteriores a su época pero ninguna de los que vendrían después de él con lo que les atribuye lemas tales como “Vir religiosus” (“Varón religioso”), “Ignis ardens” (“Fuego ardiente”), “Fides intrepida” (“Fe intré­pida”). ¿Qué Papa se resistiría a estos calificativos? Lo cierto es que muchos de los lemas escogidos por los Papas posteriores al monje Arnold de Wyon han de sufrir interpretaciones que son verdaderos malabarismos para relacionar dichos lemas con las profecías. 

Cuando el sepulcro del gran Romano hallado, el día después será elegido Pontífice, del Senado sin embargo no será ratificado, envenenado, su sangre al sagrado esquife.

Nostradamus, centuria III, 65

Algunos lo interpretan diciendo que el último Papa será elegido poco después del descubrimiento de la tumba de un antiguo e importante romano. Y coincide con Malaquías en que su elección será un instrumento para que el Anticristo destruya la Iglesia Católica. 

Arnold de Wyon estudio y vivió en Papua, muy cerca de Roma y se dice que gracias a esto pudo haber accedido a esta información que Malaquías dejó oculta en algún lugar de Roma. 

Además de San Malaquías, muchos otros han predecido el fin de las dinastías papales. Jeane Dixon, que ya predijo una alianza entre EEUU y Rusia para luchar contra China, también dijo que hacia finales de siglo un Papa será herido. Y otro morirá asesinado hallándose lejos de Roma. A partir de tal hecho, la Iglesia tendrá un tipo de gobierno distinto al Papado.

Juan de Vatigueiro , en el siglo XIII, predijo que cuando el mundo se encuentre perturbado el Papa cambiará de residencia y durante 25 meses no habrá ningún gobierno ni Papa en la Iglesia de Roma.

Juan de Rocapartida, 100 años después, profetizó que al acercarse el fin del Mundo, el papa y sus cardenales habrán de huir de Roma en trágicas circunstancias hacia un lugar donde permanecerán sin ser reconocidos. El Papa sufrirá una cruel muerte en el exilio.

Nicolás de Fluh, en el siglo XV, previó que llegaría un tiempo en el que la Iglesia quedaría desolada, sin Pedro ni sus sucesores.

Helen Wallraf, vidente, declaró que llegaría el día en que el Papa huya de Roma con la sola compañía de cuatro cardenales.

Anna Katerina Emmerick vio al Papa huyendo, débil y agotado por los muchos pesares y tribulaciones y al Vaticano quemado hasta los cimientos.

Don Bosco, mistico, advirtió al Papa Pío IX de que llegará un día en que una luz brillante resplandecerá en el cielo, en pleno fragor de una batalla. En ese instante, el Papa y sus servidores abandonarán el Vaticano pasando por una plaza cubierta de muertos y heridos. Todo el país sufrirá una gran pérdida de población y la tierra se agitará como arrasada por un huracán y caerá un fuerte pedrisco. Durante doscientos amaneceres, el papa y su séquito vagarán por tierras extranjeras.

Pio X tuvo una visión similar en 1909. Durante una audiencia, el Papa se desmayó y, al recobrar el conocimiento, dijo que llegaría un día en el que el Papa abandonará Roma y será transportado, enfermo, por encima de los cadáveres de sus cardenales.

Las profecías de San Malaquías terminan así:

En la persecución final de la Santa Iglesia Romana reinará Petrus Romanus, quien alimentará a su rebaño en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el temido juez juzgará a su pueblo. 

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 Artículo elaborado por Adolfo Estévez

 

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