Historia de España

Carlos V, señor de Occidente

En Oriente, el Imperio turco era su principal enemigo; más allá no se sabía casi nada, aunque se tenía la esperanza de seguir conquistando territorios en las Indias Occidentales y conseguir con ello mayores riquezas. La verdad es que para Carlos, América era el tesoro que le permitía llevar a cabo sus campañas bélicas en Europa. De haber administrado bien las enormes cantidades de oro y plata procedentes de América, no hubiera dejado en la bancarrota a Castilla que sufría sangrías periódicas para sufragar los gastos imperiales, como Flandes, que no por ser de allí el emperador corrió en este sentido mejor suerte.

La mentalidad de Carlos la fraguaron tres personajes muy influyentes por aquel entonces: su tía Margarita de Austria, que le inculcó su gusto por las artes y la cultura en general (el emperador era un hombre de gustos refinados, todo un sibarita a quién gustaban las fiestas de la corte y no dudaba en rodearse de los mejores artistas del Renacimiento). Otra persona que influyó en él fue el futuro papa Adriano VI. El saqueo de Roma por las huestes imperiales no sucedió bajo el reinado de Adriano, hubiera sido impensable, sino en tiempos de su sucesor, Clemente VII. Un tiempo en el que Carlos deseaba ser emperador de todos, cristianos y protestantes (seguía siendo el defensor de la fé cristiana-católica pero no era el defensor del Vaticano ni de sus papas -salvo después, tras el pacto firmado con Clemente VII- y el ejército imperial, que andaba de un lado para otro por media Europa, con 18.000 soldados, estaba formado tanto por católicos como por protestantes).

Por último, entre sus influyentes mentores, encontramos a Guillermo de Croy, señor de Chievres, un hombre de Estado astuto que fue consciente desde un principio del poder que amasaría Carlos por lo que desde niño estuvo a su lado en todo momento, casi como un padre (su verdadero padre, Felipe el Hermoso, murió cuando Carlos tenía seis años).

Al morir Fernando, el Católico, rey de Aragón, Carlos es proclamado regente de Castilla y Aragón por lo que un año después marcha a España pero al no saber castellano deja todas las tareas de gobierno en manos de sus consejeros quienes no dudaron en acaparar los mejores puestos y en derivar los impuestos castellanos a la financiación de los gastos de Los Paises Bajos.

Para evitar males mayores, aunque la verdad es que las cortes de Castilla estaban divididas entre los partidarios de Carlos, los de su hermano Fernando y los pocos que aún tenía la madre de ambos, Juana la Loca, el rey Carlos I de España decidió firmar todos sus documentos castellanos con el reconociendo a su madre como reina, figurando en primer lugar. Con su hermano, el problema quedó resuelto al enviarle a Flandes, a fin de cuentas era menor que él. Eso sí, Carlos tuvo que jurar lealtad a las leyes castellanas y aragonesas y a los foros catalanes. Pero los consejeros flamencos seguían en sus puestos por lo que los grandes nobles de Castilla seguían enfadados. Aún así, Carlos consiguió 800.000 ducados de Castilla y Aragón para poder pagar sus derechos al trono imperial en lo que también le ayudarían algunos banqueros como Jacobo Fugger.

El emperador no descansaba y siempre estaba de un lado para otro por todos sus reinos. De hecho, su propia esposa llegó a estar seis años sóla al encontrarse su marido siempre de viaje o residiendo en aquellos reinos donde interesaba hacer escala para poder hacer campaña y captar partidarios o recaudar fondos.

Se uniría a su prima hermana Isabel de Portugal para reforzar sus vínculos con Portugal, razón por la que Felipe II, el hijo de ambos, sería proclamado rey de Portugal uniéndose los dos reinos y formando el imperio territorial más grande hasta entonces conocido, el imperio donde nunca se ponía el sol (con Felipe, parecía que el imperio universal podía construirse).

La luna de miel ente los dos cónyuges fue en Sevilla y Granada quedando el emperador enamorado de esta última ciudad y mandando construir el palacio que lleva su nombre en el recinto interior de la Alhambra.

Pero Carlos era un hombre de acción y siempre estaba batallando. Cuando su esposa murió, él se sumió en un enclaustramiento en el que no quería ver a nadie. Sería la rebelión de su ciudad natal la que le devolvería a la realidad, pues no querían seguir pagando impuestos mientras otras ciudades italianas y alemanas no lo hacían. Carlos sofocó la rebelión con su sola presencia y castigó a los rebeldes. Tuvo que enfrentarse a una coalición entre Enrique II de Francia y los príncipes protestantes y además hacer frente al peligro turco. Los enemigos eran demasiados aunque él solía salir airoso de los enfrentamientos. Sin embargo, Enrique II consigue algunas victorias, Enrique VIII de Inglaterra rompe su pacto con el emperador, Solimán, el sultán turco no cesa de atacar y en Castilla las revueltas y las quejas por los elevados impuestos están a la orden del día.

Por fin, en 1555, el emperador, cansado ya de tanto ajetreo, deja el gobierno de los Paises Bajos en manos de su hijo Felipe, para que se vaya haciendo a las labores de Estado. Un año después le cede el trono de Castilla y Aragón y todas sus posesiones excepto el gobierno imperial que pasa a manos de su hermano Fernando.

En 1558, con 58 años, el emperador muere en su retiro de Yuste, cansado y enfermo y con él moría el sueño de un rey para todo el mundo abierto a tendencias nuevas pero realista en las tareas de gobierno, práctico, eficaz. El gran problema de Carlos fue que como administrador y más como gestor económico, fue pésimo pero su idea de una Europa unida es el primer hito al respecto y origen de lo que hoy conocemos como Unión Europea. Solo dos hombres más estuvieron a punto de conseguir la unión: Napoleón, gran estratega como Carlos V pero cegado por su ambición y Hitler, éste último de tan triste rescuerdo y es que Europa es un conglomerado de pueblos diversos que no puede unirse por la fuerza. Solo la diplomacia y la democracia han hecho posible una realidad como la actual. Esto Carlos V lo reconoció al final cuando recomendaba en su testamento a su hijo Felipe que procurara no guerrear innecesariamente pues los Estados se encontraban agotados y cansados y la guerra no trae nada bueno.

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La verdad sobre la Armada Invencible

Felipe II era el defensor de la fe católica ya que su padre Carlos así se lo había impuesto en su testamento. Además estuvo casado con María, la hermana de Isabel I, pero aquella, enloquecida por no darle hijos, acabó muriendo sin ser correspondida por su marido, que debió ser alguien imponente porque se piensa que Felipe también encandiló a Isabel, a la que veía como una muchacha simpática pero insignificante.

Cuando, una vez muerta María, la corte de los Tudor presentó al Rey de España la oferta de casarse con la nueva soberana, Isabel, ciertos informes aconsejaban no hacerlo pues al parecer la joven reina hubiera podido heredar alguna enfermedad genética. Fuera cierto o no, Isabel fue rechazada y desde ese momento su odio hacia Felipe de Habsburgo y todo lo español se incrementó de tal modo que llegó a ser enfermizo; una verdadera obsesión.

Ordenó atacar a las flotas españolas del Atlántico, lo que ninguna otra potencia se había atrevido, ni siquiera Francia, para lo que recurrió a piratas. Abrazó el anglicanismo impuesto por su padre, Enrique, hijo del primer rey de la dinastía Tudor y modernizó su flota con los últimos avances marítimos lo que hacía sus barcos más veloces e idóneos para el comercio ya que podían ir armados y ser utilizados también para la guerra.

Isabel sabía que intervenir en Europa era un suicidio pues los tercios españoles eran invencibles pero tal vez en el mar pudiera plantarle cara al coloso español. Estudió la flota española gracias a sus espías y supo que los navíos de guerra de Felipe II eran muy poderosos por su número de cañones e incluso por su robustez haciendo casi imposible el abordaje o hundirlos mediante una embestida. Pero ese era precisamente el handicap de la armada española: su lentitud y su dificultad para maniobrar.

La empresa de la armada invencible surgió a raíz de los ataques sucesivos de los piratas ingleses. Al igual que hoy en día los Estados Unidos de Norteamérica, entonces España contaba con un excelente servicio de espionaje, clave para mantener la supremacía en el continente europeo (las demás posesiones nunca interesaron demasiado, tan solo se explotaba sus riquezas para pagar las costosas campañas y la influencia en Europa). Se supo que los espías estaban a las órdenes de la Reina Vírgen, como era conocida Isabel, por haber declarado públicamente, después del rechazo de Felipe, que permanecería soltera toda su vida (dicen que aborrecía a los hombres pero es sabido que tuvo claros favoritos siempre cerca suyo).

Por fin, Felipe de España ordena al experimentado Don Álvaro de Bazán que construya la mayor flota que los mares hayan visto nunca y que invada Inglaterra, apoyado por los tercios de Flandes a los que se recogería en un puerto seguro de este territorio. Pero Bazán, que había dicho que la empresa no era difícil, teniendo en cuenta el potencial español y la debilidad inglesa, se encontró con múltiples obstáculos y zancadillas de otros nobles hasta que su muerte obligó al rey a poner al frente del proyecto al duque de Medina Sidonia y al mando de las fuerzas de tierra al duque de Parma, sobrino del rey pero a diferencia del duque de Medina Sidonia. el de Parma tenía una sobrada experiencia militar. Alonso Pérez de Guzmán, a la sazón, duque de Medina Sidonia, carecía de esa formación. Aún así, el rey confió en él a pesar de las voces en contra. Es de suponer que debió existir algún tipo de contraprestación o se pensaba que la empresa era sencilla lo que ayudaría en promoción del duque. En cualquier caso, no solo fue el responsable del fracaso de la armada sino también del saqueo de Cádiz cuando fue atacada por la armada inglesa, ocho años después de la Armada Invencible. Y a pesar de todo, Felipe II le mantuvo como Capitán General del Mar Océano.

En principio, la suerte estaba echada para Inglaterra ya que además el Papa bendecía la expedición pues se trataba de una cruzada en contra de un reino de excomulgados. Cuando la noticia llegó a las cortes europeas nadie podía imaginar que Inglaterra pudiera salvarse.

Al mando de la flota inglesa estaba el conde de Nottingham que a punto estuvo también de perder su escuadra si no hubiera sido por sus lugartenientes, el famoso Sir Francis Drake (que se piensa tuvo algún amorío con la reina) y John Hawkins. Como al final salió bien parado el conde, se le mantuvo en el cargo de almirante de la marina inglesa e incluso llevó a cabo el saqueo de Cádiz en 1596.

La Armada ciertamente consiguió tener una capacidad demoledora (imaginemos el terror que vivían en Inglaterra al saberse objetivo de España y la posibilidad muy real de una invasión con semejante armada acercándose a sus costas y los tercios, de los que se habían oído historias terribles, esperando en Flandes como refuerzo; o el vigía que les vio primeramente, al comprobar como los barcos dominaban toda su visión del horizonte frente a él): estaba compuesta por 130 navíos con una fuerza humana formada por 8.253 marinos, 2.088 remeros y 19.295 soldados de infantería, llevando artilugios y maquinas para asedios, pero la fortuna no estuvo de su lado o mejor habría que decir la climatología adversa para una fortaleza flotante como aquella y su dificultad para maniobrar con ligereza y la inexperiencia del duque de Medina Sidonia que desaprovechó una excelente oportunidad de atacar, un día que los vientos amainaron. Claro que no toda la culpa era del duque, el rey tuvo mucho que ver.

Felipe II insistía a sus nobles y comandantes que nunca hicieran nada sin su consentimiento y exigía estar informado de todo lo que ocurría en sus vastos territorios, aún con la dificultad que entrañaba tal actitud porque los correos no eran tan rápidos por aquel entonces y hasta que llegaba la orden del rey podía ocurrir cualquier cosa, algo que desesperaba sobre todo en Flandes, donde las revueltas eran continuas.

En el caso de la Armada Invencible la orden era tajante: no entrar en batalla hasta reunirse con las fuerzas de Alejandro Farnesio. Y cuando por fin llegan a Los Paises bajos, el duque de Parma dice que no piensa embarcar a sus tropas mientras estén atosigados por buques holandeses (aliados a Inglaterra) e ingleses. Una medida lógica ya que realizar el traslado de sus fuerzas con tanta inseguridad era una irresponsabilidad que no podía asumir Farnesio y menos mal ya que de lo contrario, Flandes hubiese quedado desprotegido.

Mientras tanto, las ligeras naves inglesas, sin llegar a acercarse del todo porque hubieran sido despedazadas, atosigaban una y otra vez con incursiones breves pero efectivas. En el Canal de la Mancha, con las fuertes corrientes y las tempestades típicas de la zona, los españoles se habían metido en la boca del lobo.

Otra oportunidad que se perdió fue, precisamente, cuando la Armada llegó al Canal, un día en el que asombrosamente no había apenas viento. Si hubieran atacado entonces, sin duda Inglaterra hubiera caído ya que el temor de Isabel y sus súbditos era que si la Armada Invencible conseguía desembarcar sus efectivos, no contaban con un ejército capaz de frenarles. Si el duque de Medina Sidonia hubiera atacado en ese momento y establecido un puente marítimo entre Flandes e Inglaterra para trasladar a los tercios mientras las fuerzas de la Armada, ya desembarcadas, iniciaban la invasión, con otros barcos que protegieran el puente de los ataques holandeses, los cuales no hubieran podido hacer nada ante dicho despliegue e incluso hubiesen corrido tal vez peor suerte que los ingleses, si el duque hubiera hecho caso de sus asesores militares que le recomendaban atacar, entonces Felipe II hubiera sido rey de Inglaterra por segunda vez y es que hay un detalle que a los ingleses no les gusta admitir: el rey de España llegó a ser, a pesar del fracaso de la invencible, rey consorte en Inglaterra, pues estuvo casado con la hermana de Isabel pero ningún inglés o inglesa han sido nunca reyes de España.

El drama que continuó al desastre de la Armada Invencible es de película, sin duda, una verdadera tragedia. Debido a los continuos ataques, la imposibilidad de maniobrar bien y el tiempo tan adverso así como las naves incendiarias que los ingleses enviaban contra la Armada ya que no osaban acercarse, preferían atacar de ese modo (una medida que no es cobarde sino muy astuta, se trataba de sobrevivir, sencillamente), al final el duque da la orden de replegarse e internarse en el Mar del Norte pero fue otro gran error. La idea era no volver a atravesar el Canal de la Mancha, sin embargo los arrecifes a los que un error de cálculo y meteorológico les llevó hicieron el resto. La verdad es que causaron más perdidas los naufragios que los ataques ingleses. Cuando los españoles huyeron del Canal de la Mancha, la Armada, aunque tocada seriamente, seguía siendo temible. Si en vez de rodear las islas británicas, hubieran marchado a Dinamarca que estaba dentro del Imperio Romano Germánico y por lo tanto posesión de los Austrias, se hubiera reparado y habría contraatacado con un plan mejor. Pero el duque de Medina Sidonia creyó que podía bordear las islas y encontrar un lugar más idóneo para la invasión o sencillamente huir, razón esta última la más probable pues ya no contaba con las fuerzas del duque de Parma como refuerzo y ante el temor de que el rey le castigara por desobedecer sus órdenes, optó por regresar.

Un fenómeno meteorológico que irregulariza el magentismo terrestre y desorienta a cualquier brújula afectó a la Armada con lo que el barco guí, cuando estaba convencido de que se dirigía mar adentro, realmente lo que estaba haciendo era dirigirse a la costa y con ello a los acantilados irlandeses no dando crédito los ingleses de lo que veían sus ojos: la Armada estaba naufragando ella solita. Evidentemente, ellos sí que no desaprovecharon la ocasión de pasar a cuchillo a prácticamente todos los supervivientes del naufragio, a fin de cuentas, sus enemigos que semanas atrás pretendían invadirles y que a saber lo que hubieran hecho con ellos y sus familias. Los ingleses no se pararon a comprobar si los españoles eran tan fieros, desoyeron sus súplicas de clemencia matando a todo el que encontraban. Otros consiguieron refugiarse en casas de lugareños irlandeses quienes odiaban a los ingleses como nadie. Se calcula que los ingleses mataron a 10.000 españoles. No es para que se sientan precisamente orgullosos pues ni hundieron ellos la Armada, ni se dieron cuenta realmente de que el peligro había pasado hasta que vieron a los barcos españoles naufragar ya que hasta ese momento no había quién les quitara el miedo en el cuerpo (que por cierto fue el almirante Lord Howard de Effingham quién le atribuyó el añadido de “invencible”, mofándose), ni actuaron precisamente con caballerosidad: es curioso como acusaban a los conquistadores españoles de realizar masacres de indios en América y la verdad es que, en cierto modo, así fue, pero aquellos que les criticaban o que alimentaron la posterior Leyenda Negra española, sobre todo los ingleses, debieran hacer acto de conciencia y reflexionar un poco si sus antepasados obraron como debieron.

El odio hacia los españoles era tal que no hubo presos, todos murieron ahorcados, sino cuando eran detenidos, poco después. A su regreso, la Armada solo traía 66 buques, de los 130 que zarparon y 10.000 hombres, de los 30.000 que embarcaron. Sin embargo, los ingleses no se hicieron con el dominio de los mares como se ha dado a entender. España seguía siendo muy poderosa y prueba de ello es la frase que Felipe II pronunció al enterarse del desastre: “Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades. Doy gracias a Dios por haberme dado medios para poder sufrir fácilmente una pérdida semejante y porque todavía estoy en situación de volver a construir otra flota tan grande. Una rama ha sido cortada, pero todavía está verde el tronco y puede producir otras nuevas” y eso que la empresa había costado 40 millones de ducados (podemos hacernos una idea de la riqueza española teniendo en cuenta que el ducado tenía un peso de 3,6 gramos de oro) y es que por aquel entonces las riquezas americanas aún fluían sin parar, de ahí que resultaran tan peocupantes las expediciones inglesas y una cosa más. Meses después del desastre de la Armada, animados por lo que creyeron fue una victoria de su poderío naval, los ingleses se dirigieron a Lisboa donde sufrieron un serio revés. Pero claro, de esto no se acuerdan. Afortunadamente, en la Gran Bretaña actual los científicos e historiadores son personas en su mayoría honestas y son precisamente ellos quienes descubrieron el problema técnico motivado por el extraño fenómeno meteorológico que condujo a la Armada Invencible a un infierno que para nada podían imaginarse cuando se embarcaron en tan increible aventura

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El caso del Maine

Resulta extraño que si el día tres de febrero el Maine se preparaba para salir del puerto se quedara doce días más. En principio había llegado a La Habana en misión de buena voluntad ya que los gobiernos de Estados Unidos y España tenían un conflicto abierto diplomático por la posesión de Cuba que reclamaban los primeros ante la negativa española a vender la isla.

Evidentemente, la otra opción era provocar una guerra que sin duda ganarían los Estados Unidos y en el tratado de paz podrían pedir Cuba y sin que les costara nada. El Servicio secreto norteamericano sabía que España contaba con un ejército cuyos medios no tenían nada que hacer frente a los amplios recursos del ejército norteamericano.

Finalmente, se decidió la intervención militar pues se acusaba a España de haber hundido el Maine con algún artefacto desconocido. Todos los Gobiernos europeos sabían que era una excusa de los Estados Unidos y su presidente Mckinley para invadir Cuba y aún así nadie hizo nada, no se ayudó a España a pesar de su ruego como aliado que era. Todos miraron a otro lado.

En la comisión investigadora del desastre del Maine se pudo ver como no había peces muertos en el lugar del hundimiento, señal de que la explosión se produjo dentro del buque, concretamente en la zona de las calderas, como se pudo saber después ya que los buzos que investigaron el fondo marino dieron directamente el resultado de sus indagaciones a sus superiores jerárquicos no contando con la comisión española en ningún momento.

Como se trataba de un navío norteamericano, las autoridades de Estados Unidos prohibieron a las españolas de la isla que se acercaran al buque aunque estuvieran en suelo español por lo que los investigadores españoles, temerosos de causar un conflicto internacional, decidieron mantenerse aparte y entrevistar a testigos oculares sobre lo sucedido.

Todo indicaba que un fallo mecánico o un error humano había hecho posible la explosión, sin embargo, aunque los Estados Unidos incluso agradecieron a España su colaboración en la ayuda a los supervivientes, acabaron echándole la culpa poco después, alegando que habían descubierto indicios de un ataque con una mina por lo que acabaron declarando la guerra a España.

Lo cierto es que en los meses posteriores los Estados Unidos buscaban la excusa perfecta para declarar la guerra pero más inquietante es que semanas antes del hundimiento del Maine, la flota del Pacífico realizara ejercicios de tiro, como preparándose ante lo que venía. Prefiero no pensar que fue un suceso orquestado y premeditado por los Estados Unidos, peor en este caso porque no permitieron que la comisión española participara en la investigación lo que no tiene sentido a no ser que ocultaran algo.

Todavía hoy en día, más de un siglo después, se ignora la verdad en torno al Maine. Los restos del barco fueron remontados a alta mar y hundido con honores por parte de la flota del Atlántico de los Estados Unidos y existe un monumento en honor a las víctimas en el Malecón de La Habana. Sin duda alguna, los más perjudicados fueron los marinos norteamericanos que se vieron en medio de un conflicto que acabó con sus vidas sin haber participado en el mismo.

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La agonía de Franco

A finales de septiembre de 1975, el general Franco sufre un infarto. No sería el último. Entre esas fechas y el doce de octubre sufre otro. El día de la Hispanidad cae enfermo de gripe y sus médicos le recomiendan reposo absoluto. El jefe del Estado tiene 82 años de edad y un acusado Parkinson. Todos ven su deterioro pero aparentemente Franco está aún sano por lo que nadie se atreve siquiera a plantearle que releve la Jefatura del Estado en el príncipe de España, Don Juan Carlos, entre otras cuestiones porque no se tiene claro que su alteza esté capacitado para ostentar ese cargo.

Mientras tanto, en Marruecos, Hassan II planea dar un golpe maestro a la dictadura franquista aprovechando la enfermedad y claro declive del caudillo para impedir que el Sáhara Occidental se independice a la muerte de Franco, como se prevé. Si esto ocurriera, los saharauis, en agradecimiento, recurrirían a las empresas españolas para que explotaran sus recursos naturales que parecieran inagotables. Dichos recursos han de ser para Marruecos, piensa Hassan, por lo que se dispone a mover ficha en el intrigante tablero de ajedrez en el que se habían convertido las relaciones diplomáticas hispanomarroquíes con la participación de otras potencias que permanecían expectantes ante lo que pudiera ocurrir en España y el futuro del Sáhara (ni Francia ni los Estados Unidos avisaron a España de lo que el rey de Marruecos urdía a pesar de ser aliados pues ellos también tenían claros intereses en la zona; Francia porque ejercía una gran influencia en toda África Noroccidental y Estados Unidos porque consideraba la región como muy estratégica –en la actualidad, en Marruecos se encuentra el mando militar regional norteamericano de África, desde donde controlan sus bases e intereses militares, económicos y políticos en todo el Continente-).

Marruecos prepara la famosa “marcha verde” que movilizará a 300.000 marroquíes, supuestamente desarmados, a la frontera con el Sáhara Occidental. Al otro lado les esperan 20.000 soldados españoles con mejor preparación y medios que el ejército marroquí que de todos modos ha concentrado también a otros 20.000 soldados cerca. Las autoridades españolas advierten que la frontera está minada y que de continuar la marcha verde pudiera ser una masacre. La situación es muy tensa y aunque en principio Arias Navarro, presidente del Gobierno, no quiere informar al jefe del Estado, debido a su precario estado de salud, éste se entera por su médico personal y yerno, el marqués de Villaverde.

Los españoles no saben nada de lo que ocurre. Ignoran que Franco ha sufrido ya tres infartos y los planes marroquíes hasta que la presión de Hassan II es insoportable y el Consejo de Ministros decide comunicarlo pero con muchas reservas para no dar la impresión de que el Movimiento Nacional Católico está en las últimas ya que podría provocar manifestaciones y movilizaciones de la izquierda que permanece en la clandestinidad e incluso atentados de ETA que ya había matado a 47 personas afines o funcionarios del Régimen, incluyendo al presidente Carrero Blanco en 1973, lo que le confirió a la organización vasca cierto aura de banda extremadamente peligrosa a la que las Fuerzas de Seguridad ya tenían un gran respeto pues sabían de lo que eran capaces esos terroristas que por entonces son más una banda antifranquista que independentista.

El 30 de octubre, don Juan Carlos asume la jefatura del Estado. No es la primera vez que lo hace en vida de Franco, el año anterior ya lo había hecho pero los altos mandos militares y jefes del Movimiento desconfían del joven príncipe. Creen que no está a la altura de la situación. Se equivocan: don Juan Carlos demostrará ser un hombre sumamente astuto y jugará con ellos en su propio terreno hasta convertir a España en una democracia plena sin derramar sangre ni confrontaciones y traspasando el poder de los anteriores órganos falangistas a los nuevos democráticos de manera legal, instaurando nuevas ordenanzas y todo de un modo progresivo pero dando pasos firmes y seguros.

Sin embargo, en esos momentos, la situación es de mucha incertidumbre. Las fuerzas españolas en el Sáhara esperan orden para defender el territorio y se preparan para entrar en combate. Nadie sabe qué hacer. El príncipe cree en ese momento, como todos, que la guerra es inevitable y será él quién tenga el papel detestable de declararla.

Los médicos que atienden a Franco tienen mucho miedo a que se tergiverse lo que ellos dicen sobre el estado de salud del generalísimo o que se les acuse de no atenderle como es debido por lo que firman ante notario y en secreto un documento en el que narran todo lo que acontece en torno a la agonía del dictador, un verdadero vía crucis que comienza realmente el día dos de noviembre, cuando Franco sufre una hemorragia incontenible (los médicos dirían más tarde que sangraba más de lo que les daba tiempo a transfundir).

El cirujano Juan Abarca, testigo de la agonía de Franco recuerda que el procedimiento que siguieron desde un principio dejó mucho que desear. Probablemente por la importancia del paciente y el miedo a que algo saliera mal lo que motivó que las cosas se hicieran aprisa y corriendo y sin meditarlas lo suficiente: había que buscar soluciones inmediatas antes de que se pensara que no sabían qué hacer o que pretendían matar al generalísimo o a saber que podían pensar los jerarcas del Régimen; el miedo en el equipo médico era palpable.

Ante la urgencia del momento, deciden operar a Franco en el Pardo para lo que acondicionan de mala manera un cuartucho que servía como dependencia para la guardia del palacio y que llevaba cerrado varios años, pero se produce una escena inaudita: la habitación de Franco y el pasillo contiguo así como la escalera no permiten que sea trasladado en camilla ya que son estrechos por lo que se lleva al dictador en una sábana empapado en sangre y completamente desnudo. Francisco Franco, vencedor de la Guerra Civil española, caudillo de España y capitán general de sus ejércitos, conducido como si fuera un mendigo al que hayan encontrado tirado en la calle desangrado y operado de cualquier manera como solución de urgencia.

En vez de practicar una resección total del hígado dañado de Franco, o sea, su extirpación, se le practica la resección de una tercera parte del órgano defectuoso, concretamente lo que se cree está dañado cuando el manual recomendaba en esos casos extraer todo el órgano con lo que se hubiera extirpado el mal del todo y Franco hubiera vivido con casi toda seguridad, desorientando a todos incluido a Hassán II que esperaba ansioso su muerte. Pero el destino y la Historia son así.

Tal vez Franco debía morir entonces porque de haber sobrevivido es más que probable que hubiera ordenado que el Sáhara se defendiera militarmente y la declaración de guerra a Marruecos, conflicto que con casi toda seguridad hubiera ganado España pero con un saldo de muertos importante, sobre todo civiles marroquíes que hubieran caído en la marcha verde hacia el Sáhara (el rey de Marruecos demostró que su súbditos no le importaban lo más mínimo cuando les comunicó a las autoridades españolas que calculaba que morirían 30.000 marroquíes de la marcha verde y que sería la excusa que necesitaban para entrar en guerra con España). El conflicto le hubiera pasado factura a España pero también pudiera haber reforzado al Régimen al salir victorioso de la guerra dando una imagen de poder ante el Mundo con lo que la Historia de España hubiera sido distinta. La transición política se habría retrasado, los poderes del Movimiento hubieran tramado para encontrar un mejor sustituto que don Juan Carlos, alguien que mantuviera vivo el espíritu franquista.

O era tal el miedo que se le tenía al carisma de Franco y a su aparato represor que el rey lo hubiera sido de todos modos pero sabemos que el marqués de Villaverde quería a su hija emparentada con la realeza (se casó con Alfonso de Borbón, primo del rey) y por lo tanto, con un generalísimo todavía vivo, el marqués hubiera tenido tiempo suficiente para que Franco cambiara su testamento y dejara al frente del Estado a su yerno.

Personalmente creo que don Juan Carlos hubiera sido proclamado rey de todas maneras pero más tarde y todo hubiese sido como ha ocurrido pero en una época más tardía. Ahora bien, imaginemos por un momento que Franco no muere en 1975; ¿qué hubiera pasado con Hassán II? El ejército español invadiendo Marruecos en momentos de crisis energética y por lo tanto con un Sáhara convertido en Comunidad Autónoma española como posteriormente lo serían Andalucía, Cataluña, Aragón, etc. y un protectorado en Marruecos como lo tuvo España en los años 40. Las empresas españolas se hubieran hecho con los enormes recursos naturales saharauis y España se habría convertido en una gran potencia en todos los aspectos.

Pero nada de lo anterior ocurrió por que el destino no lo vio prudente. La época imperialista española había pasado hacía tiempo y don Juan Carlos estaba llamado a superar una dura prueba: la transición española de la segunda mitad de los 70 y primeros años 80. Franco, por lo tanto, tenía que morir.

¿Pretendo decir que alguien tramó para que Franco muriera? Con los datos que tenemos en nuestro poder no se puede afirmar ni negar, lo que sí está claro es que se le mantuvo agonizando en lo que ya resultaba una crueldad incluso para un dictador y el marqués de Villaverde tuvo mucho que ver en su horrible agonía. Se cuenta que el marqués era un hombre muy ambicioso y probablemente esperaba algún trato de favor por parte del rey pues cada vez se veía más claro que el Régimen iba a desaparecer con Franco, pero éste no terminaba de morir.

El general siempre gozó de un envidiable estado de salud, incluso en sus últimos días. La madrugada de la operación en El Pardo, la luz se fue y tuvieron que despertar de urgencia al electricista del pueblo para que solucionara la avería. Además el suelo del improvisado quirófano estaba mojado por lo que los cables chisporroteaban y se mantenía iluminada la operación de vientre abierto con linternas. Aún así, Franco sobrevivió a las tres horas de intervención.

El cinco de noviembre, Franco entra en crisis de nuevo pero en esta ocasión es trasladado al Hospital de la Paz. El traslado en ambulancia es peligroso pero Franco llega vivo. Pareciera que nada ni nadie pudiera con este soldado que se resiste a morir.

El 19 de noviembre, después de dos largas semanas de agonía sin fin, se produce otro hecho que ha dado mucho que hablar y que sostienen los partidarios de la conspiración o complot para acabar de una vez con el dictador y hacer posible el cambio de Régimen.

Tanto el presidente de las Cortes como el del Consejo del Reino, los dos más altos cargos del Movimiento junto al del presidente del Gobierno que ostenta Arias Navarro, verán prorrogados sus mandatos por seis años más si Franco sobrevive ya que el 26 de noviembre expira el mandato de los dos mandatarios franquistas que esperan sea renovado como ocurrió con Arias un año antes, confirmado en su puesto por el mismo Franco.

En un ascensor del Hospital el rey le dice al marqués de Villaverde que la situación es insostenible. Éste decide echar a todos los médicos de la planta, solo queda la guardia personal de Franco y casualmente el dictador moriría a las pocas horas. Nos encontramos ya en el día 19 de noviembre. Según el único superviviente que queda del equipo forense que trató a Franco ya cadáver, el doctor Piga, el 20 de octubre, cuando aún Franco no ha sufrido las crisis que le llevarían a las intervenciones quirúrgicas posteriores, recibe la visita de uno de los médicos del jefe del Estado quién le insta a tenerlo todo preparado para amortajar al general cuando muera. El día 19, por la noche, recibe la llamada que durante todo noviembre estuvo esperando y cuando llega al Hospital no encuentra a ningún médico. Posteriormente, una vez terminado su trabajo, tanto él como sus colegas forenses son acompañados por el jefe de la guardia de Franco. En el comunicado oficial se diría que Franco murió a las 05:25 cuando realmente lo hizo en torno a las once de la noche anterior.

El rey tenía vía libre para hacerse con el poder y nombrar a hombres de su confianza para dirigir los designios del País y así fue de hecho, nombrando a su mentor, Torcuato Fernández Miranda, considerado uno de los artífices de la transición, para ejercer los dos cargos y un año después Adolfo Suárez sería nombrado por el rey como presidente del Gobierno a pesar de que Arias Navarro había renovado su cargo por orden de Franco hasta 1979, pero Arias no entraba en los planes del rey: enterrar el anterior Régimen con su fundador y eliminar de la vida política a los franquistas que aún quedaban. Había terminado la era de Francisco Franco Bahamonde, caudillo de un grupo de españoles; comenzaba la de Juan Carlos I de Borbón y Borbón, soberano de todos los españoles.

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Alfonso Estévez

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Objetivo: matar a Franco

El complot de los cabos es posible que hubiera salido bien de no ser por un soldado que atemorizado ante la magnitud de lo que se disponían a hacer y horrorizado por si salía mal lo que supondría un consejo de guerra y la muerte, decidió comunicárselo al jefe del regimiento quién, alarmado, movilizó a la guardia de seguridad del acuartelamiento que llevaba a cabo su turno en ese momento y se produjo la detención de los 50 implicados.

De haber matado a Franco ese mismo día, evidentemente la Historia de España hubiese sido muy distinta, con casi toda seguridad ya que sin el apoyo del ejército español de Marruecos, comandado por el general Francisco Franco, la guerra o no se hubiera librado o se habría vuelto del lado republicano y desde luego hubiera durado menos.

La suerte corrida finalmente por los cabos Veintemillas y otros fue la pena capital si bien algunos serían asesinados con total impunidad por la Falange.

También en 1936, el agente doble Philby participaría en un plan para atentar contra el general utilizando a un anarquista llamado Justo Bueno, que con una cámara fotográfica donde llevaba escondida una pistola acabaría con la vida de Franco pero la entrevista, concedida a Philby para The Times, que daría lugar al desenlace no se realizó por lo que el atentado se frustró. Philby trabajaba para la Unión Soviética como espía en España utilizando como cobertura su profesión de periodista occidental.

Desde 1944, monárquicos y anarquistas se reúnen en repetidas ocasiones para planear matar a Franco ya que los primeros temen que el general no quiera devolver a España la monarquía y los segundos porque han luchado contra él en la guerra. Tan extraña pareja de corrientes políticas tan dispares se une para acabar con el jefe del Estado fascista nacido de la Guerra Civil española.

En 1947, en un viaje de Franco a Barcelona, un activista de la resistencia estuvo a punto de matar al generalísimo, como era conocido el dictador, a su paso por el monumento a Colón pero en el mismo lugar había niños que esperaban la llegada de Franco por lo que no activó la bomba que tenía preparada.

En 1948, una avioneta salía del sur de Francia con destino San Sebastián con el objetivo de matar a Franco que pasaba sus vacaciones en la localidad vasca. Llevaban 25 kgs. de explosivos que pensaban tirar sobre el barco del dictador pero cuando se encontraban cerca se asustaron ante la posibilidad de que un caza les alcanzara y desistieron de su intento; llegaron a sobrevolar a Franco pero se asustaron en el último momento.

Sería en 1962 cuando se planificaría por primera vez un atentado a Franco con la participación de ETA. La idea era minar la carretera por la que se llegaba a la residencia de Franco en Ayete, en San Sebastián.

ETA se encargaría de los explosivos y las armas así como de la logística pero quienes llevarían a cabo el atentado sería la organización “Defensa Interior” (DI), de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Desde Madrid se enviarían mensajes cifrados para alertar a los comandos de la salida del general hacia Galicia ya que presidiría allí una serie de actos antes de dirigirse a Guipúzcoa.

ETA fue creada por Julen Madariaga, entre otros, diez años antes pero no sería hasta 1961 cuando se darían a conocer con el atentado contra un tren en que voluntarios franquistas se dirigían a San Sebastián con motivo del 18 de julio.

Por su parte, Defensa Interior, también conocida como el “submarino” es el ala dura de la CNT, aunque participa en el proyecto la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y es creada en 1961 con el único objetivo de acabar con la vida de Franco

En mayo de 1962 se produce la histórica primera asamblea de ETA donde se proclama el MLNV, el Movimiento de Liberación Nacional Vasco que pervive desde entonces aunque la organización ETA ha pasado por distintas etapas.

Cuando la CNT y su brazo armado, Defensa Interior, les piden ayuda para atentar contra Franco no lo dudan y se ponen manos a la obra.

Las medidas de seguridad en torno a Franco incluye no comunicar nunca sus planes con antelación, nadie sabe con certeza lo que Franco se dispone a hacer o a donde irá. El comando que espera en Ayete se impacienta puesto que el general permanece en Galicia.

El 17 de agosto, Carmen Polo, esposa de Franco se dirige al palacio de Ayete pero el comando decide que ella no es objetivo por lo que no explosiona la carga que tienen dispuesta. El jefe del Estado llega a San Sebastián en su yate, el Azor, con lo que no contaba el comando cuyos miembros acaban discutiendo la acción que llevar a cabo, su enlace que les informaba de los movimientos del dictador acaba desorientado al perder de vista a Franco y la comunicación con sus contactos en Madrid, rota. Deciden abortar la misión.

DI planea un nuevo atentado, esta vez en Madrid, en 1963. El 29 de julio colocaron una bomba en la sede del Sindicato Vertical (organismo franquista para controlar a los obreros y regularizar las relaciones entre ellos y los patronos) y otra en la Dirección General de Seguridad. El mecanismo que haría explosionar las bombas se accionó antes de lo previsto y murieron veinte personas, razón por la que serían detenidos, juzgados y condenados a muerte los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado aunque realmente quién lo organizó todo fue Octavio Alberola, jefe de “Defensa Interior”.

¿Era Franco un ser tocado por la gracia divina por lo que nunca pudo ser alcanzado en ningún atentado, como decían sus partidarios? Para nada, sencillamente era muy cauto, por lo que extremaba sus medidas de seguridad y además supo rodearse de un buen servicio de espionaje. Pero la verdad es que la mayoría de las veces pudo más el temor de quienes consiguieron tenerle a tiro (como ocurrió en Las Canarias justo antes de salir hacia Tánger) a lo que pudiera pasarles a ellos si les cogían que la suerte del general.

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La primera vuelta al Mundo

En la nave “Concepción”, se enrola como maestre de navegación Juan Sebastián Elcano, amigo de Magallanes, a quién conoció en Sevilla un año antes. Juntos idean dar la vuelta al Mundo para evitar los mares portugueses aunque Fernando ya tenía muy maduro el proyecto. Presentan la idea al joven emperador Carlos que acepta entusiasmado a sabiendas de que el rey de Portugal se había negado a respaldar la aventura. Fernando de Magallanes sabe que con Elcano la empresa tiene muchas posibilidades de salir bien. Elcano tiene cinco años menos que Magallanes pero su experiencia es legendaria: participó con el cardenal Cisneros en la expedición a la ciudad de Árgel y posteriormente lucharía junto a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en Italia.

Primera escala: Islas Canarias. Desde aquí y pasando por Cabo Verde y Sierra Leona, atraviesan el Océano para llegar tres meses después de su salida de España a la actual Río de Janeiro.

Llegan a Río de la Plata, descubierto cuatro años atrás y una vez en Bahía de San Julián buscan el paso que les permita acceder al Mar del Sur, descubierto por Vasco Núñez de Balboa en 1513, pero el mal tiempo les obliga a esperar a la primavera para reemprender la marcha. Durante este período, Elcano explora la Patagonia.

Pero los víveres escasean y gran parte de la tripulación piensa que la aventura debe terminar pues corren el riesgo de perecer todos. El capitán de la nave “Concepción” encabeza un motín contra Magallanes. Se le une Juan de Cartagena, molesto por la decisión de Magallanes de revelarle del mando de la “San Antonio”. Elcano ayuda a su amigo a sofocar la rebelión. De las cinco naves, los rebeldes amotinaron a tres pero Fernando de Magallanes y Elcano controlaron la situación, condenando el primero a muerte a Quesada y abandonando a su suerte a Juan de Cartagena en la costa.

Elcano comienza a ver a Magallanes como alguien demasiado estricto o sin capacidad de llevar a buen puerto la empresa que iniciaron meses atrás.

Cuando llegan al Estrecho, el laberinto de islas y lo caótico de la meteorología casi hunde la flota. Cuando por fin salen de aquel infierno, transcurren tres meses hasta llegar a las Islas Molucas, sin tempestades, por lo que rebautizan aquel enorme mar como Océano Pacífico.

El trayecto es muy duro, apenas sobreviven comiendo ratas, masticando cuero y bebiendo agua estancada debido a lo cual la tripulación acaba diezmada por el escorbuto.

Una nueva rebelión, esta vez encabezada por Elcano, es de nuevo sofocada por Magallanes no sin dificultad ya que Elcano es un hombre de gran carisma. Sin embargo, el capitán de la flota sabe que no llegará a ningún sitio si condena a muerte a Elcano o le abandona en alguna isla. Le necesita para regresar a España ya que su experiencia militar es crucial para salir airosos de los combates con los indígenas.

Por fin ven tierra, una isla en la que se abastecen de víveres y descansan, siendo recompensados con presentes de todo tipo por las tribus del lugar. Había transcurrido año y medio desde que zarparan de España, donde ya se habían olvidado de ellos, pensando que les había alcanzado la muerte en algún paraje lejano. Sus familias ya les daban por desaparecidos.

No todas las tribus eran pacíficas. Una de ellas, en la isla de Mactán, lucha contra la tripulación diezmada de lo que queda de la flota, muriendo en el combate el propio Magallanes.

Los capitanes de las distintas naves pugnan por dirigir la flota. Elcano reacciona y con otros dos destacados miembros españoles de la tripulación denuncia a los mandos portugueses por haberse compinchado para no perjudicar a Portugal, acusándoles de espías y de alejar a la flota de su objetivo primero: las Islas Molucas, con la intención de evitar que España se apoderara de la ruta de las especias, hasta ese momento controlada por el Imperio portugués.

Elcano toma el mando.

En Borneo instalan un almacén y prosiguen poco después por rutas portuguesas pero procurando no ser sorprendidos por las naves lusas, llegando al Cabo de Buena Esperanza el 19 de mayo de 1522.

De la increíble aventura de Magallanes solo continúan a estas alturas los navíos “Victoria” y “Trinidad”, ésta última por una ruta diferente. Por fin llegan a España en julio de 1522, casi dos años después de zarpar. Quiénes les ven no dan crédito y mucho menos cuando tres años después aparece la nave “Trinidad”. Ni sus compañeros daban un mísero maravedí siquiera por ellos, pero también sobrevivieron, viviendo su propia aventura. De los 55 marinos con que contaba la tripulación de la “Trinidad” solo regresaron cuatro a España, seis años después de salir de su tierra. El resto de la flota se había perdido por el camino o perecido: tres naves y 216 muertos por los combates con los nativos, el hambre o la enfermedad; algunos amotinados fueron condenados a muerte.

En el homenaje recibido por Elcano se le concedió un escudo de armas y se le regaló un globo terráqueo en el que figuraba la inscripción Primus circumdedisti me pero la tan ansiada pensión prometida por el emperador no llegaba.

Tres años después de la epopeya de Magallanes, Juan Sebastián Elcano zarpa a otra aventura, pues necesita dinero aunque también es lobo de mar. Esta vez embarca con García Yofre de Loaisa, rumbo de nuevo a Las Molucas, donde habían observado la riqueza de especias y víveres que podían ser explotados comercialmente, compitiendo con Portugal. Interesaba hacer posesión de esas tierras antes de que lo hicieran los portugueses que ya se habían hecho dueños del Océano Índico. Navegar sin ser vistos por los portugueses era ya de por sí una aventura.

Elcano reviviría lo ocurrido en la expedición de Magallanes cuando llegaron al Estrecho con el nombre de éste, pues la tripulación, asustada, a pesar de que Elcano avisó de que en ese lugar el tiempo era infernal por lo que debían prepararse para lo peor, a pesar de esta advertencia, la tripulación temió perecer y se rebeló matando al capitán. Lo cierto es que pasaron por el peor de los tres grandes Cabos, el de Hornos (que no sería bautizado con ese nombre hasta 1616) y Elcano se puso por segunda vez al frente de una flota, capitaneando la nave “Santa María de la Victoria”, circunnavegando el Mundo pero en esta ocasión murió él también antes de llegar a las Islas Molucas.

Desde entonces es recordado como uno de los más grandes marinos de la Historia náutica mundial.

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al-Andalus, superpotencia tecnológica

Imaginemos a los embajadores de los reyes de León entrando en el salón noble de la ciudad-palacio de Medina Azahara. León era el Estado más poderoso de los cristianos peninsulares en el año 1000. En la mentalidad leonesa, la idea de poder reconquistar todo el territorio hispano era una objetivo posible, pero cuando se adentraban en los territorios del Califato de Córdoba y observaban su esplendor, sus campos, todos labrados con plantas y árboles que jamás habían visto antes, comparándolo con el sombrío León, dudaban de que su meta fuera alcanzada alguna vez.

En al-Andalus existían los observatorios astronómicos que permitieron hacer esferas armilares, representaciones gráficas del Universo y astrolabios con los que navegar de modo más seguro, un instrumento que en Europa no se generalizaría hasta el siglo XII pero que los árabes utilizaban desde un principio; concretamente, los marinos andalusíes lo llevaban en sus barcos como una herramienta más, desconocida en el siglo VIII por los navegantes de los Reinos cristianos del Norte. Se cuenta que Cristóbal Colón aprovechó su estancia en Granada no solo para entrevistarse con los Reyes Católicos sino también para adquirir alguno de los útiles, mapas y técnicas andalusíes de manos de los científicos granadinos.

Por supuesto, el uso de los cuadrantes náuticos y las brújulas era algo normal aunque sobre este último instrumento existen ciertas dudas de si comenzó a atizarse antes en Europa o en Oriente Medio.

Las ampolletas náuticas sirven para medir el tiempo a bordo de un barco así como los nocturbios, durante la noche, observando la posición de la estrella polar.

En al-Andalus se desarrollaron las tablas de declinación y las tablas astronómicas, indispensables para determinar la latitud. En este campo destacó el gran al-Zarqali, del que se harían eco los cronistas cristianos posteriores gracias sobre todo a la elaboración de las tablas toledanas, las tablas astronómicas más importantes de la Edad Media en Europa e ideó la azalea, un instrumento que permitía ser usado para la navegación cuando el astrolabio era inútil (lugares donde no hubiera una lámina diseñada con la latitud del lugar). También desarrollaría los almanaques y los ecuatorios, instrumentos que reproducían a escala los movimientos de los planetas, basándose en los modelos de Ptolomeo.

El triquetum que determinaba la posición de los astros y el torquetum que estimaba sus coordenadas, los calculadores esféricos y los sexagenarium más otros avances que heredaron los españoles y portugueses les dieron a éstos el dominio de los mares durante 200 años.

Para medir el tiempo, los relojes de sol eran inútiles durante la noche, claro está, por lo que los árabes utilizaban los ingeniosos relojes de agua o clepsidras, inventados por los griegos, cientos de años atrás pero de lo que los europeos apenas sabían nada y eso que también fueron utilizados por los romanos.

Los médicos andalusíes eran considerados los mejores de Europa en la Edad Media por sus avanzados conocimientos en anatomía y en farmacopea. Consiguieron crear flores azules mediante esquejes y cruces pues conocían el poder relajante de los colores claros, en concreto del azul y las propiedades de los demás colores. Además eran maestros de la conservación de la belleza con sus cremas a base de varias plantas para aplicarlas al rostro. Abu Marwan Ibn Sur describió los tumores intestinales y escribió “Kitab al-Taysir”, una guía para el cuidado de la salud en general.

Los ingenieros supieron explotar los recursos naturales construyendo norias gigantes que seguirían siendo utilizadas por los cristianos durante siglos.

La arquitectura llegó a cotas casi mágicas con un alto dominio de la geometría, lo que puede comprobarse hoy en día en el complejo monumental de La Alhambra y el Generalife con sus alicatados y atauriques o en la espectacular Mezquita de Córdoba.

El sensacional filósofo y médico Ibn Rushd o Averroes, el increíble cirujano Abulcasis o el genial matemático y astrónomo Maslama al Mayriti hicieron de al-Andalus el referente europeo de la ciencia y la cultura; solo rivalizaba con Córdoba, en ese sentido, Bagdad.

Aún hoy observamos como la quinta parte de los vocablos castellanos son una adaptación a nuestra lengua de palabras árabes que servían para nombrar instrumentos o útiles habituales de la vida andalusí.

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La diáspora sefardí

Ni siquiera los judíos ilustres que trabajaban para la Corona fueron perdonados aunque hubo algún caso en el que se les permitió salir de España con parte de sus riquezas, en pago a sus servicios.

130.000 personas abandonaron España rumbo a destinos tan dispares como Marruecos, Holanda, Italia, Turquía, Yugoslavia, Reino Unido, Grecia, Rumania, Bulgaria, etc.

La Inquisición llega a Castilla en 1482 y desde entonces se afana en perseguir todo tipo de herejías, tanto las reales como las que figuraban en la mente de los inquisidores, hombres corruptos obsesionados con la religión (verdaderos fundamentalistas). Persiguieron a los judíos primero y posteriormente a los musulmanes conversos por si seguían practicando en la intimidad sus religiones anteriores.

Muchos judíos se convirtieron al cristianismo para poder quedarse en España como hicieron los moriscos posteriormente y así no perder sus propiedades y en definitiva su vida y tradición familiar vinculada a España durante tantas generaciones, pero en la intimidad de su hogar, reunidos con los suyos, rezaban con la Torá o el Corán presidiendo la estancia.

La lengua que los safardíes hablan todavía hoy en día, aunque corre el riesgo de perderse ante el empuje del hebreo, es el ladino, más bien de carácter litúrgico y el judeo-español vernáculo que es un castellano anterior a las reglas actuales, digamos un castellano medieval pero al que se han unido vocablos procedentes de los Países de la diáspora sefardí.

Todavía hoy muchas familias conservan como un tesoro la llave de su casa en la mítica Sefarad e incluso, al comenzar la Guerra de la exYugoeslacia, muchos sefardíes que vivían en la zona escribieron al rey de España pidiéndole poder venir a Sefarad pues ellos se consideraban súbditos de don Juan Carlos, puesto que entre otros títulos ostenta el de rey de Jerusalén, accediendo el Gobierno español a permitirles la entrada.

En España hay unos quince mil sefardíes, el uno por ciento de la comunidad sefardí mundial. Llevan a cabo congresos internacionales y reuniones con las que mantener viva su tradición y costumbres ancestrales.

La diáspora judía es un episodio lamentable de la Historia de la Humanidad por eso mismo los hebreos actuales deben tomar conciencia del drama y no actuar del mismo modo que lo hicieron con ellos. Deben aprender de la Historia y permitir un Estado independiente palestino con el que convivir puesto que unos y otros son semitas y no dar lugar a otra diáspora, esta vez palestina. Debemos enterrar el odio y la venganza que solo conllevan más odio, nada positivo.

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El nombre de Granada

Sin embargo, cuando los árabes llegaron, ya en el siglo VIII, encontraron una ciudad romana (visigoda) en el actual barrio del Albaycin, verdadero núcleo inicial de la futura Granada árabe y origen romano de la ciudad, conocida como Hizn Garnata (fortaleza del granado) si bien los árabes al traducirlo a su idioma la llamaron Hizn Rumman, pero pudo ser también Hizn Roman (castillo de los cristianos), lo que parece más lógico ya que era una ciudad cristiana o hispanorromana…o no era así.
La población del lugar no era mayoritariamente cristiana, sino judía por lo que en vez de Hizn Rumman sería más creible que la llamaran Garnata alyahud o Granada de los judíos, al ser una colina poblada por judíos y donde predominaban los granados.
En fin, resulta difícil saber exactamente de donde viene el nombre de Granada aunque creo que nos complicamos la vida puesto que a mi parecer los árabes cuando llegaron vieron en el Albaycín un número importante de granados y entre ellos conocieron desde entonces el lugar como villa de los granados o algo así. Probablemente, al no saber como se llamaba realmente, le dejaron ese nombre, independientemente de como la conocieran sus anteriores pobladores. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros?
No creo que la población, el gentilicio, diera nombre al árbol, más bien el árbol dio nombre al lugar puesto que se conoce desde tiempos remotos. De hecho, fueron los cartagineses quienes lo introdujeron en la Península Ibérica.
Eres el jefe de un ejército invasor y ves ciudades a tu paso: unas te abren las puertas sin batallar y otras oponen una pequeña resistencia. El caso es que no conoces el idioma y acabas guiándote por tus apreciaciones por lo que la colina del Albaycín, con sus granados, decidieron llamarla del modo más fácil para reconocerla: villa de los granados o Garnata, que derivó en Granada, lo del Albaycín vendría después, al crecer la ciudad y convertirse ese núcleo primero en un barrio importante.
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Adolfo Estévez
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El pasado zirí de Granada

Los tres monarcas que continuaron la dinastía fueron Habús ben Maksan en cuyo reinado brilló con luz propia su visir, el judío Samuel Ben Nagrela. El emir Badis que anexionaría Málaga y Baeza, alcanzando el reino su máxima expansión territorial (provincias actuales de Granada, Málaga y Jaén y parte de Almería y Córdoba) y Abd-Allah, bajo cuyo mandato el imperio almorávide conquistó la Taifa.

El nombramiento de Nagrela es un buen argumento para quienes defienden la convivencia intercultural en al-Andalus. Me temo que no ya que posiblemente la razón fue la desconfianza del emir hacia los árabes puesto que él era beréber, o sea, del Magreb aunque consciente de que sus paisanos eran más bien rudos y poco cultos, por lo que se vió obligado a recurrir a los judíos, más refinados e inteligentes. No es que fuera un buen musulmán que hacia caso de las escrituras coránicas por las que se ha de proteger a las religiones del Libro (cristianos y judíos) sino que, sencillamente, fue astuto. De hecho, en 1066, se produjo la matanza de miles de judíos debido a las envidias que suscitaban entre ciertas élites desprovistas de poder ante el empuje de Nagrela y sus descendientes; una historia digna de novela.

Aquí tenéis una muestra del arte zirí que ha perdurado hasta nuestro tiempo:

Puerta Nueva

Alminar de San José

                                 

Puerta de Elvira

Puerta Hizna Román

Puerta de los tableros

                                                                  

Muralla zirí

                               

Aljibe de San José


                                                                                

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