Europa contemporánea

50 años del muro de Berlín

El llamado Muro de Berlín realmente se denominaba «Muro de Protección Antifascista»  y fue erigido por la República Democrática Alemana (RDA) en 1961, claro que democrática era un decir puesto que se trataba de una República socialista del Pacto de Varsovia, el conjunto de Países europeos satélites de la Unión Soviética.

El muro dividía la ciudad de Berlín en dos y estaba fuertemente protegido por la guardia fronteriza de Alemania Oriental. Aún así se daban decenas de miles de casos de berlineses orientales que trabajaban en la parte occidental pero conservaban sus casas en Berlín Este porque no pagaban prácticamente impuestos y también los numerosos contrabandistas que hicieron negocio gracias a la existencia de los dos Berlín, vendiendo los productos de la parte occidental en la oriental donde o no existían o eran muy escasos. Así que el Gobierno de la RDA ordenó la construcción del muro para evitar el deterioro de la economía del País debido al contrabando y a la fuga de personal cualificado.

Evidentemente, de haberlo sabido el Gobierno de la República Federal Alemana lo hubiese evitado aunque se sospecha de que contaban con información sobre medidas de bloqueo que tenía pensadas la RDA pero que ignoraban exactamente cuáles eran, así que en la noche del doce al trece de agosto de 1961, sin previo aviso se construyó el muro entero,

Dos días después, una vez recuperados del impacto del muro que, literalmente, apareció de la noche a la mañana, protestaron al agregado militar soviético pero de nada sirvió y ambos bloques, Estados Unidos en Berlín Occidental y la URSS en la parte oriental concentraron fuerzas militares, tanques y tropas e incluso a punto estuvieron de un enfrentamiento directo pero el miedo a una guerra nuclear era más fuerte que el deseo de imponerse unos a otros por lo que ambas partes decidieron dejar las cosas como estaban, incluido el muro.

192 personas murieron a tiros intentado cruzar el muro hasta que por fin cayó en 1989 tras casi treinta años de vergüenza que separó a las dos Alemanias, de hecho la construcción era llamada por los occidentales el muro de la vergüenza ya que impidió que miles de padres no pudieran asistir a las bodas de sus hijos que vivían al otro lado porque o bien les cogió allí cuando se construyó el muro o consiguieron escapar. También hubo quienes no pudieron darles una atención médica adecuada a sus familiares ya que carecían de medios para ello en Berlín Este.

A pesar de tanto sufrimiento, hoy es un lugar turístico con un carril-bici que lo circunda, guías virtuales para insertarlas como programas en los teléfonos y dispositivos móviles para los visitantes; hasta una de las torres de vigilancia ha sido reconvertida en centro multimedia.

Solo quedan tres metros de los 160 que medía el muro pero a pesar de lo que costó echarlo abajo hay decenas de miles de personas, según algunas encuestas[1], que preferirían que las dos Alemanias hubieran seguido separadas ya que consideran una sangría económica la reunificación, una gran carga que han soportado principalmente los alemanes occidentales a través del llamado “impuesto de solidaridad”.

Resulta muy llamativo que en la Europa del siglo XXI decenas de miles de berlineses sigan echando de menos como vivían en Berlín Este, faltos de tantas libertades debido a que la integración en Occidente no ha sido como esperaban e incluso se han visto desplazados no pocas veces por lo que la nostalgia les invade bebiendo Vita Cola, la bebida que en la RDA sustituía a Coca Cola o cerveza Radeberger así como otras bebidas y alimentos típicos de Alemania Oriental. La frustración se apodera de ellos puesto que su rendimiento económico está muy por detrás del de Alemania Occidental, cobran un 22 % menos que los occidentales, con una tasa de paro que dobla la de los Estados occidentales y un índice de inseguridad cada año más preocupante; si el conjunto de Alemania no ha crecido más de lo que lo ha hecho ha sido por el lastre de los Estados orientales y el atraso que arrastran de la época de la Guerra Fría. Hasta tal punto ha llegado el desengaño de los alemanes del Este que a muchos no les importaría vivir de nuevo bajo un yugo dictatorial de corte socialista siempre y cuando ello garantice la seguridad y el empleo pero también la solidaridad porque para la mayoría de los alemanes del Este la competencia laboral y muchas veces desleal propia del capitalismo es un concepto nuevo que no conocían en la época comunista. No se le puede echar la culpa a los alemanes occidentales pues hacen lo humanamente posible por sacar adelante el proyecto de reunificación pero tras más de veinte años, sin duda, debe cambiarse el planteamiento.

Como vemos, el muro realmente no ha sido derribado, permanece en la mente y corazón de muchos en forma de insolidaridad agravado por la crisis financiera que sufrimos el Mundo entero en estos primeros años del siglo XXI. Algo funciona mal en nuestra sociedad cuando un pueblo que es liberado de la dictadura añora esos tiempos.


[1] Informe Sozialreport de 2010 del Centro de Investigación Sociológica Berlín-Brandeburgo e Instituto Forsa en 2011; en un año el porcentaje de personas que opinan que el muro no debió derribarse ha bajado del 37 al 34% pero sigue siendo muy elevado.

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