Cristianismo

El nombre de Jesús

“Jesús” es un nombre castellano de género masculino y de origen hebreo. En el siglo I, en Judea, el idioma que se hablaba, en cambio, era el arameo con lo que el nombre “Jesús” no existía, a no ser Yeshúa (ישׁוע), de origen hebreo y que significa «Yahvéh es Salvación» y por lo tanto con el Tetragramaton[1] en su composición.

Si aceptamos Yeshua como el nombre de Jesús ya que es el que más se le parece, se pronunciaba Iēsoûá (Ιησουα) en griego y posteriormente Iesú(a) en Latín de donde deriva el castellano Jesús. Sin embargo, tal vez no fue “Yeshua” como se llamó Jesús sino Ieshua que se convirtió en Ioshua y este en Josué, nombre ya prácticamente en desuso pero muy popular en inglés (Joshua).

Existe la duda de que sean el mismo nombre ya que los israelíes que tradujeron la Biblia al griego, la conocida Septuaginta, el Libro de Josué lo tradujeron como Libro de Iesous, por lo que Jesús pudiera derivar de este nombre griego lo que significa que tal vez Jesús de Nazaret se llamó en realidad Josué, un nombre común entre los semitas quienes, en cambio, no conocían el nombre “Jesús”.

En cualquier caso “Jesús” significa “Dios salva” o “Dios con nosotros” y es posible que los evangelistas o los cronistas cristianos que recopilaban las historias en torno al fundador de su Iglesia, le pusieran ese nombre al pretendido mesías judío para diferenciarle del emperador Vespasiano que quiso adueñarse de ese “título” cuando entró triunfante en Judea como haría cuatrocientos años antes Alejandro Magno en Egipto proclamándose faraón. En este sentido, los evangelistas quisieron dejarles las cosas claras a los judíos para que no se confundieran o probablemente a los gentiles, esto es, los no judíos porque a fin de cuentas Judea estaba siendo literalmente arrasada por los romanos en el año 70 con lo que resulta perfectamente lógico dudar que consideraran al césar romano un salvador, más bien un castigo de Dios.

Pero si hemos dejado claro que “Jesús” es una castellanización de Iesous o de Josué, tal vez de Yeshua, entonces los evangelistas no pudieron ponerle ese nombre a su mesías en el siglo I.  De hecho, Mateo no le llama Jesús, sino «Emmanuel». Incluso, ya en época bizantina, cuando el emperador Justiniano, considerado el verdadero último césar romano[2], menciona a Jesús, sin duda es la derivación griega la que utiliza en su obra legislativa recogida en el Digesto y posteriores recopilaciones: “En el Nombre de Nuestro Señor Jesús empezamos todas nuestras deliberaciones”.

En la Carta a los Filisteos de San Pablo, en su capítulo dos, se dice: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos”, claro que de nuevo me remito a la posible traducción del griego con lo que no creo que se tratara de “Jesús” sino de “Iesous” puesto que los idiomas hablados en época de Pablo eran el arameo y el griego Koiné o helenístico, este último utilizado sobre todo en transacciones comerciales como el inglés en la actualidad siendo también la lengua en la que se entendían los romanos con los sirios o los hebreos, como ocurre hoy en día cuando te desplazas a un País donde no hablan tu idioma, utilizando en ese caso como primera opción el inglés ya que es el idioma internacional por excelencia en los tiempos actuales

El monograma IHS que portaban los soldados romanos de Constantino y posteriores pudiera significar “Iesu Hominum Salvator” (Jesús Salvador de los Hombres) pero también “In Hoc Signo” (Con este Signo) que es lo que probablemente indicaba ya que el emblema en realidad era IHSV (In Hoc Signo Vinces – Con este signo vencerás), que cuenta la leyenda apareció en los cielos justo antes de una batalla del emperador Constantino, pero en cualquier caso hablamos de un hecho acaecido en el siglo IV, muy posterior a la época de Jesús de Nazaret.

Por otro lado, “Jesús” con “j” no se pronuncia hasta hace tan solo 500 años o poco más, cuando las lenguas romances se extienden desplazando al latín puesto que en la lengua de los romanos no existía la “j”, pero tampoco en griego o hebreo.

De todos es conocido el siguiente párrafo: “Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios (Dios). Y he aquí que tú concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (Lucas 1:30-31). Pero ya hemos visto que esto no pudo ocurrir así porque María, lógicamente, hablaría en hebreo, el idioma de sus antepasados y el suyo propio, el que se hablaba en su tierra, el lugar en que vivía, así que el ángel Gabriel debió decir, en todo caso “Yahshua”, no Jesús.

“Y cuando habían caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, por qué me persigues? Te lastimas al dar coces contra el aguijón (Hechos 26:14). “ En este versículo se  nos cuenta la fabulosa conversión de Pablo al cristianismo pero a nosotros nos interesa más el siguiente versículo: “¿Quién eres, Señor?” El Mesías respondió: “Yo soy Jesús,  a quien tú persigues” (Hechos 26:15)

Necesitamos saber quién fue Pablo para comprender que tampoco a él, quién se le apareciera (un ente divino, un ángel, una visión producto de su imaginación o lo que cada cual quiera creer), pudo decirle que se llamaba “Jesús” sino probablemente “Yahshua”.

El propio nombre del que ha trascendido a la Historia como “Pablo” no es tal sino Saulo, nacido en Tarso o Tarsos (se puede decir de ambas maneras), según algunos autores en el año 3 y otros entre el 5 y el 10, muerto en el año 67 en la capital del Imperio Romano, la mismísima Roma. Pablo fue su nombre latino.

Actualmente Tarso es una ciudad denominada Taorus o también Tarsus, en el sur de Turquía, con 70.000 habitantes que vive del turismo, vendiendo que fue la ciudad natal de San Pablo y donde vivió antes de su apostolado. También exporta maíz, algodón, lana, pelo de cabra, pieles, cera y cobre pero para nada refleja la grandeza de la importante ciudad que fue en la Antigüedad, con 300.000 habitantes y capital de la Cilicia, quedando solo una gran estructura de lo que fue una vez un templo primero griego y después romano y poco más cuando en la Antigüedad y a través del río Cidno llegaban los barcos con mercancías y las caravanas paraban en la ciudad pues era cruce de rutas comerciales.

Salmanasar III, rey de Asiria, cuando se encontraba en el auge de todo su poder, conquistó Tarso en el siglo IX a.C. con lo que ya entonces figuraba como un enclave de cierta importancia comercial pues interesaba a los asirios dominarlo para de este modo controlar el comercio de la zona. Cuatro siglos después sería saqueada por Ciro de Persia y posteriormente caería en manos de Alejandro Magno, momento en que comenzaría su helenización que llegaría a ser intensa. Ya en el siglo I a.C. pasaría a formar parte del Imperio romano y con Augusto se convertiría en una ciudad que gozaba de un estatus especial de libertad que desarrolló las artes y las ciencias pero en especial la filosofía rivalizando con Atenas y Alejandría.

Aquí vivió Saulo o mejor decir San Pablo, como más se le conoce. Su familia tenía un taller que fabricaba uno de los productos estrella de Tarso, el cilicio, una tela que por su robustez resultaba idónea para las tiendas de los comerciantes que tanto viajaban acampando en las ciudades de las rutas comerciales.

La religión era politeísta pero Pablo es un judío romanizado y por lo tanto solo cree en un Dios. Sin duda estuvo imbuido de las corrientes filosóficas que se estudiaban en los centros de pensamiento y Academias que hicieron famosa a la ciudad en todo el Mundo antiguo, es más, destacadas e insignes personalidades romanas la habían visitado quedando prendadas de ella, como el gran Julio César; de hecho, la ciudad también se llamaba “Juliópolis” en honor a Julio César.

El nombre “Shaul” o Saulo significa “implorado”. Al ser ciudadano romano, adquiere también el nombre de Paulo (su cognomen latino[3]) y resulta curioso que él quisiera que se le llamara así y se le conociera con ese nombre, no con el de Saulo, puesto que de esta forma le resultaba más sencillo llevar su evangelio a los gentiles (griegos y romanos).

Por supuesto, Paulo visitaría Jerusalén, corazón de la cultura judía pero llegó allí con su formación griega adquirida en los centros de estudio y pensamiento de Tarso.

Volviendo al argumento con el que inicio este artículo, que el nombre “Jesús” no existía en la época de los fundadores del cristianismo, Pablo hablaba tanto en griego, como arameo y hebreo, esta última lengua la perfeccionaría en Jerusalén, durante la adolescencia, época de su vida en la que fue enviado a esa ciudad por sus padres. Ya hemos explicado que en  ninguna de esas lenguas existía la “j” o el nombre “Jesús”, con lo que el versículo anterior en el que el mesías le dice que se llama Jesús no puede ser verdadero sino probablemente un añadido posterior.

Cuando Pablo conoce a los apóstoles de Cristo debió quedarse bastante perplejo: cómo podían aquellos incultos y medio analfabetos pescadores ser los discípulos más destacados del Salvador de la Humanidad, el Hijo de Dios, como predicaban ellos a todos los judíos de la época y esta apreciación que sin duda tuvo, teniendo en cuenta la educación de Pablo, es importante para cuando analizemos más a fondo su figura.

No sabemos por qué Pablo perseguía a los primeros cristianos, tal vez porque como ciudadano romano procedente de una importante ciudad y conocedor de varios idiomas además de poseer una importante base académica, accedió a un puesto de relevancia en la Administración romana de Judea, persiguiendo a las sectas que atentaban contra el poder romano. Para que nos hagamos una idea, algo similar a lo que EEUU hace en la actualidad: los norteamericanos son el Imperio Romano de hoy en día y persiguen a grupos terroristas por todo el Mundo que pudieran atentar contra intereses de su País los cuales abarcan todo el globo terráqueo. En el siglo I, Roma era la gran superpotencia y no permitía que secta alguna atentara contra sus intereses por lo que contaba con “agentes” que perseguían esas creencias pero principalmente su actividad insurgente.

¿Qué pudo ocurrir para que Pablo cambiase de bando? Si es que lo hizo. El caso es que acabó convirtiéndose en miembro de una de esas sectas judías a las que perseguía: los cristianos. Tal vez el martirio de San esteban, el primer mártir cristiano, en cuya ejecución Pablo participó, le impactó de tal modo que acosado por su cargo de conciencia ante lo que había hecho decidió dejar de perseguirles y convertirse en cristiano, un modo, digamos, de limpiar su conciencia. O sencillamente su mentalidad filosófica y el entrar en contacto con esas líneas de pensamiento le hicieron reflexionar e idear una nueva corriente inspirada en el protocristianismo. Es algo que ignoramos pero, de repente, Pablo se convierte según parece después de que se le aparezca el mismísimo Jesucristo en persona camino de Damasco.

Ahora bien, me inclino por pensar que también se trata de una interpolación o añadido posterior ya que insisto en que jamás pudo oír ninguna voz que le dijera que se trataba de Jesús puesto que ese nombre no existía. Si dicho nombre no comienza a utilizarse, realmente, hasta el siglo XIV, como muy pronto, es de esa época cuando algún autor eclesiástico introdujo la referencia para explicar por qué Pablo se convierte al cristianismo y el por qué la Iglesia decide hacer algo así solo me inclina a pensar que tenían en su poder documentos y las famosas epístolas de Pablo en las que la historia que cuenta sea muy diferente a lo que nos ha llegado, tal vez ni siquiera mencione a Jesús sino que Pablo decidiera crear una religión nueva por su cuenta, pero esto es otra historia que abordaremos en otro capítulo de este dossier.

Sigamos ahora con lo que nos ocupa: el nombre de Jesús.

INRI, ese popular título de los crucifijos que figura sobre Cristo son las siglas de “Iesus Nazarenus, Rex Iudaeorum” pero esto es una derivación del latín, como decíamos al principio aunque ya se puede ver aquí como no se utiliza la “j”[4], porque no existía así que volvemos al nombre Ieshoua, que era el original hebreo, como probable nombre que figuró en la cruz o tal vez los romanos lo transcribieron, de manera errónea, como “Iesus”. No es difícil imaginar la escena: los soldados romanos, un poco hartos de su trabajo y del lugar en el que estaban destinados, donde no se les acogía precisamente de manera familiar ni hospitalaria, lo que menos ganas tenían era de ser exactos en los títulos que a modo de burla ponían en algunas cruces para los reos de muerte, por lo que si preguntaron cómo se llamaba el desgraciado al que se proponían crucificar en aquella ocasión y le respondieron Ieshoua, ellos que no dominaban el hebreo lo tradujeron como lo más perecido a su lengua que encontraron, todo de modo muy rápido: Iesus.

¿Pero qué significa realmente el nombre hebreo Yahshua[5]?  

Comentaba antes que el nombre hebreo es Yehshua, sin embargo el original es Yahshua, lo que ocurrió es que se cambió la “a” por “e” como artilugio dialéctico para evitar pronunciar el nombre de Dios. Un recurso judío para impedir que se asocie a Jesús, mesías cristiano que no judío, con el Hijo de Dios ya que para la religión judía aún no ha venido el Mesías ni Dios tiene ningún Hijo sino que es UNO e indivisible. De este modo, Yahshua, que significa “Yaveh es Salvación” cambia a Yehshua, prescindiendo de pronunciar el nombre de Dios o su abreviatura “Yah”. Claro que esta es una explicación no aceptada de modo general por lo que se coge con pinzas. La versión más extendida de esta interesante investigación etimológica es que en la traducción del hebreo al griego se cambió la “a” por “e” y a su vez en la transcripción posterior al latín y evolución romance del Medievo, el nombre sufrió nuevas transformaciones hasta llegar al actual “Jesús”.

Un detalle curioso: Yahshua o Yehshua es un nombre femenino plural (algo así como “nuestra salvación” refiriéndose a Yaveh que ya hemos aclarado lo que los sabios judíos ingeniaron para evitar pronunciar su nombre pero se refiere a Yaveh). Al traducir al griego y posteriormente al latín, se añade al final del nombre “ous” convirtiéndolo en masculino singular ya que pasa a significar algo así como “salvador”. Con respecto a las letras intermedias “sh”, no existen en griego por lo que se tradujeron como “s” tan solo, prescindiendo de la “h”, quedando finalmente “Iesous” o (en latín) Iesou.

A Jesús se le conoce también como Emmanuel (Mateo 1:23) que significa Dios con nosotros  por lo que probablemente sea una denominación que indica que siempre estará presente en nosotros o con nosotros pero no es un nombre en sí mismo. Es por lo tanto un nombre simbólico que Mateo recoge de la tradición ya que el profeta Isaías anunció siglos atrás: Por consiguiente el Señor le dará una señal: Una virgen dará nacimiento a un hijo, y lo llamará Emmanuel (Isaías, 7:14)[6]. Sin embargo, con casi toda seguridad, en aquella época, nadie llamaba a Jesús de ese modo, Emmanuel.

No hablaremos en este artículo de “Cristo” porque evidentemente no era su nombre sino un título posterior que significa “ungido”.


[1] El nombre de Yavé, Yahwé o Jehová, Dios de Israel, representado en una grafía de cuatro letras hebreas. Para los hebreos como para otros pueblos del Próximo Oriente antiguo todo lo que no tenía nombre, sencillamente, no existía por lo que era necesario darle un nombre a Dios que en realidad es “elóh·ah” y su plural “elohím”, dando a entender que todos los dioses son Uno y ese Uno es el Dios de los judíos. Para el siglo IV de nuestra era, Jerónimo, en su prólogo a los libros bíblicos de “Samuel” y “Reyes”, dice que:  “… hallamos el nombre de Dios, el Tetragrámaton, en ciertos volúmenes griegos aun en la actualidad expresado con las letras antiguas…” pero lo cierto es que se trata de una continua derivación etimológica que aparece como Jehwah por primera vez en el siglo XI, en el Códice de Leningrado mas la verdad documentada es que el nombre de Dios era conocido en Siria, Mesopotamia y Canaán ya en el segundo milenio a.C. y sobre todo en el primero, por lo tanto antes y después del establecimiento de los israelíes en Palestina, de hecho existía un dios Yah en la antigua Ebla. Yahvéh, con los siglos, derivó en Jehová aunque las dos formas han coexistido manteniéndose hasta la actualidad. 

[2] Los emperadores de Constantinopla se hacían coronar como emperadores de los romanos.

[3] Se trata del equivalente romano del segundo apellido actual que llevamos los latinos y que entonces solía hacer mención a características físicas. “Paulo” significaba “el pequeño” y por lo tanto San Pablo pudiera haber sido el menor de sus hermanos o sencillamente bajo de estatura; teniendo en cuenta que él prefería que se le llamara Paulo, no Saul, es probable que fuese lo primero (el menor de los hijos de sus padres).

[4] Hay versiones en contra de la inexistencia de la “j” en los idiomas de la Antigüedad alegando que el egipcio si contemplaba la “j” en sus ideogramas pero no debemos olvidar que la escritura jeroglífica está basada en un sistema mixto ideográfico-fonético con lo que desde luego existía el fonema /x/: pero no la letra “j”.

[5] Yahshua sería el verdadero nombre hebreo de Jesús según algunas tradiciones

[6] Se está extendiendo la versión de que Isaías nunca dijo que un niño nacería de una virgen sino de una mujer joven ya que probablemente hubo un error de traducción, de nuevo al trasladar el hebreo al griego.

Anuncios
Categorías: Cristianismo | Etiquetas: | Deja un comentario

Los evangelios de Cristo

Veamos primeramente quienes fueron los evangelistas.

Se cree que Mateo fue uno de los apóstoles de Cristo, luego estuvo presente en todo su ministerio, pasión y probablemente su muerte (a no ser que se hubiera escondido, temeroso de que le prendieran también a él). Mateo era recaudador de impuestos contratado por las autoridades romanas o como se les conocía entonces, un publicano y como tal odiado ya que siendo judío, sus compatriotas pensaban de ellos que eran unos traidores por trabajar al servicio de Roma.

Era originario de Cafarnaum, donde vivió Jesús, por lo que probablemente se conocían. Mateo le oyó hablar en más de una ocasión y decidió seguirle cuando Jesús se lo pidió abandonando sus comodidades y buena posición o al menos es lo que nos dice San Marcos, pero creo que fue contratado por los apóstoles, su jefe fuera quién fuese o el propio Jesús, para que se encargara de los bienes de la primera comunidad cristiana y si accedió sería porque le resultaba rentable. Según Marcos, Mateo no dejó su puesto de trabajo. Pedro, Andrés (hermano del anterior), Santiago y Juan también fueron captados en Cafarnaum. Todos estos apóstoles se conocían y eran naturales de un lugar alejado de Tiberíades, capital de Herodes, por lo que predicaron sin problemas con las autoridades y pudieron extender su mensaje por Siria incluso, al encontrarse relativamente cerca. Un lugar, por lo tanto, que no pudo ser escogido al azar, sino de modo premeditado.

Jesús, teóricamente, procedía de Nazaret, pero lo cierto es que por aquel entonces se trataba de una aldea con apenas 60 habitantes, si es que existía ya que la duda estriba en un versículo de Isaías, el cuarto del capítulo 65 de su libro, en el que hablando del futuro Mesías, dice: “que se sientan en los sepulcros y en los lugares escondidos pasan la noche; que comen carne de cerdo y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas”. Algunos autores creen que se refiere a un lugar con sepulcros y tumbas donde se escondieron José y María en la persecución de Herodes Arquelao y otros aseguran que es un rito de una secta conocida como los nazareos o nazarenos.

נצר natser o nazer puede significar retoño, vástago, rama o flor pero como verbo pudiera significar también “esconder” por lo que Jesús pudo haber recibido el sobrenombre de nazer-eo o nazareo, más tarde nazareno que significa algo así como el escondido o el protegido. Según esta interpretación, Nazaret no existía, era un vocablo hebreo.

Por otro lado, se piensa que existía una secta denominada “nazareos” y que en la versión griega del Nuevo Testamento se habla de Jesús como el nazareo, traducido posteriormente como Jesús de Nazaret. Tal vez la palabra proceda realmente del hebreo o del arameo (los evangelios pudieron ser escritos en cualquiera de las tres lenguas puesto que eran las habladas en la época; me inclino más por el arameo o el griego Koiné o internacional, para darle más difusión y seguramente hubo una versión hebrea, más litúrgica y de ahí los errores, más que posibles, en las traducciones, sobre todo cuando se trasladó al latín).

En cualquier caso, resulta difícil dilucidar si Nazaret existía entonces (parece ser que sí, porque de lo contrario la aldea fue construida justo después de la muerte de Jesús ya que el hallazgo arqueológico es del siglo I; ¿fue la primera comunidad cristiana?).

Pero los evangelios de Mateo y Lucas aclaran que Jesús nació en Belén, no en Nazaret, por lo que se piensa que se crió en todo caso en Nazaret, aunque cobra cada vez más fuerza la hipótesis de que Jesús era originario de Belén de Judea y que Nazaret no existía sino que hubo un error de traducción ya que se referían a la secta nazarea realmente (una secta secreta como indica su nombre que ya hemos reseñado que uno de sus posibles significados es relativo al verbo esconder, de tal modo que los nazareos pudieran ser los ocultos, si lo traducimos literalmente).

Volviendo a Mateo, encontramos también que no pudo ser el apóstol ya que la datación más temprana apunta a que su Evangelio se escribió en torno a los años 70-80 del siglo I puesto que habla de la destrucción del templo de Jerusalén cuando ésta se produjo en el año 70 utilizando un recurso muy usado en la Antigüedad: atribuir profecías a los héroes y reyes cuando realmente eran hechos ya sucedidos. El autor cuenta la vida de un personaje histórico después de su muerte e incluye algún suceso o hecho importante acontecido en tiempo del autor, alegando que el protagonista de su historia ya lo había profetizado.

¿Quién fue Mateo? ¿El publicano que acompañaba a Jesús o un redactor de sus dichos y hechos muy posterior y que se documentó entrevistándose con personas descendientes de quienes conocieron a Jesús? ¿Fue el apóstol que al final de su vida contó lo vivido al lado de su Maestro o un grupo de discípulos cristianos basándose en lo que otro autor anterior, tal vez Mateo apóstol, les contó? El que sea el Evangelio de Mateo no quiere decir que lo redactara él sino que pudo haber estado inspirado en sus memorias y si no lo escribió él de su puño y letra está sujeto a todo tipo de posibles añadidos.

El evangelista Lucas fe el médico de Pablo de Tarso. Es más que probable que Pablo le encargara la redacción de un evangelio para ser difundido entre los gentiles teniendo en cuenta el exquisito nivel cultural de Lucas. De ser así, ¿cómo hubiesen presentado a Jesús ante los griegos y los romanos acostumbrados a los dioses míticos de su religión politeísta? Hubiera sido más fácil hablar de un dios en La Tierra, algo comprensible para la mentalidad romana que de un hombre que se convierte en dios ya que iría en contra de la religión romana para la que el único hombre-dios era el emperador.

Pablo era ciudadano romano ya que Tarso tenía el reconocimiento especial por el cual todos los nacidos en esa ciudad adquirían automáticamente la ciudadanía romana, gracia concedida por Marco Antonio cuando gobernaba esa parte del Imperio antes de su enfrentamiento a Octavio Augusto.

Pero Pablo era de religión judía y sus padres probablemente galileos pues enviaron a su hijo a Jerusalén cuando Jesús aún vivía, si bien el joven Pablo tendría por aquel entonces unos 22 o 23 años (si hacemos caso de las dos menciones a Pablo en el Nuevo Testamento sobre su edad, su nacimiento pudo acontecer entre los años 5 y 10 d.C.) Si conoció a Jesús pudo haberle seguido o unido a su comunidad o saber de sus enseñanzas y relatárselo después a su secretario, Lucas, para la elaboración de su Evangelio. Otras tradiciones dicen que Pablo fue enviado por sus padres a Jerusalén siendo adolescente (tal vez con 16-17 años de edad) por lo que después de varios años en esa ciudad supiera de la existencia de un predicador al que llamaban Yeshua o algo así ya que cuando Jesús comenzó su evangelio Pablo debía tener en torno a 22 años precisamente. Un hombre con una amplia cultura influida por las filosofías de la importante ciudad de Tarso, de donde era originario y que probablemente estudió el fenómeno del mesianismo o que trabajando al servicio de Roma pudo entrar en contacto con los seguidores de Jesús. Sin embargo, Pablo perseguía a los cristianos hasta su conversión, la cual se produjo después de un hecho milagroso que no puede ser más que el modo de explicar a los griegos como terminó de convencerse de que Cristo era el Hijo de Dios: con un mito o historia mágica sobre la figura de su Maestro para darle más entidad con lo que encandilar a sus discípulos. Había que convencerles y acostumbrados a los mitos decidió inventarse ese. Como tuvo éxito, continuó adornando la vida de Jesús de proezas y milagros para terminar de convencer a las personas a las que predicaba de que se trataba de un verdadero dios, el único dios. Digamos que adaptó la religión cristiana a la romana. Pero ¿por qué hizo esto si llegó a conocer a Jesús? Tal vez porque en realidad no le conoció, tan solo había oído hablar de él y a partir de ahí creo un cuerpo doctrinal para una nueva religión. Creo que lo más sensato es pensar que solicitó formar parte de la comunidad apostólica pero le negaron su ingreso y decidió difundir el mensaje mesiánico a su modo porque, de lo contrario, por qué enfrentarse a ellos si era uno más, evidentemente algo ocurrió como para que Pablo decidiera evangelizar a su manera, sin seguir los preceptos de la comunidad de Jerusalén.

Si Lucas fue el médico de Pablo, Marcos pudo haber sido su ayudante o incluso su secretario. Parece que era pariente de Bernabé, el defensor de Pablo ante la comunidad apostólica cuando ésta le recriminó el modo en que difundía el evangelio. Otros autores opinan que pudo haber sido hijo de Pedro ya que en algunos versículos se refiere a él como tal (Primera Epístola de Pedro), uno de los motivos por los que Pedro pudo haber viajado a Roma, para estar con su hijo y su amigo Pablo a quién había confiado la educación de Marcos porque si no, la verdad, no entiendo como coinciden dos grandes patriarcas del cristianismo en la misma ciudad si la idea era difundir el mensaje de Cristo por todo el Mundo. Debió existir un vínculo poderoso entre ellos y ese lazo pudo ser Marcos. Por otro lado, también este detalle puede ser la prueba del primer cisma cristiano, porque si los apóstoles rechazaron a Pablo y poco después Pedro le acompaña en Roma es señal de que Pedro pensaba como Pablo: había que dar una nueva imagen de Jesús como un Dios hecho hombre para redimirnos de nuestros pecados para después volver a la diestra de Dios Padre una vez realizada su misión, imagen que no compartirían todos los apóstoles ya que algunos, seguramente, creían que había que hacer hincapié en otros detalles o pensaban que no era necesario predicar en Roma sino cambiar la mentalidad judía con la nueva religión. Tal vez incluso no era su intención crear una nueva religión pero Pedro y Pablo opinaban de modo contrario. En cualquier caso, Marcos era discípulo de Pablo y le acompañó en sus viajes. Es más, pudo haber ido con Pablo a Roma mientras Lucas se quedaba en Jerusalén. Es probable que Marcos fuera testigo de la muerte de Pablo y Pedro en Roma y del incendio por parte de Nerón lo que debió de traumatizarle profundamente hasta el punto de escribir un Evangelio algo burdo pero en el que se recuerda una y otra vez las tribulaciones por las que pasarán los cristianos y la firmeza que, por lo tanto, han de mostrar en su fe.

Está clara la razón por la que los evangelios de Lucas y Marcos son tan parecidos: tal vez Pablo ordenó que Lucas redactara un evangelio para los judíos y Marcos para los romanos. Todos los autores coinciden en que ambos evangelios canónicos fueron escritos aproximadamente en la misma fecha. Pero lo cierto es que da la impresión de que los evangelios de Mateo y Lucas están inspirados en el de Marcos. Es más, los evangelios sinópticos son realmente los de Marcos, Lucas y Mateo puesto que sus opiniones y redacción son muy parecidas (syn opsis: leídos en paralelo) pues se cree que su origen es el mismo: la fuente Q, que pudo haber sido el propio Marcos o alguien anterior.

En cambio, Juan es el más descriptivo de los cuatro por lo que casi todos los estudiosos creen que se trata del discípulo amado de Jesús que acompañó a María durante la crucifixión, permaneciendo a su lado en todo momento.

Podemos pensar que Juan estuviera enfadado, allá en su destierro en Patmos, al comprobar como desde hacía años circulaban evangelios hablando de Jesús, escritos por personas que no le conocieron, animándose a reunir todos sus recuerdos y elaborar su propio Evangelio.

Los “Logia” son escritos y relatos sobre la vida y enseñanzas de Jesús aunque hay quién piensa que no existieron, solamente son una explicación al por qué los evangelios sinópticos se parecen tanto: porque tuvieron una misma fuente original, la fuente Q.

Pero ya hemos dicho que Pablo pudo haber llegado a conocer a Jesús y por lo tanto relatar él mismo lo que averiguó en torno al Rabí y traspasárselo a Marcos y Lucas y que Mateo se inspirara en ellos. Sin embargo todo esto es una incongruencia si Mateo es uno de los apóstoles de Jesús ya que no necesitaba entonces ninguna fuente; contaba con sus propios recuerdos.

Con respecto a los “Logia”, ¿qué pudo ocurrir? ¿Por qué se han conservado los evangelios pero no esos primeros escritos de Jesús o de quiénes le conocieron, salvo tal vez los evangelios apócrifos? (sobre los que hablaremos en otro capítulo).

En el siglo VII, el califa ‘Uthmān ibn ‘Affān ordenó la redacción del Corán como hoy lo conocemos destruyendo las demás versiones que andaban por ahí para no crear confusión al haber tantas versiones diferentes. Me temo que no era la primera vez que ocurría algo así. 700 años antes se hizo lo mismo con Jesucristo. Se redactó un evangelio sobre su vida y obra, más sobre su naturaleza divina que humana, destruyendo los demás escritos que iban en contra de la imagen que quería darse de Jesús, el Hijo de Dios. Si esos otros evangelios le describían como un hombre, aunque fuera un gran hombre, pero humano a fin de cuentas, los gentiles no creerían en él antes que en sus dioses. Jesús tenía que ser Dios para que se creyera en él y no se le viera como uno de tantos profetas de entonces, motivo por el que se destruyó todo lo que no le describiera como un ser divino.

Categorías: Cristianismo | Deja un comentario

El origen de la Navidad

Nos encontramos en Alejandría, en el Egipto Antiguo. Una pequeña comunidad de origen judío que adora a un tal Christôs convive con los egipcios. Su fundador fue Marcos, el evangelista, un individuo martirizado por los romanos y muerto por el desquiciado Nerón. Debido a su persecución y la de los emperadores posteriores, permanecían ocultos.

Los cristianos son proscritos de la ley romana. Si se descubriera alguno, se le interroga primeramente y si persiste en su fe es condenado a muerte al ser considerado una amenaza para el Imperio. No por el hecho de ser cristiano sino por formar parte de una asociación que desde Julio César están prohibidas pues pueden llegar a politizarse y con ello atentar contra el orden imperial.

La verdad es que los cristianos no solían ser molestados en exceso ya que no ofendían a nadie y la rara vez que se denunciaba a alguno por ciertos intereses ocultos, si renunciaba a sus creencias y ofrecieran algún sacrificio a los dioses de Roma sería perdonado (lo hacían muchos para no ser condenados y después, en su intimidad, continuaban con su credo cristiano).

Llegan noticias de Roma. El emperador, Septimio Severo ha nombrado césar a su hijo, de siete años de edad, Marco Aurelio Antonino Bassiano. Estos romanos son unos degenerados, piensan algunos cristianos, pero no lo dicen en voz alta, lógicamente, pues Severo ha incluido una norma a la ley de Trajano sobre los cristianos con la idea de impedir la creciente expansión de esa extraña secta judía.

Pero en Alejandría son vistos más como filósofos que otra cosa, se les respeta por ello. La Escuela de Alejandría lleva funcionando 16 años con el insigne Panteno al frente, su fundador. Las enseñanzas son neoplatónicas por lo que ni los habitantes de Alejandría ni la guarnición romana les ven como una amenaza sino como sabios que estudian a los grandes clásicos griegos como Platón, Pitágoras, Zenón, Cleantes, Crisipo, Panesio, Posidonio pero también a los romanos Séneca, Epicteto o el emperador fallecido el año de la fundación de la Escuela, Marco Aurelio, el último de los cinco grandes de Roma, todos ellos de la familia de la dinastía Antonina (no es que fueran hijos unos de los otros, pero sí sus hombres de confianza por lo que heredaban el trono ya que no tuvieron hijos). Con el emperador Cómodo, uno de los peores césares que Roma y sus provincias recuerdan, se rompió la buena marcha del Imperio, iniciándose una guerra civil de la que saldría victorioso Septimio Severo, quien gobernaba desde hacía tres años.

Alejandría era un hervidero de cultura y doctrinas de todo tipo. Se las permitía porque siempre había acogido de buen agrado cultos variados, todos ellos orientales siendo la ciudad el centro desde donde se difundían por todo el Imperio gracias a su puerto a donde arribaban mercaderes de todo el Mediterráneo. Tal diversidad hacía de Alejandría una ciudad visitada por cientos de estudiantes de todas partes lo que la enriquecía en todos los aspectos.

Pero las revelaciones religiosas que pudieran ofender al culto romano al emperador eran vigiladas aún. Panteno lo sabía por lo que su Escuela o “Didaskallion” pretendía ser más un centro de saber filosófico que una iglesia en sí misma, evitando así el cierre de sus instalaciones.

Una de las asignaturas era la vida de Cristo, intentando separar lo real de lo ficticio pero filosofando de tal modo sobre el supuesto fundador de la Iglesia cristiana que acabó convertido en un ser divinizado.

De su nacimiento se recordaba, por testimonios de personas que decían haber conocido a su familia y transmitidos oralmente, sobre todo desde el evangelista Marcos que recogió dichas historias para la elaboración de su libro, todos admitían ya entonces y a partir de ahí, que Jesucristo nació en Belén de Judea y que marcharía después con sus padres a vivir a Nazaret.

Probablemente hubo encendidos debates sobre la veracidad de esta historia en la Escuela de Alejandría, viendo unos a Jesús como el mesías redentor pero un hombre a fin de cuentas y otros como el Hijo de Dios hecho hombre para salvación de los pecados.

El propio Marcos, que algunos autores afirman fue el verdadero fundador de la Escuela de Alejandría a mediados del siglo I, veía a Jesús como un ser humano, por muy prodigioso que pudiera haber llegado a ser, pero humano a fin de cuentas.

En su evangelio son muchas las referencias a su humanidad: cuando se compadece del leproso en Galilea y le cura, un hecho milagroso pero cargado de humanidad o cuando desembarca en una ocasión después de marchar en una barca con sus apóstoles para retirarse y descansar pero sobre todo comer algo ya que eran tantos los que les seguían a todas partes que no tenían tiempo para un respiro siquiera y aún así, Jesús, sacando fuerzas de flaqueza, les enseño su doctrina pues estaban todos sus seguidores y discípulos igualmente sin descansar ni comer. De este modo consiguió que se marcharan para predicar por todas partes su buena nueva pero realmente la idea era que se fueran a descansar o al menos es lo que da a entender Marcos. También cuando se enfada con sus propios apóstoles ante su falta de fe o cuando pregunta a quiénes les llevan endemoniados para que les cure (Jesús pregunta desde cuando sufren espasmos para así tener antecedentes del mal, en una especie de interrogatorio médico). También cuando pregunta a sus apóstoles, una vez llegaron a Cafarnaúm el motivo por el que discutían por el camino. Si fuera un dios no le hubiera hecho falta preguntar.

El caso es que los cristianos solo tenían una fiesta, por llamarla de algún modo, que seguía siendo la pascua judía. No debemos olvidar que seguían considerándose judíos hasta la aparición de los padres y sabios de la Iglesia que dotaron a la misma de un cuerpo doctrinal como tenían otras filosofías y credos religiosos de la época.

Para los cristianos, la Pascua era vivida de otro modo de todas maneras: conmemoraban la muerte de su maestro y su resurrección y rezaban por su regreso para que les librara de las persecuciones o por lo menos permitiera que pudieran practicar su culto en libertad y públicamente, sin esconderse ni mentir sobre sus creencias.

Uno de los defensores de dotar a la religión cristiana de un ropaje que se asemejara al de otras confesiones orientales para así conseguir adeptos entre ellas, o sea, ser prácticos, fue Sexto Julio Africano, quién ya en 221 insinúa que existen testimonios de que Jesús nació un 25 de diciembre.

 Debemos tener en cuenta que para los cristianos resultaba difícil explicar que desconocían la fecha de nacimiento de su fundador cuando cualquier otra religión sabía absolutamente todo sobre sus fundadores, héroes y redentores, fueran dioses, hijos de dioses u hombres excepcionales.

Sexto Julio, nacido en Jerusalén, o como entonces se llamaba Aelia Capitolina, sirvió en el ejército romano bajo las órdenes de Septimio Severo y además fue amigo de Orígenes de Alejandría a quién conoció durante la gira de éste por Palestina dando conferencias sobre el cristianismo en las que surgiría la idea de la Trinidad divina cristiana. Pero Orígenes enseñó a paganos empapándose antes de sus ideas y adaptándolas a las cristianas. Admitía que algunas de las proezas atribuidas a Cristo no podían ser reales por ser imposibles (se refería a ciertos milagros) pero reconocía que Jesús era hijo del único Dios aunque no igual a Él sino un dios de menor entidad. Orígenes fue director de la Escuela de Alejandría desde 215.

Orígenes vuelve a Egipto, cansado de tantas preguntas en Palestina sobre el nacimiento de Cristo, preguntas que le harían también en la propia Alejandría. Tal vez incluso marchó a Palestina para intentar recabar información sobre el nacimiento del maestro pero había trascurrido más de dos siglos y nadie sabía nada.

Decide por lo tanto buscar paralelismos en otras tradiciones a las que asociar de algún modo el cristianismo. Imaginemos que nuestra idea es expandir una doctrina propia nuestra pero ante nosotros tenemos a fieles seguidores de otros credos. Queremos captarles por lo que lo más astuto que se nos ocurre es decirles que sus fiestas no tienen que cambiarlas ya que coinciden con las nuestras. A nadie le gusta que le anulen un día de jolgorio en el que no tienes que trabajar por lo que difícilmente el cristianismo iba a tener éxito entre los gentiles si los padres de la Iglesia les hubieran prohibido sus fiestas, por lo que las adaptaron a su calendario litúrgico, las añadieron ya que en el siglo III era algo pobre: solo se celebraba, como he indicado antes, la pascua judía aunque desde la perspectiva del triunfo de Cristo sobre la muerte.

Orígenes y su sucesor al frente de la Escuela de Alejandría, Heraclas, convertido a la nueva fe por Orígenes y que llegaría a ser patriarca de Alejandría, buscaron esa fecha en la que celebrar el nacimiento del redentor.

Y la encontraron.

El dios egipcio Eon, el dios de la eternidad, el antiguo Serapis, nacía en la noche del cinco al seis de enero. Seguramente estudiaron esta deidad en la Escuela de Alejandría como estudiaron todas los demás para conocer así los diferentes cultos que pululaban por la època; sería una asignatura más, algo así como “religiones comparadas” en la actualidad. En sus estudios vieron semejanzas entre Eon y el Yaveh judío, de hecho originalmente Yaveh era el dios principal del panteón judío como ocurrió después en La Meca donde había otros dioses supeditados todos al poder de Allah. Con el tiempo, estos dioses se convirtieron en dioses únicos naciendo los monoteísmos judío, cristiano e islámico.

En el año 274, en cambio, en Roma se instaura la fiesta del Dies Natalis Solis Invicti, celebrando la victoria de la luz sobre las tinieblas al iniciarse en esa fecha una estación meteorológica en la que los días se alargan. Al igual que se hacía en la parte oriental del Imperio con el paralelismo entre la noche del cinco al seis de enero, en Occidente los cristianos comenzaron a utilizar la noche del 24 al 25 de diciembre como la del nacimiento de Cristo, su “Sol Invictus” particular.

Así, dos fechas coincidieron para conmemorar el nacimiento de Cristo durante los siglos III y IV, según donde te encontraras en el Imperio, pero los cristianos tenían un serio competidor: el culto a Mitra, dios persa adoptado por los soldados romanos que estaban destinados en las Provincias orientales, desde el siglo I a.C. y difundido por ellos y sus familias una vez volvían a sus hogares cuando se licenciaban con lo que Mitra llegó a Roma en forma de sociedades secretas populares entre los estamentos militares sobre todo. Precisamente, la celebración del “Solis Invicti” es originaria del culto al dios Mitra, que se pensaba nacía el 25 de diciembre, como vencedor de las tinieblas.

Diocleciano y Galerio

El emperador Diocleciano veía a los cristianos como una de las sectas más peligrosas para la estabilidad imperial ya que a finales del siglo III estaban presentes en todo el Imperio. Debemos comprender que Diocleciano era un militar de los de toda la vida que venía de combatir en diferentes escenarios bélicos: las Galias, contra los bárbaros del norte y contra los persas. La crisis del siglo III había llegado a ser insoportable en todos los aspectos y la inseguridad era una constante en todo el Imperio por lo que la prioridad de Diocleciano era imponer el orden y desde luego que lo consiguió.

Los cristianos eran ya el diez por ciento de la población romana en una época muy difícil para ella. Invasiones bárbaras, hambrunas, devastación de los propios ejércitos imperiales descontrolados sucediéndose los césares uno tras otro no durando en el puesto más de dos años el que más duraba. La fe cristiana era apocalíptica, esto es, creía en un fin del Mundo próximo en el que su redentor volvería para salvar a los que tuvieran fe en Él y su Iglesia; por esta razón y ante tantos desmanes y desgracias, muchos campesinos y habitantes de distintas profesiones se convirtieron al cristianismo convencidos de que vivían el fin de los días, aprovechándose los obispos cristianos de ese temor para captarles.

Entre sus adeptos también había nobles y como una comunidad de fieles en Cristo que eran compartían sus bienes con lo que pudieron solucionar necesidades imperiosas de los ciudadanos y gente pobre para lo que la administración romana estaba imposibilitada ya que no había gobierno en Roma y el Senado era más un club de ricos terratenientes que un órgano de administración en el que se tomaran decisiones importantes.

Siempre se ha pensado que fue Diocleciano el gran instigador de los cristianos, el peor enemigo de la Iglesia en todo su Historia, pero la verdad es que no está claro si fue él o su césar Galerio quienes iniciaron la gran persecución (*).

Si Diocleciano y Galerio querían mantener el orden público en Roma después de una crisis de tantos años en los que la violencia era lo normal, se imponía una unidad en todos los ámbitos, lo que incluía la unidad religiosa, por lo que se potenciaron el culto al emperador y la religión romana. Es más, Diocleciano prácticamente se divinizó en vida y no porque se creyera un dios sino porque consideraba que sus súbditos debían temerle para respetarle y no destronarle como había ocurrido con tantos césares anteriores a él.

Entre los años 304 y 311, los cristianos fueron perseguidos. No desde el 285 como algunos autores han asegurado, justo con la subida al trono de Diocleciano como si estuviera tan molesto con los cristianos que lo primero que ordenara fuese su extinción. Para nada fue así. No comenzaron las persecuciones hasta que no se consideraron una verdadera amenaza y para entonces Diocleciano llevaba reinando ya casi veinte años. La verdad es que fue Galerio quién realmente les persiguió y tan solo en la parte que gobernaba, quemando algunas iglesias pero las ejecuciones solo se dieron en casos extremos en los que se temía por la seguridad ante alguna manifestación de cristianos.

Galerio intentó eliminar el cristianismo pero le fue imposible por lo que justo antes de su muerte, en 311, promulgó su edicto de tolerancia, legalizando a los cristianos a los que años atrás había desprovisto de bienes y cargos públicos quienes los ostentaran.

Constantino

Después del conflicto entre los emperadores y los césares a la muerte de Constancio Cloro, Augusto del Imperio de Occidente, Constantino se hace con el poder en Roma, al vencer a todos sus contendientes o matarse ellos mismos en sus enfrentamientos.

El padre de Constantino adoraba a Mitra y la madre era cristiana por lo que la mezcla de ambas religiones, muy parecidas en ciertos aspectos, le instó a convertirse al cristianismo en su lecho de muerte.

Tal vez no lo hizo antes para no dar más importancia a una religión sobre otra pero ese apoyo final sirvió para convertir a la Iglesia católica, ya plenamente universal, como la religión oficial del Imperio.

El Edicto de Milán de 313 dio a los cristianos la oportunidad de optar de nuevo por cargos públicos en el cursus honorum romano, pero ahora de modo abierto, sin esconderse.

Las fiestas se convirtieron en algo habitual y en tiempos de paz se rescató una en particular, la fiesta de la Natividad del Señor, la Navidad, que en Roma se celebraba el 25 de diciembre pero en Oriente seguía celebrándose el seis de enero.

¿Cómo solucionar este desvarío ahora que la Iglesia era universal?

25 de diciembre: Navidad

Los romanos seguían celebrando la fiesta del Dies Natalis Solis Invicti el 25 de diciembre pero era la culminación de otra fiesta denominada “saturnalia” en las que se homenajeaba al dios Saturno, fiesta que duraba una semana en la que nadie trabajaba excepto los panaderos, los cocineros y las fuerzas del orden público y militares.

La fiesta concluía la noche del 24 de diciembre en que se reunían las familias para cenar y conmemorar el nacimiento de Mitra, quiénes creían en ese dios y practicaban su culto, muy difundido en los siglos III y IV.

El uno de enero, otra fiesta, las “Calendas”, se adornaban las puertas de los hogares como ocurre hoy en día cuando llega la Navidad.

Los obispos cristianos se reunían en sínodos donde discutían conceptos del cristianismo y fue en uno de ellos en el que el Obispo de Roma, Julio I (que salió victorioso de su enfrentamiento con los obispos arrianos de Oriente, que celebraban la epifanía el seis de enero), el que declaró la Natividad de Jesucristo el 25 de diciembre para que coincidiera con las creencias romanas del culto a Mitra. Lo más probable es que lo ordenara por puro orgullo para distanciarse aún más de los arrianos. Hacía de este modo prevalecer lo acordado en el Concilio de Nicea sobre la divinidad de Cristo y la Trinidad. Cristo era la luz que ahogaba a las tinieblas y su nacimiento se producía el día que eso sucedía, según numerosos cultos orientales y romanos: el 25 de diciembre.

En el norte de África se sabe que desde 360 se celebraba ya de este modo, en Constantinopla se adoptaría desde 380, Hispania cuatro años después y Antioquia desde 386. Para el siglo V, el papa de Roma era ya el obispo más importante y sumo pontífice de la nueva Iglesia católica y universal con sede en Roma.

Otras tradiciones navideñas

Con respecto al adorno del tradicional árbol de Navidad, también era una costumbre pagana adoptada por los cristianos. Como vemos, la idea, verdaderamente astuta, de los primeros obispos, era no alterar demasiado las costumbres romanas para que asimilaran mejor la nueva religión que les ofrecían: el cristianismo. Sería San Bonifacio quién comenzaría a difundir la costumbre de que fuera un pino el árbol decorado.

No sería hasta el siglo VIII cuando la Navidad no deja el ámbito doméstico y campesino para generalizarse a todos los niveles, el eclesiástico y el social con grandes celebraciones.

Los Países anglosajones celebran además la tradición de Papá Noél o Santa Claus. Su origen es San Nicolás de Asia Menor quién a finales del siglo III regaló todos sus bienes a los más desafortunados, en especial a los niños, haciéndose sacerdote en 299 y nombrado posteriormente arzobispo de Myra hasta su muerte en 350.

Su leyenda se difundiría por los países eslavos y nórdicos pero lo curioso es que en un principio, según esa leyenda, hacía sus regalos a los niños la noche del cinco al seis de enero, como correspondía a la creencia de las iglesias orientales de que Jesús nació esa fecha. Pero a partir del siglo XVI, la Contrarreforma trajo la costumbre de que el niño Jesús regalara a los niños de toda Europa presentes la noche del 24 al 25 de diciembre por lo que, en franca competencia, para no perder la tradición de San Nicolás, éste pasó a regalar también esa fecha. Hoy en día, Papá Noel regala el 24 de diciembre y los Reyes Magos el seis de enero.

Lo de Santa Claus viene del nombre holandés Sinter Klaas que derivaría en las colonias norteamericanas en Santa Klaus o Santa Claus.

Su ropaje rojo es invención de la compañía multinacional Coca-Cola que lo popularizó en su campaña publicitaria de 1931.

Con respecto al portal de Belén y la estrella en el árbol evidentemente no necesitan explicación pues aparecen en el Evangelio de Mateo, ese es su origen. Con respecto a los adornos navideños luminosos es un modo de dar a entender que Jesús, La Luz, vence a las tinieblas.

Por último, lo de enviarnos tarjetas de felicitación comenzó en Londres en 1846 y se extendió la costumbre de modo internacional a partir de 1870, pues entonces la principal superpotencia del momento era el Imperio Británico.

Como vemos, la Navidad de hoy en día es un continuo añadido de costumbres diversas de diferentes culturas que han dado lugar a una fiestas entrañables en las que las familias se unen, aunque sea solo una vez al año y por lo general se respira buen ambiente en todas partes, aunque los buenos deseos, una vez el nuevo año avanza, acaban olvidándose, pero no deja de ser un tiempo de respiro para casi todos, un tiempo de paz y esperanza.

——————————————————–

* Para ayudarle en las tareas de gobierno, Diocleciano nombró a Galerio su césar en la parte oriental del Imperio mientras el primero conservaba el título de Augusto, gobernando desde Nicomedia, en teoría todo el Imperio, en la práctica su parte oriental tan solo, puesto que en la occidental, Diocleciano se había asociado con Maximiano.

_________________________________

Adolfo Estévez

Categorías: Cristianismo | Deja un comentario

Hipathia de Alejandría

Nuestra protagonista nace en el año 370 de nuestra era en la ciudad de Alejandría, en la Provincia romana de Egipto, muriendo 45 años después en el mismo lugar.

Egipto era Provincia del Imperio romano desde que en el año 30 a.C. el césar Octavio Augusto la incorporara tras su guerra con la reina Cleopatra VII Filopator y su compañero sentimental, el general romano Marco Antonio.

Cuatrocientos años después, Egipto seguía siendo provincia romana, bajo el mando de un praefectus. El Imperio romano estaba amenazado desde hacía un siglo y el emperador Constantino creyó que sería una buena idea unificar a todos los súbditos bajo una sola creencia que compactara al Imperio para hacerlo así más fuerte frente a sus enemigos, por lo que Roma decidió abrazar el cristianismo. Pero ésta era una religión burda y no demasiado consistente, por lo que el equipo que el emperador reunió para llevar a cabo la empresa ideó una serie de creencias basadas en mitos y leyendas sin base histórica, una simbiosis entre la mitología griega y romana con la oriental y el propio credo cristiano.

Pronto, una serie de sacerdotes y monjes cristianos se opusieron a tan descomunal farsa en la que Constantino pretendía convertir al cristianismo para adaptarlo a las necesidades espirituales de las legiones romanas. El líder de esos monjes se llamaba Arrio por lo que sus seguidores pasaron a denominarse arrianos.

Los sucesores de Constantino no estaban de acuerdo con el planteamiento religioso de su gran antecesor por lo que volvieron a la religión politeísta, pero Teodosio decidió retomar el plan de Constantino con la fuerza de la espada si era menester. Los antaño perseguidos pasaron a convertirse en perseguidores, olvidando sus tribulaciones pasadas y pretendiendo que aquellos que abrazaban una fe distinta a la suya se convirtieran en herejes y con ello declararles enemigos del Imperio. El nuevo emperador no quería disensiones internas si quería salir victorioso de sus enfrentamientos externos ya que no podía emplear a sus legiones en dos frentes, por lo que permitió que se realizara una pugna cruel contra los politeístas y cuantos no comulgaran con la nueva fe católica. Comienza para Occidente la Edad oscura del conocimiento y la ciencia, aquella en la que se silenció el saber antiguo, no permitiendo la Iglesia cristiana-católica su desarrollo y el acceso de la población a tan vasta cultura por miedo a que averiguaran que el catolicismo era tan solo un gran montaje urdido por emperadores romanos y obispos ávidos de poder.

Hipathia era hija del matemático y filósofo Teón de Alejandría. Se sabe que estudió las ciencias del momento puesto que llegó a ser directora de la Escuela Platónica de Alejandría a la edad de treinta años, donde impartía clases, precisamente, de matemáticas y filosofía, especializándose en neoplatonismo, dándole un toque personal al profundizar en las enseñanzas que los fundadores de ese movimiento filosófico nos dejaron, pero también entró en el punto de mira de los cristianos extremistas que se estaban haciendo con el control del Imperio. Para consuelo de los católicos actuales, sabemos igualmente que hubo cristianos de entonces que defendieron a Hipathia, a la que admiraban como Sinesio de Cirene.

Sinesio tenía la misma edad que Hipathia y sentía verdadera pasión por ella, como podemos entrever en sus cartas, calificándola de su maestra, madre y filósofa preferida. De vuelta a Cirene, se implicó personalmente en la defensa de las fronteras, ingeniando una nueva catapulta, más efectiva que las del momento, reforzando así mismo las murallas y fortalezas y en agradecimiento por los servicios prestados, el clero y el pueblo le eligieron como su obispo pero Sinesio lo rechazó, en principio, acabando por aceptarlo si le permitían seguir creyendo en sus ideas neoplatónicas aprendidas de mano de Hipathia. Se le permitiría también seguir casado, una prueba más de que tanto antes como ahora, el poder y el dinero permiten vulnerar las normas si ello va en beneficio de la Iglesia, la cual ha concedido siempre, a lo largo de la Historia, prerrogativas a quienes la favorecieran de algún modo o a los poderosos de cada momento.

De la gran obra de Sinesio destacamos sus cartas, siendo una de las destinatarias, precisamente, Hipathia de Alejandría.

Hipathia tenía otros defensores, como Orestes, el prefecto romano de Egipto, sin duda alguien a tener muy en cuenta ya que representaba al poder imperial pero el patriarca, Cirilo, que después sería elevado a los altares del santoral católico, no cesaba de conspirar para destruir la Escuela Platónica ya que pugnaba con los cristianos en conseguir adeptos, aunque en honor de la verdad habría que decir que quienes se sentían amenazados eran los líderes cristianos ya que sus argumentos doctrinales quedaban desarmados frente a la filosofía neoplatónica por lo que tramaron desde un principio el modo de acabar con Hipathia y sus correligionarios, aunque entre ellos hubiera también cristianos.

El padre de Hipathia fue el gran sabio Teón, quién comentó la obra de Ptolomeo “Almagesto” y también las de Euclides, siendo el último director de la Biblioteca de Alejandría hasta que fue destruida por una muchedumbre cristiana respaldada por el patriarca anterior a Cirilo y tío suyo, Teófilo. Se trató de uno de los grandes pecados de la Historia de la Humanidad, la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, que realmente era la heredera de la verdadera Biblioteca, destruida el siglo anterior. La nueva Biblioteca se encontraa en el Serapeum, un templo antiquísimo que se había convertido en depositario de todo el saber clásico. Con el tiempo, los cristianos le echarían la culpa de la destrucción de la Biblioteca a los árabes, cuando al invadir Egipto, el califa Omar decidió quemarla, pero no hay nada que documente tal afirmación, en cambio sí se sabe que fue arrasada entre los siglos III y IV y en cualquier caso, si sobrevivieron ejemplares de algunas obras y los musulmanes las quemaron, esto no excusa a los cristianos de dos siglos antes por su detestable crimen además de que cuesta trabajo creer que los árabes fueran destructores al mismo tiempo que depositarios del saber clásico durante la Edad Media, mientras Europa permanecía en la oscuridad intelectual, promovida por la Iglesia ya que, independientemente de las persecuciones religiosas que también las hubo en territorio musulmán, los árabes no arremetieron contra el saber, conscientes de que les daba superioridad frente a sus bárbaros enemigos cristianos.

Imaginemos que unos locos fundamentalistas destruyeran la Biblioteca Vaticana. Todos nos quedaríamos horrorizados ya que en su interior hay verdaderas obras únicas; eso fue, ni más ni menos, lo que ocurrió en el siglo IV: unos extremistas cristianos destruyeron todo el saber de la época, a sabiendas de que entre sus paredes había obras de las que no existían más copias. No querían dejar rastro del saber clásico; desde ese momento, el único conocimiento que debía existir era el que ellos imponían.

El nombre Hipathia significa “la más grande” y sin duda Teón sintió verdadera admiración por su hija desde siempre y viceversa, lo que ayudó a Hipathia a conocer a los grandes sabios de la Antigüedad, incluidos los astrónomos ya que sentía devoción por la ciencia que estudiaba los astros.

Hipathia nunca se casó salvo con la cultura y la ciencia que estudiaba con tanto ahínco y eso que era conocida no solo por su elocuencia, que tanto encandilaba a propios y extraños, también por su belleza.

No se sabe a ciencia cierta quién encabezó la manifestación que mató, de modo brutal, a Hipathia o quién dio la orden, pero la sospecha general es que detrás de todo se encontraban el propio Cirilo de Alejandría y Pedro el Lector.

Podemos imaginarnos como era el tal Cirilo con episodios como la condena del nestorianismo.

Nestorio era el patriarca de Constantinopla y defendía que el Hijo de María no era Hijo de Dios sino que poseía una naturaleza dual, siendo el cuerpo portador del Logos-Dios pero no Dios mismo por lo que María no era madre de ningún Dios. En el Concilio de Éfeso de 431, Cirilo se las ingenió para comenzar el cónclave solo con sus partidarios, no esperando a los de Nestorio, por lo que el bando de Cirilo ganó la polémica, marchándose del seno de la Iglesia Nestorio y sus partidarios, entre ellos varios obispos.

En Alejandría se le tenía verdadero temor a Cirilo quién siempre iba acompañado de cientos de monjes siendo uno de los jefes de esta pseudo guardia personal Pedro el Lector, convirtiéndose esos monjes en unos verdaderos terroristas que amenazaban o agredían a todo el que no comulgara con las ideas de Cirilo.

Llegó un momento que el prefecto se cansó de los desmanes de estos criminales y arremetió contra ellos, sobre todo cuando recibió una pedrada de uno en particular al que mandó ejecutar pero al que Cirilo nombraría mártir de la Iglesia.

En marzo de 415, Pedro el Lector, al frente de estos monjes de Cirilo, asaltó el carro de Hipathia, protegida del prefecto, la desnudaron y la arrastraron, atada al carro, hasta la sede patriarcal, el templo conocido como Cinaron, donde la despellejaron utilizando como herramienta de tortura unas conchas marinas, dejando que se desangrara hasta su muerte, tras la cual la quemarían, esparciendo sus restos. Los monjes pertenecían al templo de Cirilo de Jerusalén pero este Cirilo no era el patriarca de Alejandría; curiosa coincidencia, tal vez aprovechada por el patriarca para darse aún más importancia, aunque el otro Cirilo, el de Jerusalén, conoció bien al tío del Cirilo de Alejandría, defendiendo ambos la naturaleza divina de Jesucristo frente al arrianismo. La diferencia estribaba en que Cirilo de Jerusalén, al contrario que su homónimo alejandrino, era un hombre tranquilo que, por lo general, huía de la polémica.

La Iglesia quiso silenciar el horrible crimen como hizo con muchos otros, hasta que el Movimiento de la Ilustración recuperó la figura de Hipathia como ejemplo de cómo debía ser una defensora e impulsora del saber frente al fundamentalismo, algo a lo que los ilustrados se enfrentaron también en el siglo XVIII, convirtiéndose Hipathia en uno de sus referentes y en toda una heroína. Con respecto a Cirilo, sería nombrado santo y doctor de la Iglesia, venerado durante siglos en base a la ignorancia en la que Iglesia gustaba mantener a sus fieles para así tenerles más dóciles. Pero el suceso fue recogido por Juan de Nikio, un obispo egipcio del siglo VII.

Al parecer, cuando el prefecto romano se enteró de lo sucedido enloqueció de furia ya que era amigo personal de Hipathia y todo un admirador, por lo que ordenó una investigación pero la lógica falta de personas que testificaran el crimen (evidentemente había un gran temor a correr la misma suerte que Hipathia), impidió ejecutar a sus autores e incluso Cirilo, ante la presión del prefecto Orestes, llegó a decir que Hipathia estaba viva pero que se había marchado a Grecia. El propio Orestes huyó debido a las maquinaciones de Cirilo.

Hipathia no solo dirigía la Escuela Platónica o colaboraba con su padre, sino que escribió un Canon de Astronomía y revisó el trabajo del astrónomo Claudio Tolomeo e incluso elaboró todo un planisferio. Llegó a diseñar un astrolabio y un aparato destilador de agua, un hidroscopio para medir la presencia y el nivel del agua y un hidrómetro graduado que servía para determinar el peso específico de los líquidos. Por último, como dice Rosa M. Domínguez Quintero, del Instituto de Física de Cantabria, se le supone inventora del aerómetro, instrumento que se usa para medir las propiedades físicas del aire y otros gases.
____________________________________________________________________
Adolfo Estévez
Categorías: Cristianismo | 1 comentario

Las profecías del fin del Mundo (1ª parte)

¿Existe el futuro? Porque de ser así y por pura lógica, significa que se trata de un espacio temporal ya sucedido pero no vivido, digamos una dimensión a la que ciertos elegidos pueden acceder por diferentes técnicas. Pero ello nos obliga a preguntarnos igualmente, ¿nuestro camino está ya trazado?

De todas las profecías, las que más preocupación e impacto causan en la opinión pública son, naturalmente, las que hablan del fin del Mundo y lo curioso es que prácticamente todas hablan del final de la Humanidad, casi sin esperanza de redención aunque también aquí han fallado en numerosas ocasiones demostrando ser, en la mayoría de los casos, simples supercherías y si no, recordamos el año 2000 y los anuncios por doquier sobre el Apocalipsis que traería la llegada del tercer milenio; como hemos podido comprobar, no ha sucedido absolutamente nada.

Si le preguntamos a un científico, nos dirá que la religión es tan solo la explicación vanal de todo aquello que el hombre ignora, incluido su propio final, el cual no vendrá dado por la llegada del Anticristo ni ente parecido, sino por el cambio climático, el terrorismo internacional o el impacto de algún cuerpo celeste, un meteorito o un cometa.

La antropóloga Carmen Bonilla cree que el origen de las profecías “está en la creencia en dioses primigenios y en las revelaciones que nuestros remotos antepasados creían recibir de ellos a través del sueño o de visiones psicotrópicas”.

Creo que la razón a las numerosas profecías apocalípticas de todas las tradiciones es infundir temor en la tribu, Ciudad-Estado, Reino, Imperio o República para que no olviden nunca sus gobernantes y gobernados que son solo seres humanos a los que llegará un día el fin en el que serán juzgados por lo que deben obrar con bondad y sabiduría. Esto, en el mejor de los casos porque también está la parte negativa de las profecías y ciertas sectas apocalípticas que solo vaticinan desastres para aquellos que no comulguen con sus ideales y doctrina; estos grupos suelen ser yijadistas o sectas destructivas (los grupos yijadistas son, por naturaleza, apocalípticos: luchan por destruir el Mundo actual para crear una Umma universal bajo el imperio de la Sharía o Ley islámica pero reinterpretada por sus líderes).

En cualquier caso, esas profecías sobre el final de los tiempos coinciden en varios puntos: el fuego que inundará toda la faz de La Tierra, grandes terremotos, una oscuridad que durará años, en fin, el Armagedón.

Apocalipsis y Armagedón

En principio se refiere a la última batalla entre las fuerzas del Bien y del Mal, la cual acontecerá en una localidad de Israel llamada Meggido:

Y los reunió a todos ellos juntos en un lugar que en el idioma Hebreo se llama Armagedón

Apocalipsis, 16, 16

“har” y “megiddo”, estas son las palabras hebreas utilizadas por Juan en su Libro de Revelaciones al que los cristianos católicos y ortodoxos llamaron “Apocalipsis”. La palabra “har” quiere decir montaña o cadena de muchas lomas, esto es, montes pequeños, de escasa altura. Megiddo, o Megiddon, fue una de las grandes ciudades cananeas conquistadas por Josué, el caudillo de las doce tribus de Israel a la muerte de Moisés. Meggido quedaría bajo tutela de la tribu de Manasés. Al ser un lugar de paso entre Egipto y el corredor siriopalestino, adquirió una gran importancia en su día.

Juan habla del Armagedón en su Libro que fue escrito en su destierro-cárcel de Patmos, comenzando su relato con la razón por la que escribe el Apocalipsis, término que procede del griego y significa “retirar el velo” o “revelar”.

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan. Que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto
 Apocalipsis, 1, 1-2
 
 

En la Biblia, no es la primera vez que se habla del fin del Mundo. Lo hacen también los profetas Isaías, Jeremías, Sofonías, Malaquías o el apóstol Lucas.

Meggido es uno de los lugares más sangrientos de la Historia de la Humanidad por las numerosas batallas que se han sucedido en sus inmediaciones y las decenas de miles de muertos caídos en combate, desde la conquista de Josué hasta la Primera Guerra Mundial.

Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios. Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen

Apocalipsis, 16, 1-2

 

Hay quién ha querido interpretar el Apocalipsis como el relato del resurgir de Babilonia que amenazará a toda La Tierra, entendiendo por la Babilonia del siglo XXI a Irak o Irán. Desde luego, dudo mucho que sea el desestabilizado Irak actual pero resulta curioso el poder amasado por Irán en los últimos años y su influencia en el vecino Irak.

Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA

Apocalipsis, 17, 4-5

 

Tanto musulmanes como cristianos creen en la próxima llegada de un líder que enamorará a todos haciéndoles creer que es el mesías redentor, acompañado de otro individuo que en realidad serán demonios, los cuales una vez hayan conseguido su propósito de conseguir la confianza de la población, cuando ya les tengan mansos y dóciles, entonces mostrarán su verdadera faz para sojuzgar a la especie humana. En lo que no se ponen de acuerdo es en el País que llevará el dudoso honor de ser el lugar de residencia del Anticristo: tal vez los Estados Unidos o pudiera ser Rusia, el “Reino del Norte” que profetiza Daniel o Juan cuando habla del ejército de 200 millones de soldados (pudiera tratarse de una alianza entre rusos y chinos, según algunos estudiosos de las profecías bíblicas). Lo que sí parece que ocurrirá, siempre según estas profecías, o mejor habría que decir, según sus interpretaciones, es que una gran batalla o sucesión de batallas tendrán lugar de nuevo en Meggido entre dos grandes alianzas, representando una al Mal y otra a las fuerzas del Bien. Llama la atención el siguiente versículo del Libro de Zacarías, uno de los profetas menores bíblicos, pero no menos misterioso y hermético:

Y el Señor castigará a todos los pueblos que hayan hecho la guerra contra Jerusalén con esta plaga: hará que se pudra su carne cuando todavía estén en pie, sus ojos se pudrirán en sus órbitas y su lengua dentro de su boca

Zacarías, 14, 12

Pudiera estar relatando los efectos que causa una radiación nuclear o un arma biológica como pudieran utilizar los contendientes de una futura sexta guerra entre el moderno Israel y sus enemigos, claro que es lo que quieren ver los más agoreros ya que no pocos historiadores lo que interpretan es algo que sucedió en época del profeta y que él “profetizó” cuando realmente ya había sucedido.

Zacarías vivió entre los siglos VI y V a.C. Una época difícil para los israelitas, exiliados en Babilonia y que regresarían a su tierra bajo el mandato persa, por lo que algunos autores opinan que el Reino de Israel de David y Salomón nunca existió salvo en la imaginación de los que regresaron del exilio, los cuales necesitaban un referente glorioso en el pasado en el que inspirarse para construir el Gran Israel al que aspiraban. Por lo tanto, las profecías de Zacarías pudieran referirse a las calamidades pasadas del pueblo de Israel, no a su futuro.

La utilización del miedo por los grupos apocalípticos

Pero como indicaba al principio, los grupos apocalípticos, ya sean sectas destructivas u organizaciones terroristas, cuentan con una poderosa arma: el miedo, con el que despiertan otros sentidos, como el de culpabilidad y el de frustración al intentar hacer lo que puedas pero no conseguirlo o no esmerarte lo suficiente en ello. El Armagedón juega un papel esencial en aquellas mentes pobres y fácilmente moldeables que esperan un juicio final o creen en ello ciegamente gracias a un eficaz lavado de cerebro en el que se atemoriza a los fieles seguidores con un fin del Mundo en el que todos seremos juzgados y solo podrán entrar en el Reino de los Cielos aquellos que luchen por Dios, Allah, Yaveh o como queramos llamarle.

Los grupos yijadistas, por ejemplo, utilizan sus campos de entrenamiento en Asia Central (Afganistán y Pakistán) o el Sahel para “educar” a sus adeptos en el miedo a Dios y su Juicio Final, lo que los musulmanes llaman la “Hora” o “Waquia”, el final de la Historia, previa al regreso a los orígenes o Génesis. Para captar a sus soldados de Allah solo tienen que convencerles con vídeos llamativos en los que pueden verse proclamas islamistas sobre la superioridad islámica y la Hora del Fin: todo el que no esté del lado de Allah, será exterminado. Si se acompañan estos vídeos de estadísticas, imágenes de musulmanes muertos en bombardeos israelíes o a manos de soldados norteamericanos en Irak o Afganistán, además del miedo a su Dios, nace en ellos verdadero odio infundado por sus instructores, todo ello en una atmósfera asfixiante y hermética que acaba devorando sus personalidades, anulándolas por completo. Lo mismo ocurre con las sectas destructivas, algunas de las cuales han protagonizado las noticias con suicidios masivos o atentados de algunos de sus “iluminados” pensando que obraban por inspiración divina.

El Apocalipsis pareciera más un libro en clave que Juán escribió como carta que llegara a todas las Iglesias cristianas en un siglo en el que estaban perseguidas con lo que para no sufrir castigo, si eran interceptadas por los romanos, decidió escribir unas supuestas profecías del futuro que en cambio indicaban realmente como actuar por parte de las comunidades cristianas, cuyos líderes tenían en su haber el sistema para desencriptar el Apocalipsis de Juan y así poder entender sus consejos. Por ejemplo, cuando habla de la Bestia de siete cabezas, se piensa que se refería a Roma o Ciudad de las siete colinas. Pero con el tiempo, su original función fue olvidada de modo involuntario al carecer de las fuentes originales o de manera totalmente intencional; el caso es que sería declarado uno de los libros canónicos del Nuevo Testamento definitivamente en el siglo VII de nuestra Era.

Categorías: Cristianismo, Misterios y enigmas | Etiquetas: | Deja un comentario

Las profecías de San Malaquías

Entonces vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego y había en su cabeza muchas diademas y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones y él las regirá con vara de hierro y pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y  contra su ejército.

Apocalipsis, 19, 11-21

 

El santo cristiano conocido como San Malaquías nació en Amago (Irlanda) a finales del siglo XI, viviendo como lo que era, un monje, pasando a ser sacerdote y finalmente obispo. Su canonización fue temprana, poco después de pasado medio siglo de su muerte. Sería el papa Clemente III quién lo elevaría a los altares y lo que sabemos de él es la recopilación de sus andanzas y hechos efectuada por otro santo y último de los padres de la Iglesia cristiana católica, San Bernardo de Claraval. Malaquías murió en los brazos de Bernardo camino de Roma en 1148 pero las visiones de Malaquías son de mucho antes, ocho o nueve años antes de su muerte.

Por alguna razón, Malaquías comenzó a soñar o a tener visiones sobre los papas desde su contemporáneo, Celestino II hasta el que él vio como último de los pontífices: Pedro el romano o Pedro Romano. El apellido “Romano” procede del latín “Romanus”, que significa natural de Roma. Dos mártires cristianos se llamaron así. En España su origen es cántabro y posteriormente puede oírse en Valladolid y Madrid; también en Asturias. Se dice que fueron precisamente los españoles quienes lo introdujeron en Italia a través de Francisco Cayetano Romano que fue Gobernador de Sicilia durante cuatro años en la segunda mitad del siglo XVII.

¿Quiere decir lo anterior que el próximo papa será español? No tiene por qué ya que los españoles lo extendieron por Sudamérica igualmente, así que pudiera ser español, italiano o sudamericano si queremos creer que Malaquías se refería a Pedro cuyo apellido será “Romano” o tal vez quiso decir que procederá de la mismísima Roma. En cualquier caso, al parecer y siempre según Malaquías, el Mundo se acaba después de ese último pontífice: Pedro Romano o el Romano.

Sin embargo, las Profecías de San Malaquías se mencionan por primera vez en el siglo XVI, por Arnold Wyon, en su libro “Lignum Vitae ornamentaln et decus Ecclesiae”. Resulta curioso que este autor fuese benedictino como Malaquías siglos atrás pero además es aún más curioso que coincidiera este “descubrimiento” de las Profecías de San Malaquías con el cónclave para la elección de nuevo papa, tras la muerte de Urbano VII, como un sutil modo de apoyar a la elección de un cardenal, Simoncelli, dando a entender que había sido profetizado con lo que no elegirle pudiera ser contraproducente, algo así como hacer lo contrario al deseo divino. Pero la argucia no coló y Simonelli no fue elegido papa, por lo que esas supuestas profecías de Malaquías fallaron, al menos en lo concerniente a este papa.

Otro detalle: Bernardo de Claraval, amigo personal de Malaquías y su biógrafo no mencionó las profecías de los papas y en cambio un benedictino siglos después, que no les conoció, lógicamente, lo hace. ¿No quiso San Bernardo hablar de las profecías al no creer en ello? ¿O acaso se alarmó y decidió esconder el secreto? O es una farsa urdida en el siglo XVI para elegir a Simonelli como papa que es lo que yo creo. Y otro fallo fue el del Gregorio Gregorio XIV al no coincidir el nombre y divisa con el dado por Malaquías según Alfred de Wion. Pero por otro lado, pensar que con el último papa el Mundo se acabará es considerar al Vaticano centro del Mundo y esta perspectiva la veo lógica efectuada por un benedictino del siglo XVI, en pleno enfrentamiento entre la católica España (el libro es dedicado a Felipe II de España) y el Imperio Turco, cabeza de la fe islámica por aquel entonces. Sin embargo, seguir pensando que en el siglo XXI Roma es aún el centro del Mundo, hasta el punto de que si desapareciera el papado se acabaría la Humanidad, no tiene mucho sentido hoy en día. Además, los lemas de los papas han sido interpretados como se ha querido por tal de encontrarle alguna lógica a las profecías, como “de labore solis” atribuido a Juan Pablo II, cuando el sol no aparece en el escudo de este papa. Con respecto a “labore” (trabajo), desde luego este papa trabajó incansablemente pero por devolver la Iglesia a tiempos anteriores al Concilio Vaticano II, no para que evolucionase. Es raro que no se haga mención en las profecías a su origen polaco, lo más llamativo de Juan Pablo II, después de siglos de papas italianos.

Se dice que Juan Pablo I cuyo lema fue “de mediatate lunae” sí se corresponde asombrosamente, como casi todos los pontífices, con los lemas atribuidos por Malaquías, pero lo cierto es que hay que hacer un ejercicio complicado para aceptar esa teoría ya que de Juan Pablo I solo podemos considerar el haber sido seminarista en la provincia de Belluno (Italia) para encontrar algo que tenga que ver con la luna en su vida.

“Pastor et nauta” para Juan XXIII, lo que achacaron a que este papa fue obispo de Venecia y Venecia tiene una gran tradición unida al mar.

“Pastor angelicus” para Pío XII. Como resistirse a un lema así que convierte al papa que lo lleve en su escudo en casi un santo, alguien angelical. De hecho, se cree que ayudó a los judíos a refugiarse en el Vaticano de la persecución nazi y en agradecimiento por su inmensa bondad y generosidad el propio rabino de Roma se convirtió al catolicismo.

“Ignis ardens” (El fuego ardiente), divisa aplicada al Pío X en 1903. Muere en agosto de 1914, a las puertas de la Primera Guerra Mundial sin haber un solo indicio de que el fuego ardiente estuviera en su escudo o en su legado.

A fines del siglo XVII, Claudio Francisco Menes­trier publicó en París el libro “Refutación de las Profecías, falsa­mente atribuidas a San Malaquías, sobre la elección de los Papas”. El autor, que era historiador, se basó en lo siguiente, lo que comparto y comento a continuación:

<<El primer indicio de falsificación es el hecho de que, durante cerca de 450 años, a saber, desde S. Malaquías (1148) hasta la obra del monje benedictino que dio a conocer esas supuestas profecías, jamás autor alguno hizo la mínima alusión a la Profecía. El propio S. Bernardo no la menciona, aunque conoció de cerca a Malaquías y eso que escribió no solo su biografía sino que reflejó una profecía del santo irlandés en la que pronosticaba la fecha de su muerte y el lugar además de otra que aseguraba que Irlanda, su patria, sería oprimida y perseguida por Inglaterra, trayéndole calamidades por 7 siglos, pero que preservaría la fidelidad a Dios y a Su Iglesia en medio de todas sus pruebas. Al final de ese período sería liberada y sus opresores serían entonces castigados. Irlanda católica será instrumental en el regreso de Inglaterra a la fe>>.

Si escribió esto, ¿por qué no lo hizo con respecto a las profecías de los papas? Tal vez porque vio que en efecto acertaba en sus pronósticos, como ocurrió con su muerte y pensó por lo tanto que sus visiones sobre los papas se cumplirían igualmente con lo que no quiso alarmar a nadie o porque todo es falso y Malaquías nunca habló de los papas, al menos no en esos términos. Tampoco mencionan los historiadores irlandeses contemporáneos o posteriores a Malaquías este detalle de su vida. Parece ser que Wyon menciona a un tal Ciacconio como su fuente en la que se basa para dar a conocer las profecías pero Ciacconio, presentado por Wyon como autor de un comentario de la Profecía, no alude a este docu­mento en su libro “Biografías de los Papas y Cardenales”, editado en repetidas ocasiones a lo largo del siglo XVII.

No parece posible que un autor inspirado teóricamente por Dios, como piensan los teólogos cristianos de sus santos autores, haya introducido en la lista de los Papas a los antipapas Víctor IV (1159-64), Pascual III (1164-68), Calixto III (1168-78), Nicolás V (1328-30), Clemente VII (1378-94), claro que tal vez éstos debieron ser los papas legítimos y no quienes se sentaron en el sillón de Pedro, en el Vaticano.

Seguro que Malaquías, un monje benedictino observante, nunca haría nada contrario a las Escrituras o los Evangelios y en el Nuevo Testamento, concretamente en “Hechos de los Apóstoles”, Jesucristo dijo, supuestamente, que no competía a los hombres conocer los tiempos y momentos dispuestos por la Providencia del Padre.

Además, la aplicación de los lemas es arbitrario con lo que los papas han podidos ser elegidos atendiendo a lo que las profecías anunciaban, buscándose en los cónclaves lo que pudiera ser indicador o cercano a esas profecías para escoger a quién pudiera relacionarse con ellas en cada momento.

Antes del descubrimiento de las profecías, los papas tienen lemas relacionados con sus biografías: lugares de origen o hechos acaecidos en sus vidas. Después solo se les atribuyen cualidades, como si ya no tuviera el profeta datos biográficos sobre ellos. He puesto el ejemplo de Juan Pablo II. ¿Por qué antes de 1590 se habla de los lugares de los que son los papas y de Juan Pablo II no se hace mención de que es polaco?

A lo anterior respondo lo siguiente: el monje benedictino que dio a conocer las profecías tenía suficiente información y amplia sobre los papas anteriores a su época pero ninguna de los que vendrían después de él con lo que les atribuye lemas tales como “Vir religiosus” (“Varón religioso”), “Ignis ardens” (“Fuego ardiente”), “Fides intrepida” (“Fe intré­pida”). ¿Qué Papa se resistiría a estos calificativos? Lo cierto es que muchos de los lemas escogidos por los Papas posteriores al monje Arnold de Wyon han de sufrir interpretaciones que son verdaderos malabarismos para relacionar dichos lemas con las profecías. 

Cuando el sepulcro del gran Romano hallado, el día después será elegido Pontífice, del Senado sin embargo no será ratificado, envenenado, su sangre al sagrado esquife.

Nostradamus, centuria III, 65

Algunos lo interpretan diciendo que el último Papa será elegido poco después del descubrimiento de la tumba de un antiguo e importante romano. Y coincide con Malaquías en que su elección será un instrumento para que el Anticristo destruya la Iglesia Católica. 

Arnold de Wyon estudio y vivió en Papua, muy cerca de Roma y se dice que gracias a esto pudo haber accedido a esta información que Malaquías dejó oculta en algún lugar de Roma. 

Además de San Malaquías, muchos otros han predecido el fin de las dinastías papales. Jeane Dixon, que ya predijo una alianza entre EEUU y Rusia para luchar contra China, también dijo que hacia finales de siglo un Papa será herido. Y otro morirá asesinado hallándose lejos de Roma. A partir de tal hecho, la Iglesia tendrá un tipo de gobierno distinto al Papado.

Juan de Vatigueiro , en el siglo XIII, predijo que cuando el mundo se encuentre perturbado el Papa cambiará de residencia y durante 25 meses no habrá ningún gobierno ni Papa en la Iglesia de Roma.

Juan de Rocapartida, 100 años después, profetizó que al acercarse el fin del Mundo, el papa y sus cardenales habrán de huir de Roma en trágicas circunstancias hacia un lugar donde permanecerán sin ser reconocidos. El Papa sufrirá una cruel muerte en el exilio.

Nicolás de Fluh, en el siglo XV, previó que llegaría un tiempo en el que la Iglesia quedaría desolada, sin Pedro ni sus sucesores.

Helen Wallraf, vidente, declaró que llegaría el día en que el Papa huya de Roma con la sola compañía de cuatro cardenales.

Anna Katerina Emmerick vio al Papa huyendo, débil y agotado por los muchos pesares y tribulaciones y al Vaticano quemado hasta los cimientos.

Don Bosco, mistico, advirtió al Papa Pío IX de que llegará un día en que una luz brillante resplandecerá en el cielo, en pleno fragor de una batalla. En ese instante, el Papa y sus servidores abandonarán el Vaticano pasando por una plaza cubierta de muertos y heridos. Todo el país sufrirá una gran pérdida de población y la tierra se agitará como arrasada por un huracán y caerá un fuerte pedrisco. Durante doscientos amaneceres, el papa y su séquito vagarán por tierras extranjeras.

Pio X tuvo una visión similar en 1909. Durante una audiencia, el Papa se desmayó y, al recobrar el conocimiento, dijo que llegaría un día en el que el Papa abandonará Roma y será transportado, enfermo, por encima de los cadáveres de sus cardenales.

Las profecías de San Malaquías terminan así:

En la persecución final de la Santa Iglesia Romana reinará Petrus Romanus, quien alimentará a su rebaño en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el temido juez juzgará a su pueblo. 

____________________________________________________________________________

 Artículo elaborado por Adolfo Estévez

 

Categorías: Cristianismo | Etiquetas: | Deja un comentario

La demonización de la mujer en la Iglesia Católica

Para dar respuesta a estas preguntas, tendríamos que remontarnos a la época de Jesús: la mujer era vista como un ser sin autoridad, marginada de toda decisión, hasta sobre su propia vida. Desde la infancia soportaba todas las cargas, no se le permitía estudiar, contraía matrimonios previamente concertados siendo aún niñas pasando de la tutela del padre a la del marido, sufriendo partos y maternidades seguidas o, aún peor, si era estéril (situación considerada vergonzante). Si era repudiada por el marido o enviudaba quedaba totalmente desprotegida. Pero además se la consideraba impura: el judío religioso debía evitar el trato con la mujer y no debía ni siquiera mirarla.

Jesús rompe con las prescripciones rabínicas misóginas: es acompañado por mujeres, habla con ellas, afirma que tienen derecho a escuchar lo que dicen los maestros de la ley y a conversar con él en igualdad con los hombres. 

Cuando Jesús muere en la cruz, las mujeres que le seguían son testigos de esta muerte y no le abandonan. Marcos afirma que Jesús resucitado se apareció primero a María Magdalena. Los críticos conceden a esta frase una seria probabilidad histórica por lo extraordinario, teniendo en cuenta que la mujer no podía dar testimonio legal. Esta afirmación estuvo compitiendo en la primitiva iglesia con otra presente en los evangelios que presenta a Pedro como el primer testigo de la resurrección. Teniendo esto en cuenta ya podemos empezar a vislumbrar las primeras discusiones sobre el papel de la mujer. 

Hemos hecho alusión a un personaje crucial: María Magdalena, la cual reúne todas las cualidades para ser considerada apóstol de Jesús, es más, se le dio el título de apóstol de los apóstoles, en los evangelios aparece como amada por Jesús (equivalente femenino de Juan) y su seguidora desde los inicios, enviada por Jesús a dar la buena nueva, testigo de su muerte y primer testigo de su resurrección. 

Tuvo su comunidad y se escribió el Evangelio de María Magdalena, declarado apócrifo por la tradición eclesial. Con el paso de los años su figura y su labor fue anulada y obviada pasando a ser la prostituta redimida por Jesús. ¿Por qué tal negación? Parece que tuvo divergencias con el resto de los apóstoles, los cuales no lo olvidemos, seguían siendo judíos en una sociedad judía y no podía verse con buenos ojos que una mujer los guiara; pudo surgir la envidia y el desprecio patente hacia una mujer que quizás si fue capaz de entender el mensaje que Jesús vino a dar. 

La iglesia primitiva parte de la afirmación radical de que para Dios no existe la diferencia de sexos: el Espíritu se derrama por igual en hombres y mujeres. Según estudios teológicos recientes, las mujeres ejercieron funciones ministeriales y directivas en el cristianismo primitivo y podían presidir la celebración eucarística de las comunidades, existen prescripciones conciliares en los siglos III y IV sobre el estatuto de la mujer diaconisa, por lo tanto, todas las objeciones al ministerio de la mujer quedan devaluadas, sin embargo, todo esto que en su origen fue normal se redujo progresivamente hasta un ministerio únicamente masculino; la semilla de igualdad sembrada por Jesús, se fue ahogando poco a poco con la sociedad patriarcal y androcéntrica que existía y sigue existiendo. 

Es importante hacer un inciso también sobre la figura de María, que le evangelio presenta como la profeta del Magnificat (que anuncia un Dios que derriba del trono a los poderosos), equivalente a la madre, mujer sencilla, orante, comprometida, valiente y seguidora de Jesús hasta su muerte. Pues bien en los siglos II y III se desarrolla una ” Marianología” que presenta a María como un ser puro y angelical, una mujer divina a la que se le colma de joyas y títulos. Se trata de neutralizar su sexualidad separando a la virgen diosa de la mujer real. En el fondo se utiliza a María para despreciar a la mujer, porque la mujer normal que valora su sexualidad y la relación en pareja es considerada impura y sucia. Como consecuencia también se hace renunciar a los sacerdotes al matrimonio, por esa negativización del sexo y de la mujer. 

Sigamos avanzando en nuestro análisis; en casi todas las culturas prehistóricas eran las mujeres, en la mayoría de los casos, las encargadas de realizar ritos destinados a propiciar la caza, mejorar las cosechas, la fertilidad etc., tradición que se ha mantenido de alguna u otra manera en el seno de las sociedades hasta prácticamente la actualidad. 

Sin embargo, en algún momento cercano al año 1.000 de nuestra era, la iglesia comenzó a preocuparse ya que, de alguna manera, su poder se veía mermado. ¿Cómo se llegó a esta situación? Por un lado, con la aparición de las llamadas herejías, palabra de origen griego que significa “separados”. Por otro, la ignorancia de la época propiciaba la creencia del pueblo en determinadas personas dotadas de algún don especial a las que acudían para solucionar sus problemas, en lugar de consultar al sacerdote, con lo cual, el clero dejaba de ser el único y verdadero intermediario entre Dios y los hombres; ahora eran los brujos. 

En el caso de las herejías, la que supuso una amenaza más seria parala iglesia romana, fue la surgida en el Languedoc, lo que actualmente es el sur de Francia, los conocidos como cátaros o albigenses ya que rompían con los dogmas fundamentales de la iglesia: creían en la reencarnación y reconocían el principio femenino de la religión ya que sus predicadores y maestros (los perfectos) eran de ambos sexos, negaban la validez de todas las jerarquías clericales y la ostentación de riqueza e insistían en el conocimiento directo y personal, en la “gnosis” o conocimiento que está por encima de credos y dogmas; por todo ello, los sacerdotes, obispos y otras autoridades clericales sobraban. 

En el año 1.209 se produjo una guerra que duró casi 40 años y se conoce con el nombre de “cruzada contra los albigenses”. El exterminio fue tan grande, que bien podría considerarse como el primer caso de “genocidio” en la historia moderna de Europa. 

Para defender sus intereses, la iglesia comenzó una persecución dirigida a herejes, brujas, magos hechiceros y curanderos, metiéndolos todos en el mismo saco y acusándolos de practicar acciones ajenas a la Iglesia y a la religión, utilizando para ello, la institución creada para la supresión de la herejía por el pontificado en 1.184 mediante una bula del papa Lucio III: la Inquisición, cuya responsabilidad cayó en la orden de los dominicos. 

En lo tocante a la brujería, las mujeres se llevaron la peor parte en esta especie de “vendetta”: la superstición reinante en esa época hizo que se desatase una brutal persecución contra las acusadas de ejercer la magia y la brujería por sus conciudadanos llevados simplemente por la envidia o los celos ya que no hacían falta pruebas irrefutables para que una mujer fuese condenada. No se conoce el número total, pero a lo largo de los siglos es posible que más de un millón de personas hayan sido eliminadas por culpa de la sugestión colectiva. 

Por supuesto para “salvar a la pecadora”, nace la figura del exorcista personificado en algún miembro del clero que no hace sino que apelar también a la sugestión. Si bien en la actualidad la medicina ha demostrado la semejanza de estos síntomas con los ataques histéricos, de pánico y la epilepsia, 500 años atrás, un ataque de éstos podría terminar con alguien torturado y quemado vivo. 

Los papas lograron institucionalizar y dar cierto matiz legal y terrenal a las persecuciones, incitando a los príncipes a aplicar sanciones, codificarlas y convertirlas en leyes, apremiando al poder secular para que las hiciera cumplir. 

La gran caza de brujas no pudo producirse hasta que los miembros de las élites dirigentes, en especial los de la maquinaria judicial no creyesen que el “delito” era de la máxima magnitud, produciendo ciertas innovaciones legales entre los siglos XIII y XVI, adoptando el procedimiento inquisitorial de procedimiento criminal lo que hizo mucho más sencilla la incoación y enjuiciamiento en caso de brujería. 

Asimismo, era necesario hacer creer a las clases populares que el delito tenía naturaleza diabólica, ya que se establecía un pacto con el diablo, pacto que sentó las bases del delito de brujería y que fue ampliamente desarrollado en manuales como el “Malleus Maleficarum“, o “El martillo de los brujos“, primer tratado de gran importancia que hizo accesible al público el concepto de brujería; publicado por primera vez en 1.486 y escrito por dos inquisidores: Heinrich Kramer y Jacob Sprenger. 

La creencia del pueblo en la brujería resta influjo a la iglesia, la cual no pierde la ocasión de constituir un enemigo real y letal para sus intereses capaz de manifestarse en cualquier lugar y momento en el intangible Señor de las Tinieblas, a través de sus principales actores: las mujeres. 

Según la doctrina general sobre las brujas establecida en “El martillo”, son generalmente las mujeres las que se dan a la magia o brujería, pues desde su nacimiento están más propensas a la sensualidad y al pecado, una afirmación que se basa en las primeras páginas de la Biblia, cuando Eva seduce a Adán y lo incita a renegar del mandato divino, lo cual puede ser el origen del manifiesto antifeminismo clerical. 

A partir de ese instante, que se hace constante y perenne en la historia del cristianismo, las mujeres están bajo castigo por causa de pecado, sometidas a la voluntad masculina y siempre bajo sospecha y temidas por ser potencial fuente de una seducción que conduce al mal. 

Aunque el Malleus Maleficarum es un corpus jurídico en el que se entremezclan preceptos de derecho penal y nociones de criminalística, en el texto salta a la vista que su acento mayor está puesto en el papel herético que la mujer cumple y ha cumplido desde que el mundo es mundo. 

Condenadas por los teólogos medievales, también en los tiempos post-escoláticos, existe una verdadera misoginia y una intensa, aunque a veces solapada persecución. Todo ello indica por qué tales “criaturas pecadoras” no fueron escogidas para canales de la gracia de Dios. 

Teniendo en cuenta estos argumentos, podríamos decir que la Iglesia Católica sigue anclada en el pasado, prisionera consentida de unos prejuicios tradicionales y de una concepción negativa de la mujer que no ha sabido o no ha querido enmendar, haciendo oídos sordos al reconocimiento del derecho universal a la igualdad y a la no discriminación de la mujer, justificando con su práctica y su lenguaje la primacía del hombre con peligrosas consecuencias en la sociedad actual, por ejemplo en un tema tan sensible como el maltrato doméstico y la violencia de género que hunden sus raíces en esa pretendida superioridad masculina, o simplemente obviando su sexualidad, negando el uso de anticonceptivos con el riesgo de embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual, dando por hecho, en definitiva que su única función es traer hijos al mundo y ser esposa amantísima, lo contrario sería ir contra la voluntad de Dios, lo cual como hemos visto, en otros tiempos hubiera supuesto la hoguera. 

Hoy en día, afortunadamente, no llegamos a unas medidas tan drásticas; la mujer tiene acceso libre al conocimiento, al estudio y al razonamiento (aunque desgraciadamente sigan existiendo sociedades puramente machistas), es consciente de que tiene derecho a decidir sobre su persona, sobre su vida, a coger el camino que estime oportuno, aunque todavía hoy en día, la sombra de la iglesia es muy alargada y las familias siguen inculcando a sus hijas desde pequeñas cual es el rol femenino, potenciándolo con creencias religiosas demasiado enraizadas en nuestra sociedad. 

No se es más inteligente, más bueno, más sensible, más fuerte etc. por ser hombre o mujer. Se es persona, con sus defectos y sus virtudes, en igualdad de condiciones, de oportunidades y sobre todo con libertad de pensamiento para descubrir, para aprender, equivocarse y saber rectificar, en una palabra, evolucionar para llegar a lo divino a través de lo humano, llegar a la perfección a través de la imperfección. 

Quizás ese era el mensaje de un tal Jesús demasiado adelantado para una época en la que muy pocos supieron entenderlo, entre ellos, una mujer.

 

Categorías: Cristianismo | Etiquetas: | Deja un comentario

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.