La verdad sobre la Armada Invencible

Felipe II era el defensor de la fe católica ya que su padre Carlos así se lo había impuesto en su testamento. Además estuvo casado con María, la hermana de Isabel I, pero aquella, enloquecida por no darle hijos, acabó muriendo sin ser correspondida por su marido, que debió ser alguien imponente porque se piensa que Felipe también encandiló a Isabel, a la que veía como una muchacha simpática pero insignificante.

Cuando, una vez muerta María, la corte de los Tudor presentó al Rey de España la oferta de casarse con la nueva soberana, Isabel, ciertos informes aconsejaban no hacerlo pues al parecer la joven reina hubiera podido heredar alguna enfermedad genética. Fuera cierto o no, Isabel fue rechazada y desde ese momento su odio hacia Felipe de Habsburgo y todo lo español se incrementó de tal modo que llegó a ser enfermizo; una verdadera obsesión.

Ordenó atacar a las flotas españolas del Atlántico, lo que ninguna otra potencia se había atrevido, ni siquiera Francia, para lo que recurrió a piratas. Abrazó el anglicanismo impuesto por su padre, Enrique, hijo del primer rey de la dinastía Tudor y modernizó su flota con los últimos avances marítimos lo que hacía sus barcos más veloces e idóneos para el comercio ya que podían ir armados y ser utilizados también para la guerra.

Isabel sabía que intervenir en Europa era un suicidio pues los tercios españoles eran invencibles pero tal vez en el mar pudiera plantarle cara al coloso español. Estudió la flota española gracias a sus espías y supo que los navíos de guerra de Felipe II eran muy poderosos por su número de cañones e incluso por su robustez haciendo casi imposible el abordaje o hundirlos mediante una embestida. Pero ese era precisamente el handicap de la armada española: su lentitud y su dificultad para maniobrar.

La empresa de la armada invencible surgió a raíz de los ataques sucesivos de los piratas ingleses. Al igual que hoy en día los Estados Unidos de Norteamérica, entonces España contaba con un excelente servicio de espionaje, clave para mantener la supremacía en el continente europeo (las demás posesiones nunca interesaron demasiado, tan solo se explotaba sus riquezas para pagar las costosas campañas y la influencia en Europa). Se supo que los espías estaban a las órdenes de la Reina Vírgen, como era conocida Isabel, por haber declarado públicamente, después del rechazo de Felipe, que permanecería soltera toda su vida (dicen que aborrecía a los hombres pero es sabido que tuvo claros favoritos siempre cerca suyo).

Por fin, Felipe de España ordena al experimentado Don Álvaro de Bazán que construya la mayor flota que los mares hayan visto nunca y que invada Inglaterra, apoyado por los tercios de Flandes a los que se recogería en un puerto seguro de este territorio. Pero Bazán, que había dicho que la empresa no era difícil, teniendo en cuenta el potencial español y la debilidad inglesa, se encontró con múltiples obstáculos y zancadillas de otros nobles hasta que su muerte obligó al rey a poner al frente del proyecto al duque de Medina Sidonia y al mando de las fuerzas de tierra al duque de Parma, sobrino del rey pero a diferencia del duque de Medina Sidonia. el de Parma tenía una sobrada experiencia militar. Alonso Pérez de Guzmán, a la sazón, duque de Medina Sidonia, carecía de esa formación. Aún así, el rey confió en él a pesar de las voces en contra. Es de suponer que debió existir algún tipo de contraprestación o se pensaba que la empresa era sencilla lo que ayudaría en promoción del duque. En cualquier caso, no solo fue el responsable del fracaso de la armada sino también del saqueo de Cádiz cuando fue atacada por la armada inglesa, ocho años después de la Armada Invencible. Y a pesar de todo, Felipe II le mantuvo como Capitán General del Mar Océano.

En principio, la suerte estaba echada para Inglaterra ya que además el Papa bendecía la expedición pues se trataba de una cruzada en contra de un reino de excomulgados. Cuando la noticia llegó a las cortes europeas nadie podía imaginar que Inglaterra pudiera salvarse.

Al mando de la flota inglesa estaba el conde de Nottingham que a punto estuvo también de perder su escuadra si no hubiera sido por sus lugartenientes, el famoso Sir Francis Drake (que se piensa tuvo algún amorío con la reina) y John Hawkins. Como al final salió bien parado el conde, se le mantuvo en el cargo de almirante de la marina inglesa e incluso llevó a cabo el saqueo de Cádiz en 1596.

La Armada ciertamente consiguió tener una capacidad demoledora (imaginemos el terror que vivían en Inglaterra al saberse objetivo de España y la posibilidad muy real de una invasión con semejante armada acercándose a sus costas y los tercios, de los que se habían oído historias terribles, esperando en Flandes como refuerzo; o el vigía que les vio primeramente, al comprobar como los barcos dominaban toda su visión del horizonte frente a él): estaba compuesta por 130 navíos con una fuerza humana formada por 8.253 marinos, 2.088 remeros y 19.295 soldados de infantería, llevando artilugios y maquinas para asedios, pero la fortuna no estuvo de su lado o mejor habría que decir la climatología adversa para una fortaleza flotante como aquella y su dificultad para maniobrar con ligereza y la inexperiencia del duque de Medina Sidonia que desaprovechó una excelente oportunidad de atacar, un día que los vientos amainaron. Claro que no toda la culpa era del duque, el rey tuvo mucho que ver.

Felipe II insistía a sus nobles y comandantes que nunca hicieran nada sin su consentimiento y exigía estar informado de todo lo que ocurría en sus vastos territorios, aún con la dificultad que entrañaba tal actitud porque los correos no eran tan rápidos por aquel entonces y hasta que llegaba la orden del rey podía ocurrir cualquier cosa, algo que desesperaba sobre todo en Flandes, donde las revueltas eran continuas.

En el caso de la Armada Invencible la orden era tajante: no entrar en batalla hasta reunirse con las fuerzas de Alejandro Farnesio. Y cuando por fin llegan a Los Paises bajos, el duque de Parma dice que no piensa embarcar a sus tropas mientras estén atosigados por buques holandeses (aliados a Inglaterra) e ingleses. Una medida lógica ya que realizar el traslado de sus fuerzas con tanta inseguridad era una irresponsabilidad que no podía asumir Farnesio y menos mal ya que de lo contrario, Flandes hubiese quedado desprotegido.

Mientras tanto, las ligeras naves inglesas, sin llegar a acercarse del todo porque hubieran sido despedazadas, atosigaban una y otra vez con incursiones breves pero efectivas. En el Canal de la Mancha, con las fuertes corrientes y las tempestades típicas de la zona, los españoles se habían metido en la boca del lobo.

Otra oportunidad que se perdió fue, precisamente, cuando la Armada llegó al Canal, un día en el que asombrosamente no había apenas viento. Si hubieran atacado entonces, sin duda Inglaterra hubiera caído ya que el temor de Isabel y sus súbditos era que si la Armada Invencible conseguía desembarcar sus efectivos, no contaban con un ejército capaz de frenarles. Si el duque de Medina Sidonia hubiera atacado en ese momento y establecido un puente marítimo entre Flandes e Inglaterra para trasladar a los tercios mientras las fuerzas de la Armada, ya desembarcadas, iniciaban la invasión, con otros barcos que protegieran el puente de los ataques holandeses, los cuales no hubieran podido hacer nada ante dicho despliegue e incluso hubiesen corrido tal vez peor suerte que los ingleses, si el duque hubiera hecho caso de sus asesores militares que le recomendaban atacar, entonces Felipe II hubiera sido rey de Inglaterra por segunda vez y es que hay un detalle que a los ingleses no les gusta admitir: el rey de España llegó a ser, a pesar del fracaso de la invencible, rey consorte en Inglaterra, pues estuvo casado con la hermana de Isabel pero ningún inglés o inglesa han sido nunca reyes de España.

El drama que continuó al desastre de la Armada Invencible es de película, sin duda, una verdadera tragedia. Debido a los continuos ataques, la imposibilidad de maniobrar bien y el tiempo tan adverso así como las naves incendiarias que los ingleses enviaban contra la Armada ya que no osaban acercarse, preferían atacar de ese modo (una medida que no es cobarde sino muy astuta, se trataba de sobrevivir, sencillamente), al final el duque da la orden de replegarse e internarse en el Mar del Norte pero fue otro gran error. La idea era no volver a atravesar el Canal de la Mancha, sin embargo los arrecifes a los que un error de cálculo y meteorológico les llevó hicieron el resto. La verdad es que causaron más perdidas los naufragios que los ataques ingleses. Cuando los españoles huyeron del Canal de la Mancha, la Armada, aunque tocada seriamente, seguía siendo temible. Si en vez de rodear las islas británicas, hubieran marchado a Dinamarca que estaba dentro del Imperio Romano Germánico y por lo tanto posesión de los Austrias, se hubiera reparado y habría contraatacado con un plan mejor. Pero el duque de Medina Sidonia creyó que podía bordear las islas y encontrar un lugar más idóneo para la invasión o sencillamente huir, razón esta última la más probable pues ya no contaba con las fuerzas del duque de Parma como refuerzo y ante el temor de que el rey le castigara por desobedecer sus órdenes, optó por regresar.

Un fenómeno meteorológico que irregulariza el magentismo terrestre y desorienta a cualquier brújula afectó a la Armada con lo que el barco guí, cuando estaba convencido de que se dirigía mar adentro, realmente lo que estaba haciendo era dirigirse a la costa y con ello a los acantilados irlandeses no dando crédito los ingleses de lo que veían sus ojos: la Armada estaba naufragando ella solita. Evidentemente, ellos sí que no desaprovecharon la ocasión de pasar a cuchillo a prácticamente todos los supervivientes del naufragio, a fin de cuentas, sus enemigos que semanas atrás pretendían invadirles y que a saber lo que hubieran hecho con ellos y sus familias. Los ingleses no se pararon a comprobar si los españoles eran tan fieros, desoyeron sus súplicas de clemencia matando a todo el que encontraban. Otros consiguieron refugiarse en casas de lugareños irlandeses quienes odiaban a los ingleses como nadie. Se calcula que los ingleses mataron a 10.000 españoles. No es para que se sientan precisamente orgullosos pues ni hundieron ellos la Armada, ni se dieron cuenta realmente de que el peligro había pasado hasta que vieron a los barcos españoles naufragar ya que hasta ese momento no había quién les quitara el miedo en el cuerpo (que por cierto fue el almirante Lord Howard de Effingham quién le atribuyó el añadido de “invencible”, mofándose), ni actuaron precisamente con caballerosidad: es curioso como acusaban a los conquistadores españoles de realizar masacres de indios en América y la verdad es que, en cierto modo, así fue, pero aquellos que les criticaban o que alimentaron la posterior Leyenda Negra española, sobre todo los ingleses, debieran hacer acto de conciencia y reflexionar un poco si sus antepasados obraron como debieron.

El odio hacia los españoles era tal que no hubo presos, todos murieron ahorcados, sino cuando eran detenidos, poco después. A su regreso, la Armada solo traía 66 buques, de los 130 que zarparon y 10.000 hombres, de los 30.000 que embarcaron. Sin embargo, los ingleses no se hicieron con el dominio de los mares como se ha dado a entender. España seguía siendo muy poderosa y prueba de ello es la frase que Felipe II pronunció al enterarse del desastre: “Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades. Doy gracias a Dios por haberme dado medios para poder sufrir fácilmente una pérdida semejante y porque todavía estoy en situación de volver a construir otra flota tan grande. Una rama ha sido cortada, pero todavía está verde el tronco y puede producir otras nuevas” y eso que la empresa había costado 40 millones de ducados (podemos hacernos una idea de la riqueza española teniendo en cuenta que el ducado tenía un peso de 3,6 gramos de oro) y es que por aquel entonces las riquezas americanas aún fluían sin parar, de ahí que resultaran tan peocupantes las expediciones inglesas y una cosa más. Meses después del desastre de la Armada, animados por lo que creyeron fue una victoria de su poderío naval, los ingleses se dirigieron a Lisboa donde sufrieron un serio revés. Pero claro, de esto no se acuerdan. Afortunadamente, en la Gran Bretaña actual los científicos e historiadores son personas en su mayoría honestas y son precisamente ellos quienes descubrieron el problema técnico motivado por el extraño fenómeno meteorológico que condujo a la Armada Invencible a un infierno que para nada podían imaginarse cuando se embarcaron en tan increible aventura

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Categorías: Historia de España | Deja un comentario

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