La serpiente emplumada

Quetzalcoatl era el dios de la cuarta humanidad (las tres anteriores habían sido destruidas, una tras otra) y su Mundo fue creado a raiz de una astilla de hueso robada al señor de las tinieblas, donde se encontraban las anteriores humanidades. La astilla fue sustraida de la tercera humanidad, la anterior a la de Quetzalcoatl. Él le dio vida rociándola con su propia sangre, pero el señor oscuro no perdonó nunca su osadía y atosigaba a los seres humanos constantemente con tentaciones de todo tipo.

Quetzalcoatl amaba a la humanidad por lo que les ordenó que no le ofrecieran sacrificios humanos sino de animales. También era dios de los antagonismos y por lo tanto del sol y la luna. Se encarnó en un dios tan pobre que no tenía nada que ofrecer por lo que se sacrificó él mismo arrojándose al fuego sagrado. Desde entonces se encargaba de alumbrar el día alcanzando el nivel de sol por su valentía y su antagónico, que era rico pero cobarde, por lo que no fue capaz de ofrecerse como ofrenda al fuego, se le degradó a ser luna.

Pero Quetzalcoatl no era azteca, como muchos piensan, sino tolteca e incluso anterior a ellos ya que era la serpiente emplumada que adoraban en Teotihuacan cientos de años atrás. Los toltecas no aparecerían hasta el siglo X pero ha existido mucha confusión con ellos y la serpiente emplumada porque el primero de sus reyes del que se tiene constancia histórica, Topilzin, se atribuyó su nombre y poder, considerándose un dios en La Tierra al estilo de los faraones egipcios. Se trató de un rey-sacerdote que se dio en llamar Quetzalcoatl. Trasladó su capital a la fastuosa Tula y la consagró a la serpiente, que no era maligna ni exigía sacrificios humanos. Algunos se preguntan cómo era posible si las civilizaciones precolombinas realizaban ese tipo de sacrificos como constataron los conquistadores españoles. Pues sencillamente porque, como ha ocurrido con otras civilizaciones, los sacrificios y ofrendas a los dioses variaban a lo largo del tiempo, dependiendo de quienes gobernaran.

En el reino tolteca había otros ritos y uno de los más importantes era el del dios Tezcatlipoca cuyos sacerdotes sí exigían sangre humana. Al parecer hubo una especie de guerra civil entre los partidarios de un dios y el otro, venciendo los del dios guerrero y sanguinario Tezcatlipoca, ofreciéndose sacrificios humanos desde entonces.

Quetzalcoatl huyó adentrándose en el gran Océano pero antes de marchar dijo que volvería y dio una fecha concreta. Los indios mesoamericanos eran buenos astrólogos y su capacidad para entender los fenómenos astronómicos aún resulta increible. Las profecías mayas, entre otras, son asombrosas, precisamente las que establecen el final del Mundo en diciembre de 2012. Una de las profecías toltecas establecía que su rey-dios Quetzalcoatl volvería del mar, en el que un día se adentró, en torno al año que trasladado al calendario cristiano coincidía con 1519 y en ese año fue cuando los españoles, al mando de Hernán Cortés, de piel y barba blancas, llegaron desde el mar. Como se comprenderá fue fácil creer que el dios serpiente volvía para vengarse de los que ofrecían sacrificios humanos y de ahí que los aztecas, herederos de las tradiciones toltecas, pensaran que les había llegado el fin de su mundo, profetizado siglos atrás.

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Categorías: Mitos y leyendas | Deja un comentario

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