Las profecías del fin del Mundo (1ª parte)

¿Existe el futuro? Porque de ser así y por pura lógica, significa que se trata de un espacio temporal ya sucedido pero no vivido, digamos una dimensión a la que ciertos elegidos pueden acceder por diferentes técnicas. Pero ello nos obliga a preguntarnos igualmente, ¿nuestro camino está ya trazado?

De todas las profecías, las que más preocupación e impacto causan en la opinión pública son, naturalmente, las que hablan del fin del Mundo y lo curioso es que prácticamente todas hablan del final de la Humanidad, casi sin esperanza de redención aunque también aquí han fallado en numerosas ocasiones demostrando ser, en la mayoría de los casos, simples supercherías y si no, recordamos el año 2000 y los anuncios por doquier sobre el Apocalipsis que traería la llegada del tercer milenio; como hemos podido comprobar, no ha sucedido absolutamente nada.

Si le preguntamos a un científico, nos dirá que la religión es tan solo la explicación vanal de todo aquello que el hombre ignora, incluido su propio final, el cual no vendrá dado por la llegada del Anticristo ni ente parecido, sino por el cambio climático, el terrorismo internacional o el impacto de algún cuerpo celeste, un meteorito o un cometa.

La antropóloga Carmen Bonilla cree que el origen de las profecías “está en la creencia en dioses primigenios y en las revelaciones que nuestros remotos antepasados creían recibir de ellos a través del sueño o de visiones psicotrópicas”.

Creo que la razón a las numerosas profecías apocalípticas de todas las tradiciones es infundir temor en la tribu, Ciudad-Estado, Reino, Imperio o República para que no olviden nunca sus gobernantes y gobernados que son solo seres humanos a los que llegará un día el fin en el que serán juzgados por lo que deben obrar con bondad y sabiduría. Esto, en el mejor de los casos porque también está la parte negativa de las profecías y ciertas sectas apocalípticas que solo vaticinan desastres para aquellos que no comulguen con sus ideales y doctrina; estos grupos suelen ser yijadistas o sectas destructivas (los grupos yijadistas son, por naturaleza, apocalípticos: luchan por destruir el Mundo actual para crear una Umma universal bajo el imperio de la Sharía o Ley islámica pero reinterpretada por sus líderes).

En cualquier caso, esas profecías sobre el final de los tiempos coinciden en varios puntos: el fuego que inundará toda la faz de La Tierra, grandes terremotos, una oscuridad que durará años, en fin, el Armagedón.

Apocalipsis y Armagedón

En principio se refiere a la última batalla entre las fuerzas del Bien y del Mal, la cual acontecerá en una localidad de Israel llamada Meggido:

Y los reunió a todos ellos juntos en un lugar que en el idioma Hebreo se llama Armagedón

Apocalipsis, 16, 16

“har” y “megiddo”, estas son las palabras hebreas utilizadas por Juan en su Libro de Revelaciones al que los cristianos católicos y ortodoxos llamaron “Apocalipsis”. La palabra “har” quiere decir montaña o cadena de muchas lomas, esto es, montes pequeños, de escasa altura. Megiddo, o Megiddon, fue una de las grandes ciudades cananeas conquistadas por Josué, el caudillo de las doce tribus de Israel a la muerte de Moisés. Meggido quedaría bajo tutela de la tribu de Manasés. Al ser un lugar de paso entre Egipto y el corredor siriopalestino, adquirió una gran importancia en su día.

Juan habla del Armagedón en su Libro que fue escrito en su destierro-cárcel de Patmos, comenzando su relato con la razón por la que escribe el Apocalipsis, término que procede del griego y significa “retirar el velo” o “revelar”.

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan. Que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto
 Apocalipsis, 1, 1-2
 
 

En la Biblia, no es la primera vez que se habla del fin del Mundo. Lo hacen también los profetas Isaías, Jeremías, Sofonías, Malaquías o el apóstol Lucas.

Meggido es uno de los lugares más sangrientos de la Historia de la Humanidad por las numerosas batallas que se han sucedido en sus inmediaciones y las decenas de miles de muertos caídos en combate, desde la conquista de Josué hasta la Primera Guerra Mundial.

Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios. Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen

Apocalipsis, 16, 1-2

 

Hay quién ha querido interpretar el Apocalipsis como el relato del resurgir de Babilonia que amenazará a toda La Tierra, entendiendo por la Babilonia del siglo XXI a Irak o Irán. Desde luego, dudo mucho que sea el desestabilizado Irak actual pero resulta curioso el poder amasado por Irán en los últimos años y su influencia en el vecino Irak.

Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA

Apocalipsis, 17, 4-5

 

Tanto musulmanes como cristianos creen en la próxima llegada de un líder que enamorará a todos haciéndoles creer que es el mesías redentor, acompañado de otro individuo que en realidad serán demonios, los cuales una vez hayan conseguido su propósito de conseguir la confianza de la población, cuando ya les tengan mansos y dóciles, entonces mostrarán su verdadera faz para sojuzgar a la especie humana. En lo que no se ponen de acuerdo es en el País que llevará el dudoso honor de ser el lugar de residencia del Anticristo: tal vez los Estados Unidos o pudiera ser Rusia, el “Reino del Norte” que profetiza Daniel o Juan cuando habla del ejército de 200 millones de soldados (pudiera tratarse de una alianza entre rusos y chinos, según algunos estudiosos de las profecías bíblicas). Lo que sí parece que ocurrirá, siempre según estas profecías, o mejor habría que decir, según sus interpretaciones, es que una gran batalla o sucesión de batallas tendrán lugar de nuevo en Meggido entre dos grandes alianzas, representando una al Mal y otra a las fuerzas del Bien. Llama la atención el siguiente versículo del Libro de Zacarías, uno de los profetas menores bíblicos, pero no menos misterioso y hermético:

Y el Señor castigará a todos los pueblos que hayan hecho la guerra contra Jerusalén con esta plaga: hará que se pudra su carne cuando todavía estén en pie, sus ojos se pudrirán en sus órbitas y su lengua dentro de su boca

Zacarías, 14, 12

Pudiera estar relatando los efectos que causa una radiación nuclear o un arma biológica como pudieran utilizar los contendientes de una futura sexta guerra entre el moderno Israel y sus enemigos, claro que es lo que quieren ver los más agoreros ya que no pocos historiadores lo que interpretan es algo que sucedió en época del profeta y que él “profetizó” cuando realmente ya había sucedido.

Zacarías vivió entre los siglos VI y V a.C. Una época difícil para los israelitas, exiliados en Babilonia y que regresarían a su tierra bajo el mandato persa, por lo que algunos autores opinan que el Reino de Israel de David y Salomón nunca existió salvo en la imaginación de los que regresaron del exilio, los cuales necesitaban un referente glorioso en el pasado en el que inspirarse para construir el Gran Israel al que aspiraban. Por lo tanto, las profecías de Zacarías pudieran referirse a las calamidades pasadas del pueblo de Israel, no a su futuro.

La utilización del miedo por los grupos apocalípticos

Pero como indicaba al principio, los grupos apocalípticos, ya sean sectas destructivas u organizaciones terroristas, cuentan con una poderosa arma: el miedo, con el que despiertan otros sentidos, como el de culpabilidad y el de frustración al intentar hacer lo que puedas pero no conseguirlo o no esmerarte lo suficiente en ello. El Armagedón juega un papel esencial en aquellas mentes pobres y fácilmente moldeables que esperan un juicio final o creen en ello ciegamente gracias a un eficaz lavado de cerebro en el que se atemoriza a los fieles seguidores con un fin del Mundo en el que todos seremos juzgados y solo podrán entrar en el Reino de los Cielos aquellos que luchen por Dios, Allah, Yaveh o como queramos llamarle.

Los grupos yijadistas, por ejemplo, utilizan sus campos de entrenamiento en Asia Central (Afganistán y Pakistán) o el Sahel para “educar” a sus adeptos en el miedo a Dios y su Juicio Final, lo que los musulmanes llaman la “Hora” o “Waquia”, el final de la Historia, previa al regreso a los orígenes o Génesis. Para captar a sus soldados de Allah solo tienen que convencerles con vídeos llamativos en los que pueden verse proclamas islamistas sobre la superioridad islámica y la Hora del Fin: todo el que no esté del lado de Allah, será exterminado. Si se acompañan estos vídeos de estadísticas, imágenes de musulmanes muertos en bombardeos israelíes o a manos de soldados norteamericanos en Irak o Afganistán, además del miedo a su Dios, nace en ellos verdadero odio infundado por sus instructores, todo ello en una atmósfera asfixiante y hermética que acaba devorando sus personalidades, anulándolas por completo. Lo mismo ocurre con las sectas destructivas, algunas de las cuales han protagonizado las noticias con suicidios masivos o atentados de algunos de sus “iluminados” pensando que obraban por inspiración divina.

El Apocalipsis pareciera más un libro en clave que Juán escribió como carta que llegara a todas las Iglesias cristianas en un siglo en el que estaban perseguidas con lo que para no sufrir castigo, si eran interceptadas por los romanos, decidió escribir unas supuestas profecías del futuro que en cambio indicaban realmente como actuar por parte de las comunidades cristianas, cuyos líderes tenían en su haber el sistema para desencriptar el Apocalipsis de Juan y así poder entender sus consejos. Por ejemplo, cuando habla de la Bestia de siete cabezas, se piensa que se refería a Roma o Ciudad de las siete colinas. Pero con el tiempo, su original función fue olvidada de modo involuntario al carecer de las fuentes originales o de manera totalmente intencional; el caso es que sería declarado uno de los libros canónicos del Nuevo Testamento definitivamente en el siglo VII de nuestra Era.

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Categorías: Cristianismo, Misterios y enigmas | Etiquetas: | Deja un comentario

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