Causas de la Primera Guerra Mundial

Alemania y Austria-Hungría unen sus esfuerzos para salir del viejo continente y poder expandirse en África y Asia, buscando los tan necesarios recursos minerales de los que carecen para su industria, pero los ingleses, franceses y rusos firman la Triple Entente para frenar las ambiciones del II Reich alemán.

Rusia está inmersa en una revolución que cuesta sofocar, el Imperio austro-húngaro se está desmoronando por las ansias de independencia de sus Estados, Alemania vivía un conflicto político interno y en Francia e Inglaterra los movimientos sindicales amenazan con desestabilizar el orden público.

Uno de los mejores modos de apaciguar a todas las partes enfrentadas en cada uno de estos conflictos es buscarles un enemigo común y todos los Países llevaron a cabo esta astuta política, si bien les llevaría a una guerra global pues ya no eran batallas entre dos naciones como la de 1870-1871 entre Francia y Alemania sino una guerra entre imperios que dominaban el Mundo entero. Por primera vez en la Historia, el Mundo está en guerra.

En todas las naciones europeas nació un sentimiento patriótico que se respiraba en las calles, las escuelas, el lugar de trabajo y se fijan en el calendario nuevas fiestas para avivar aún más ese patriotismo, como la “Toma de la bastilla” en Francia para conmemorar la Revolución Francesa, ya desde 1880. Durante 34 años se ha ido celebrando, hasta llegar al 14 de julio de 1914. En la fiesta nacional de ese año, se pide venganza más que nunca antes: Francia reclama Alsacia y Lorena, territorios arrebatados a la II República Francesa por Alemania y darle un escarmiento al Imperio alemán por el atrevimiento en 1871, cuando los príncipes alemanes constituyeron el II Reich en el mismísimo Palacio de Versalles, mientras las tropas alemanas asediaban París.

Pocas veces la prensa ha ayudado tanto a exagerar la imagen de gran potencia mundial o a ridiculizar a los Países enemigos, salvo en la II Guerra Mundial. Las caricaturas en los periódicos franceses mofándose de Alemania o viceversa, eran de lo más normal.

Por otro lado, los Balcanes eran el polvorín más peligroso de Europa. En esta región confluían dos imperios: el austro-húngaro y el otomano. El Reino de Serbia busca la creación de una gran nación eslava para lo que necesariamente entrará en conflicto con los austriacos y los turcos y tanto unos como otros saben que es cuestión de tiempo que la guerra estalle. Serbia es consciente de que por sí sola no puede hacer nada contra esos dos poderes por lo que pide ayuda al Imperio de los zares rusos, eslavos como ellos, y éstos acceden aunque no por un pretendido sentimentalismo nacional o étnico sino porque necesitan una salida al Mediterráneo puesto que en el Océano Pacífico, los japoneses les han ganado la partida desde la guerra entre los dos imperios (el ruso y el japonés) entre 1901 y 1905.

El Imperio turco otomano está enfermo gravemente, muy debilitado y las potencias europeas temen que los rusos asesten un golpe de gracia definitivo a los turcos, con lo que el Mediterráneo oriental pasaría a estar bajo influencia rusa.

El 28 de junio de 1914, el heredero al trono austro-húngaro y su esposa son asesinados por un estudiante serbio. Austria ya tenía la excusa perfecta para borrar del mapa a la tan molesta Serbia y le declaró la guerra lo que movilizó automáticamente a Rusia en contra de Austria-Hungría, quienes pidieron ayuda a sus aliados alemanes por lo que el zar ruso les recordó a franceses e ingleses que eran socios y les exigía que demostraran su amistad declarando la guerra a Alemania para que de este modo el II Reich tuviera dos frentes abiertos y no concentrara todo su impresionante ejército contra Rusia. De haber conseguido la diplomacia alemana aliarse con Francia e Inglaterra o al menos que no entraran en guerra del lado de Rusia, es más que probable que las fuerzas combinadas de Alemania y el Imperio austro-húngaro hubieran derrotado a rusos y serbios sin demasiado esfuerzo.

Era tal el miedo que se apoderó de Europa ante una contienda mundial como aquella que muchos se encerraron en sus casas a partir de agosto de 1914, ante la incertidumbre de lo que iba a suceder. Es famosa la frase del ministro de asuntos exteriores británico a propósito de lo que se avecinaba: “En toda Europa se apagan ahora las luces: puede suceder que jamás volvamos a verlas encendidas”.

La Triple Alianza quedó finalmente constituida por Alemania, Austria-Hungría, el Imperio turco y Bulgaria, enfrentándose a la Triple Entente, formada por 28 países liderados por Gran Bretaña, Francia, Rusia y Estados Unidos que entraría en guerra en 1917. Italia se posicionaría primeramente del lado de la Triple Alianza pero poco después de iniciada la contienda, mediante el Tratado de Londres, se alía a la Triple Entente.

Lo cierto es que Inglaterra no entró en la guerra en un primer momento, sino como consecuencia de un nuevo error diplomático alemán, al exigir la cancillería del II Reich a Bélgica que permitiera el paso de sus ejércitos por su territorio, camino de Francia. Bélgica solicitó ayuda a Inglaterra puesto que era uno de los Países firmantes del Tratado de 1839 que permitía la neutralidad de Bélgica en el caso de que Alemania, Francia e Inglaterra entraran en guerra. Inglaterra declara la guerra a Alemania por este motivo.

Pero, ¿como pudo cometer Alemania tantos errores diplomáticos que sin duda fue lo que le llevaron a la ruina y a su derrota en la guerra?

Entre 1887 y 1894, Alemania y Rusia eran dos poderosos imperios amigos gracias al juego de alianzas del canciller Bismarck, pero Guillermo II, nuevo emperador alemán, no renovó el Tratado con Rusia y sería Francia la que correría a firmar un acuerdo con el zar, como no podía ser de otro modo. De lo contrario, si los franceses esperaban o no daban importancia al hecho de que Alemania estaba descuidando su diplomacia en Europa, obsesionado el soberano alemán en conseguir colonias, perderían la gran oportunidad que se les estaba brindando de cercar a la gran Alemania, con Rusia por el este y Francia por el oeste. Ahora era necesario cercarles también en el Mar del Norte por lo que era imprescindible aliarse con Inglaterra, naciendo en 1907 la Triple Entente.

Con semejante agobio y presión, Alemania no dudó en socorrer a sus aliados austriacos aunque la verdad es que esperaban conseguir una salida al Mediterráneo Oriental, ya fuera de modo físico, con algún territorio propio arrebatado a Serbia, ya aliándose con los turcos, lo que tampoco venía nada mal a éstos puesto que su Estado era el enfermo de Europa y esperaban, de su alianza con Alemania y su poderosa industria, que construyera vías férreas y modernizara el Imperio.

En África, Alemania poseía colonias que se correspondían con las actuales Ruanda, Burundi, Tanzania, Namibia, Camerún y Togo. Además, sus compañías comerciales pugnaban con franceses e ingleses por negocios en todo el Continente, chocando en 1911 de modo bastante violento en Marruecos, con Francia, en la conocida como “Crisis de Agadir”: un barco cañonero alemán llegó a la localidad portuaria de Agadir lo que fue considerado por Francia como una provocación pero al final los dos potencias europeas firmaron un acuerdo por el que Alemania se quedaba con parte del Congo a cambio de olvidar sus aspiraciones en Marruecos. Inglaterra se puso del lado de Francia desde un primer momento, lo que no gustó nada a Guillermo II. Los ánimos estaban ya muy caldeados.

Tres años después, una vez se sucedieron los hechos anteriormente narrados, Francia movilizó sus tropas el uno de agosto ante la declaración de guerra de Alemania a Rusia, al no retirar ésta su ejército apostado cerca de la frontera con Hungría.

El tres de agosto, Alemania entra en guerra con Francia si bien los alemanes ya habían atravesado Luxemburgo el día antes.

Por lo tanto, vislumbramos varis causas:

- Económicas: Alemania se ha industrializado rápidamente y necesita más recursos para terminar su modernización. Inglaterra ve con preocupación como los productos alemanes se vuelven muy competitivos, perjudicando los intereses comerciales británicos en Europa.

- Políticas: Ansias de prestigio internacional expandiendo sus imperios coloniales respectivos.

- Diplomáticas: cumplimiento de tratados firmados en el siglo XIX por el que se formaron dos grandes alianzas que acabarían enfrentándose y deseo de revancha de Francia por su derrota ante Alemania en 1871.

- Sociales: se pretende unir al pueblo ante un enemigo común para evitar, de este modo, la desestabilización interna provocada por las movilizaciones y manifestaciones de las masas proletarias y de grupos independentistas que amenazan con la desmembración de imperios como el austro-húngaro o el turco otomano.

- Estratégicas: Alemania busca salidas al mar y repartirse el dominio de los mares con Inglaterra desplazando a Francia. Como ve que es imposible, intenta entonces convertirse en la potencia hegemónica terrestre dejando los Océanos para el Imperio británico.

Aunque se ha comentado que Inglaterra dejó de ser la dueña de los mares después de la I Guerra Mundial, lo cierto es que antes ya no lo era. Alemania contaba con una industria muy poderosa y un ejército de 850.000 soldados más una armada que se había modernizado notablemente y flotas comerciales por todo el Mundo. Por otro lado, el Imperio colonial francés era enorme, rivalizando incluso con el británico. El choque entre las tres superpotencias era casi irremediable, teniendo en cuenta la mentalidad y circunstancias de la época.

Una época muy convulsa y difícil. Cuando la I Guerra Mundial terminó, el Mundo entero estaba horrorizado por la magnitud de lo sucedido y prometieron que nunca más ocurriría algo así, creándose la Sociedad de Naciones, el antecedente de la ONU, para garantizar la paz. Pero 21 años después comenzaba la II Guerra Mundial, mucho peor que la primera.

La Historia sirve, entre otras cosas, para evitar que se vuelvan a cometer los errores del pasado, analizándolo con detenimiento y de modo exhaustivo. Muchos historiadores estudiaron a fondo la Gran Guerra en los años 20 y 30, pero no pudieron evitar el estallido de la segunda contienda mundial.

Confiemos en que el estudio de ambos desastres sin parangón en la Historia de la Humanidad nos permita no ser testigos de algo así nunca más, ni nosotros ni las generaciones venideras.

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Adolfo Estévez

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